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Ábalos y el rastro de los "enchufes sentimentales": otra expareja desfila por el Supremo por el caso Koldo

El caso Koldo suma un nuevo episodio comprometedor para el exministro Ábalos: la declaración como testigo de Claudia Montes, Miss Asturias y exempleada de Logirail, contratada tras gestiones directas desde su gabinete
Miss Asturias 2017, Claudia Montes con el exministro José Luis Ábalos. / IG
Miss Asturias 2017, Claudia Montes con el exministro José Luis Ábalos. / IG

José Luis Ábalos suma otro capítulo judicial que, más allá de lo penal, roza lo grotesco. Este martes, Claudia Montes, Miss Asturias 2017 (+30), acudirá al Tribunal Supremo como testigo en el marco del caso Koldo, la causa que investiga si el exministro socialista tejió una red de comisiones ilegales y colocaciones en empresas públicas bajo la sombra de la pandemia. No es la primera vez que una relación personal de Ábalos pisa la Audiencia como testigo: Jéssica Rodríguez, su anterior pareja, ya declaró en febrero.

Un "enchufe" con nombre propio

Según los informes de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil, Montes fue contratada por Logirail, una filial de Renfe, gracias a gestiones directas de Ábalos y su entonces asesor, Koldo García. El rastro documental es contundente. En octubre de 2019, Montes envió su currículum a Koldo, quien lo rebotó inmediatamente al presidente de Renfe, Isaías Taboas, con la anotación de que el puesto debía ser en Gijón.

El tono de los mensajes entre Ábalos y García habla por sí solo. “¿A la de Gijón no la pueden contratar en Renfe, Adif o alguna de sus subcontratas?”, pregunta el ministro. “Lo arreglo”, responde su lugarteniente. Dos frases que resumen una forma de hacer política basada en favores, tráfico de influencias y utilización de estructuras públicas con fines personales.

Trabajo por InfoJobs… sin ir a trabajar

Montes sostiene que consiguió el empleo a través de InfoJobs y que cumplió estrictamente con su jornada laboral presencial. Sin embargo, el informe de la UCO recoge que nunca llegó a incorporarse a la oficina y que la relación laboral concluyó en febrero de 2022, cuando fue despedida. Para entonces, ya existían indicios de que el currículum que presentó había sido manipulado o incluso falsificado.

Además, se han detectado mensajes posteriores donde Ábalos, tras quejas de Montes, pide a Koldo que le ingrese dinero. En uno de ellos, cuando Montes se muestra disconforme con el trato recibido, el exministro reacciona con desgana: “Que se deje de líos y busque otras ayudas”.

Una trama más profunda

El desfile por el Supremo no acaba ahí. También está citado César Moreno, socio de Víctor de Aldama, supuesto conseguidor y cabecilla empresarial de la red. Moreno forma parte del grupo de WhatsApp apodado “los cuatro mosqueteros”, en el que se habría coordinado el pago de sobornos y la adjudicación de contratos millonarios con dinero público.

Aunque comparecerá como testigo, Moreno ya figura como investigado en la pieza que instruye la Audiencia Nacional, donde la Fiscalía le vincula con delitos de blanqueo de capitales y participación en una estructura financiera compleja creada para canalizar mordidas. Su testimonio ante el Supremo será bajo asistencia letrada.

Un patrón ya insostenible

El caso Ábalos no es solo una investigación sobre corrupción administrativa. Es el retrato de un modo de operar: el uso de influencias personales para colocar, beneficiar y blindar intereses propios y ajenos en la Administración, incluso en medio de una emergencia sanitaria.

El Supremo tiene ahora en sus manos más que indicios aislados. Tiene un patrón. Y si las piezas siguen encajando —currículums inflados, sueldos sin trabajar, contratos a medida y mensajes comprometedores— el exministro podría pasar de imputado político a condenado ejemplar.

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