28.05.2022 |
El tiempo

Justo enciende la luz

El Racing se llevó los tres puntos de Las Gaunas al subir al marcador su único lanzamiento entre palos  l Logroñés, por su parte, tuvo cuatro ocasiones claras para haber marcado, pero no acertó con la portería

Marco Camus, el autor de la asistencia, y Manu Justo, autor del gol, se abrazan. / Hardy
Marco Camus, el autor de la asistencia, y Manu Justo, autor del gol, se abrazan. / Hardy
Justo enciende la luz

Una vez lanzó el Racing entre palos en todo el partido y se llevó los tres puntos. «Así es el fútbol», dirán unos. «Así de injusto», puntualizarán los otros, los jugadores y aficionados de un Logroñés que contabilizó no menos de cuatro ocasiones bien claras para haber marcado. Pero no lo hizo. Es la diferencia entre el segundo presupuesto más bajo de toda la categoría y uno de los mayores. El gol se paga y el conjunto cántabro sabe que lo tiene y que en cualquier momento puede llegar. Por eso no se despeina, no saca la corneta ni parece ponerse nervioso por mucho que se acerque el minuto noventa y la victoria no parezca ni cerca. Tiene fe en lo que puede suceder y quien apareció ayer fue Manu Justo para, al contrario de lo que dice su apellido, dotar de injusticia a la contienda.

El partido fue el resumen perfecto de lo que es el Racing de Fernández Romo. Es un equipo que lo apuesta todo a la solidez defensiva a la espera de que se le encienda la luz a alguno de sus talentosos jugadores de ataque. Da por seguro que, dejando la portería a cero, va a ganar. Y no le preocupa si lleva la iniciativa o controla el partido con el balón o sin él. Da la impresión de resultarle indiferente si su centro del campo tiene ideas y ritmo o carece de ellas. Todo pasa por que surja la chispa y para eso basta con frotar dos piedras. Para colmo, si unos atacantes no cuentan ese día con la inspiración suficiente, como sucedió ayer, los cambia a todos a la espera de que vean la luz que no encontraron otros.

Fernández Romo comenzó con Soko, Pablo Torre, Bustos y Harper y terminó con Yeray, Cedric, Camus y Manu Justo. Los primeros fueron incapaces prácticamente de terminar ni una sola jugada y los otros cuatro al menos culminaron una, que fue la decisiva. Arrancó el extremo izquierdo santanderino por su banda, ganó línea de fondo, amagó con centrar con la izquierda y lo acabó haciendo con la derecha al segundo palo. Allí, ya metido en el área pequeña, remató Manu Justo, pero el balón rebotó en las piernas de uno de los dos defensores que fueron a ayudar al portero. Lo bueno es que el cuero volvió al delantero gallego y éste finalizó a lo grande, con un golpeo con el exterior de enorme finalizador que superó a un guardameta que apenas había entrado en juego en toda la contienda.

Era el minuto 85 y daba la impresión de que ya estaba todo escrito porque, además, tuvo la virtud el Racing de conseguir que apenas se jugara más a partir de ese momento. Lo sucedido fue un tremendo golpe moral para los jugadores locales porque sabían que habían merecido haberse adelantado antes. De hecho, si llegan a tener a alguno de los ocho jugadores de ataque que ayer puso el Racing a jugar lo habrían conseguido, pero así es este negocio. Raúl Llona, el entrenador local, intentó un último empujón sacando a jugar a un central como punta, pero, en el fondo, todos los presentes en Las Gaunas eran conscientes de que el tiempo del equipo local ya había pasado.

De hecho, conforme pasaban los minutos había ido echando el culo atrás hasta conseguir que el Racing convirtiera el partido en un continuo asedio, algo que ni mucho menos había sucedido en los primeros 45 minutos. Cada vez se jugó de forma más constante en el campo riojano pero las mejores ocasiones seguían siendo del Logroñés aprovechándose de una defensa verdiblanca que ni mucho menos transmitió tanta solidez como quiere mostrar el cero del marcador.

A los tres minutos de la reanudación, dispuso Sandoval de la mejor ocasión para su equipo, de un mano a mano con Parera tras un pase directo de su portero y una siesta de todas las líneas del Racing que culminó de mala manera, con más miedo que ilusión. Ese mismo jugador contó con otra acción clara en el 76 tras volver a ganar la espalda a la defensa local que abortó el meta verdiblanco con valentía mientras que en el 81 fue Soberón quien le obligó a estirarse al máximo. Esas tres acciones, sólo en el segundo tiempo. En el primero hubo otras dos bien claras mientras que, hasta el gol, lo único que aportó el Racing en ataque fue un lanzamiento de falta de Pablo Torre que se fue fuera y un cabezazo de Bobadilla al saque de un córner que se fue alto. Nada más. Aquello parecía abocado a otro cero a cero pero apareció la chispa.

Había prometido Fernández Romo el día anterior un partido abierto y lo fue en su primera mitad. Hasta el descanso, no careció de ritmo y el balón transitaba a menudo de un campo a otro. Lo que sucedió es que las cosas más importantes sucedieron en el cántabro. De hecho, como su único lanzamiento entre palos fue gol, el Racing ni siquiera probó al portero local, que era nuevo. El club riojano lo había fichado el miércoles y ayer ya era titular, pero los hombres de Fernández Romo no acertaron a comprobar si era bueno o malo. Mientras, por el otro lado, Parera sí tuvo que intervenir para mantener a su equipo vivo. Ahí hay una diferencia patente.

Introdujo el técnico verdiblanco un buen número de cambios en su alineación respecto al primer partido del año. Ninguna duda había sobre que Fausto Tienza iba a ocupar la plaza del sancionado Íñigo y tampoco que Satrústegui iba a volver al lateral izquierdo para dejar a Bobadilla el puesto de central. Sospechas había de que Bustos iba a ocupar el extremo izquierdo pero no había ninguna sobre el cambio de delantero por el que apostó. Ayer puso en escena a Jack Harper, en quien el técnico siempre ha tenido una gran confianza pero que pasó sin pena ni gloria por Las Gaunas.

Y era difícil que saliera con gloria porque su equipo fue incapaz de encontrarle. Con él en el campo, no llegó a dominar el partido ni con balón ni sin balón. Éste no tuvo un dueño claro en sus primeros cincuenta minutos y pasaba de unas piernas a otras sin demasiado reparo, pero quien de verdad generó peligro fue el Logroñés. De hecho, sus dos delanteros contaron con un remate claro cada uno en el primer cuarto de partido. Ambas acciones tuvieron algo en común, que fue una pérdida de Borja Domínguez en campo propio. El gallego era ayer el encargado de dotar de fútbol a la sala de máquinas de los suyos pero no le libró de la pastosidad que caracteriza su juego cuando no está Íñigo para ensamblar las líneas. Todo se hace demasiado estático y todo se hace demasiado lento. Salir en corto demandó ayer que Pablo Torre retrasara su posición para igualar la pugna en el centro del campo, ya que el bando local dibujó un 4-3-3 que le daba superioridad de partida. Importante sería la aparición de Sergio Marcos en el segundo tiempo para terminar de desnivelar esa pugna a favor de los cántabros.

Esa primera pérdida de Borja Domínguez en la tarde de ayer continuó con un perfecto centro hecho con un guante a la cabeza de Jon Ander. Pasó por encima del defensor y el delantero remató de cabeza, pero lo hizo alto. Parera había salido a por él y llegó tarde, por lo que se llevó por delante al delantero. Ambos quedaron tirados en el suelo y por un momento dio la impresión de que el árbitro había pitado penalti. No fue así, pero el ariete vitoriano no volvió a ser el mismo. Apenas participó más del encuentro y terminaría siendo sustituido a falta de diez minutos para el descanso.

Aquella fue la primera ocasión de todo el partido y la segunda y última que hubo para romper el cero a cero en el primer tiempo también fue del Logroñés. Y también nació de una pérdida de Borja Domínguez, esta más cantosa. Él solo se metió en un lío tras recibir un balón claro de Parera sin nadie alrededor. Sin embargo, se entretuvo, permitió que le rodearan y terminó regalando la pelota a Javi Pascual, que le brindó una gran asistencia a Mario Soberón. Éste ganó la espalda a la defensa metiéndose con potencia por el costado izquierdo del área, controló, se posicionó el balón para rematar con la derecha y buscó el segundo palo, pero Parera salió con acierto para desviar con los pies un remate que parecía ir directo a gol.

El partido era preocupante porque el Racing fue incapaz de dar réplica alguna. Buscaba las bandas con descaro pero carecía de acierto. De hecho, el líder del juego ofensivo parecía un Unai Medina metido al máximo en el encuentro. No había nadie que rompiera el orden establecido más allá de la línea de medios mientras que la sala de máquinas tampoco se mostraba capaz de poner una pica y decir ahora mando yo. De hecho, a menudo costó librar la primera línea de presión riojana mientras que la que construía el conjunto cántabro en el campo contrario hacía correr a los delanteros sin sentido al no estar acompañados.

Cambió el partido conforme pasaron los minutos pero por el propio respeto que le tenía el Logroñés al Racing, ya que éste fue incapaz de meter el miedo en el cuerpo a su oponente ni de apretar el acelerador. Fue a la hora de partido cuando comenzó Fernández Romo a introducir cambios pero siempre hombre por hombre. Nunca cambia el dibujo ni apuesta por un arreón final sabiendo que un punto le vale a poco en la pelea por el primer puesto. Y ayer le salió bien como contra el Sanse le salió mal. Lo cierto es que le suele salir cara porque él mejor que nadie es consciente de que tiene mucha artillería ahí arriba.

Justo enciende la luz
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