La reconquista de Andalucía: cómo Ferraz descabezó el susanismo desde dentro
La dinámica interna de los partidos políticos se revela con mayor claridad en momentos de tensión estructural. En el caso del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), las primarias andaluzas de 2021 supusieron algo más que un cambio de liderazgo: fueron el escenario de una operación estratégica compleja, diseñada desde la cúpula del partido para desplazar a una corriente interna que todavía conservaba autonomía y estructura territorial propia.
Según ha revelado Vozpópuli, el entonces secretario de Organización del PSOE, José Luis Ábalos, desplegó una intervención directa en diversos puntos del territorio andaluz con el objetivo de desactivar la influencia de Susana Díaz y asegurar la victoria de Juan Espadas, el candidato impulsado por Pedro Sánchez.
La táctica del desplazamiento: intervención directa, presión personalizada
En esta operación, Ábalos no actuó en solitario. El equipo operativo incluyó a Santos Cerdán, Gómez de Celis y Paco Salazar, todos nombres hoy implicados en escándalos de distinto calibre. La estrategia, según los testimonios recogidos, se centró en “tocar” personalmente a referentes locales del sector susanista, ofreciendo promociones o recolocaciones políticas a cambio de apoyo explícito al nuevo liderazgo.
Un ejemplo ilustrativo es el caso de Daniel Pérez, estrechamente vinculado a Susana Díaz durante años y que terminó por asumir la Secretaría General del PSOE de Málaga tras cambiar de bando. La recompensa fue inmediata. El caso de Rosario Ayala, concejal de Los Palacios y Villafranca que fue integrada posteriormente en la sede regional del partido, ofrece una narrativa paralela.
Estas prácticas no solo buscaban asegurar votos. Redibujaban el mapa de poder interno de una de las federaciones socialistas más poderosas del país.
Fractura de base y desgaste de legitimidad
La presión ejercida provocó efectos colaterales significativos. En Málaga, por ejemplo, se registraron bajas masivas entre la militancia, motivadas por la percepción de que el proceso había sido manipulado desde Ferraz. “Asqueados por lo que estaba pasando”, en palabras de militantes citados por el medio, numerosos afiliados decidieron abandonar el partido o replegarse de la vida orgánica activa.
La operación tuvo éxito en sus objetivos inmediatos. Juan Espadas ganó con el 55 % de los votos y Susana Díaz quedó políticamente marginada. Pero los efectos a largo plazo, ahora más visibles que nunca en el contexto del caso Koldo, la prisión provisional de Santos Cerdán y la renuncia de Paco Salazar, son de otro orden: la degradación de las prácticas internas y el debilitamiento del tejido militante.
Córdoba y Granada: resistencia, integración, y presión
En Córdoba, una provincia clave, Ábalos impulsó la figura de Rafaela Crespín, cuya trayectoria parlamentaria y lealtad sanchista sirvieron como anclaje para neutralizar los núcleos más hostiles a Espadas. El equipo de Díaz acusó a Crespín de complicidad en alteraciones censales durante el proceso de primarias.
Granada, por su parte, ilustra una variante distinta: la de la presión institucionalizada, sin confrontación abierta pero con consecuencias claras. El entonces secretario provincial, Pepe Entrena, considerado un histórico del partido, terminó por abandonar la primera línea tras la reconfiguración del poder con la llegada de María Jesús Montero al frente del PSOE andaluz.
Las operaciones de reconfiguración interna, especialmente cuando implican el uso de recursos del Estado —políticos o simbólicos—, pueden resultar exitosas a corto plazo. Pero tienden a producir fracturas de legitimidad, crisis de confianza interna y desconexión con las bases territoriales, efectos que erosionan la cohesión a medio y largo plazo.
La situación actual del PSOE, enfrentado a una cadena de escándalos vinculados precisamente a esos operativos internos —corrupción, abuso de poder, infiltración institucional—, no puede entenderse sin revisar las prácticas que consolidaron el poder de su núcleo dirigente. El episodio de Andalucía, lejos de ser anecdótico, fue el prólogo de un modo de gobernar el partido que hoy enfrenta, con consecuencias judiciales, su límite.