Batacazo histórico de la izquierda británica

La izquierda del Reino Unido se da el tortazo de su historia: pierde 1.400 concejales

El primer ministro, Keir Starmer. / EP
El Partido Laborista pierde más de 1.400 concejales, se desploma en Gales y retrocede en Escocia mientras el populismo de derechas de Nigel Farage y Reform UK emerge como gran vencedor electoral.

El primer ministro británico, Keir Starmer, atraviesa la peor crisis política desde su llegada al poder en 2024 después de que el Partido Laborista sufriera un auténtico hundimiento electoral en las elecciones locales y autonómicas celebradas esta semana en Reino Unido.

Los resultados han supuesto un golpe devastador para la izquierda británica. El Laborismo perdió más de 1.400 representantes municipales en Inglaterra, quedó prácticamente barrido en las elecciones al Parlamento galés —territorio históricamente dominado por los laboristas— y retrocedió también en Escocia.

El desplome ha abierto una rebelión interna contra Starmer, con diputados laboristas reclamando ya públicamente un calendario para su dimisión ante el temor de que el partido haya entrado en una crisis irreversible.

El auge de Reform UK y el hundimiento del bipartidismo

El gran beneficiado del terremoto político ha sido Reform UK, la formación liderada por Nigel Farage, convertida ya en la principal amenaza electoral tanto para laboristas como para conservadores.

Las elecciones han confirmado además el colapso definitivo del tradicional sistema bipartidista británico. Reform UK logró el mayor número de votos, seguido muy de cerca por los Verdes, los conservadores, los laboristas y los liberaldemócratas.

El ascenso de Farage ya había quedado patente recientemente cuando arrebató un bastión histórico al laborismo, consolidando el crecimiento del movimiento soberanista británico.

La situación evidencia el profundo desgaste de la izquierda europea, cada vez más alejada de las preocupaciones reales de amplias capas de la población, especialmente en cuestiones relacionadas con inmigración, inseguridad, pérdida de identidad nacional y deterioro económico.

Muchos votantes consideran además que el discurso constante de la izquierda occidental basado en señalar como “ultraderecha”, “fascista” o “extremista” a cualquier oposición conservadora ha terminado generando el efecto contrario: alimentar el crecimiento de movimientos populistas y antisistema.

Presión interna para que Starmer dimita

La diputada laborista Debbie Abrahams, representante de una zona tradicionalmente obrera del norte de Inglaterra que ahora se inclina hacia Reform UK, afirmó este sábado que Starmer debe “poner al país en primer lugar”.

“Tenemos que reconocer los peligros en los que nos encontramos ahora. Siguiendo esta trayectoria, el panorama no pinta bien”, declaró. Preguntada sobre cuánto tiempo debería continuar Starmer al frente del Gobierno, respondió: “Creo que es cuestión de meses”.

Aunque públicamente mantiene el respaldo de algunos ministros importantes, dentro del Partido Laborista aumenta el nerviosismo ante la sensación de que Starmer ha perdido totalmente el control político y la conexión con gran parte del electorado británico.

La crisis llega además después de meses de desgaste interno marcados por filtraciones, traiciones y caos interno en Downing Street, una situación que ha debilitado gravemente al Ejecutivo laborista.

Inmigración y descontento social

Uno de los principales factores del hundimiento electoral del laborismo ha sido la creciente preocupación ciudadana por la inmigración y la inseguridad.

El Gobierno de Starmer ya venía sufriendo un fuerte desgaste por su política migratoria, especialmente tras el polémico pacto migratorio entre Reino Unido y Francia, duramente criticado por amplios sectores conservadores británicos.

Las protestas sociales también han aumentado en los últimos meses. De hecho, el Ejecutivo laborista ya había quedado acorralado por las mayores protestas contra la inmigración registradas en años en Reino Unido.

La izquierda europea, en crisis

El hundimiento del laborismo británico se suma a la crisis que atraviesan numerosos partidos de izquierda en Europa, cada vez más debilitados frente al crecimiento de fuerzas conservadoras, soberanistas y populistas.

La incapacidad para controlar la inmigración ilegal, el aumento de la presión fiscal, las políticas identitarias y la desconexión con las clases trabajadoras están pasando factura a muchos gobiernos progresistas occidentales.

Mientras tanto, líderes como Nigel Farage continúan ganando terreno presentándose como alternativa frente a las élites políticas tradicionales y al discurso dominante impulsado durante años por la izquierda institucional y gran parte de los medios de comunicación.

El desgaste internacional de Starmer también se produce pese a sus intentos de reforzar su perfil exterior, liderando iniciativas como la cumbre internacional para aumentar la presión sobre Rusia.

A ello se suma la reciente polémica diplomática provocada por la caída del embajador británico en Washington por sus vínculos con Jeffrey Epstein, otro episodio que ha erosionado la imagen internacional del Gobierno británico.

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