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L’Espresso corona a Sánchez como su «persona del año» sin mencionar los casos de corrupción

La decisión ha desatado perplejidad y sospechas sobre un posible encargo patrocinado
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, Persona del Año para la revista italiana 'L'Espresso'. / L'ESPRESSO
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, Persona del Año para la revista italiana 'L'Espresso'. / L'ESPRESSO

El semanario italiano «L’Espresso», de línea editorial progresista, ha nombrado al presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, como su «persona del año», justo cuando su Ejecutivo atraviesa su etapa más cuestionada por los casos de corrupción que salpican a la cúpula del PSOE. La publicación ha generado estupor entre analistas y ciudadanos por la omisión total de cualquier mención a las investigaciones judiciales que afectan a su entorno inmediato.

El galardón llega mientras dos de sus más estrechos colaboradores —José Luis Ábalos y Koldo García— se encuentran en prisión preventiva por su presunta implicación en una red de contratos públicos irregulares, y con Santos Cerdán, hasta hace poco número dos del PSOE, también investigado por su papel en la misma trama. A ello se suma la imputación de Begoña Gómez, esposa del presidente, y las pesquisas judiciales sobre su hermano, David Sánchez.

¿Reconocimiento espontáneo o encargo institucional?

El Gobierno no ha aclarado si se trata de un premio remunerado, una práctica habitual en determinadas publicaciones internacionales. La duda sobre si este reconocimiento ha sido patrocinado directa o indirectamente con fondos públicos ha llevado a varios grupos parlamentarios a anunciar que solicitarán información detallada del coste de este galardón, si lo hubiera, a través de preguntas en el Congreso.

Mientras tanto, los principales ministros socialistas se han volcado en difundir y celebrar la portada del semanario, en la que aparece Pedro Sánchez acompañado del titular «Persona del Año». En redes sociales, las felicitaciones internas han seguido un tono entusiasta y casi coreografiado.

Un cambio de línea editorial llamativo

El caso ha llamado especialmente la atención por el cambio de criterio de «L’Espresso» en este tipo de reconocimientos. En los últimos años, el semanario solía elegir figuras anónimas con un fuerte componente humano o de denuncia social. En 2024, distinguieron a Ivana, una niña libanesa de 2 años herida por un bombardeo israelí; en 2023, a Elena Cecchettin, una activista cuya hermana fue asesinada; y en 2022, a Lorenzo Parelli, un joven fallecido en su último día de prácticas laborales.

Este año, sin embargo, la redacción ha decidido premiar a Pedro Sánchez, alegando que es «un líder capaz» y que representa «una señal clara desde Madrid», sin una sola línea que mencione el cúmulo de escándalos que afectan a su Gobierno y partido.

El perfil de Sánchez en «L’Espresso»: elogios sin matices

En su editorial, la revista afirma que Sánchez es «referente de otra política» y destaca su rechazo a los «ultimátums de Trump sobre gasto militar», su oposición a las grandes tecnológicas, su defensa de los derechos civiles, la apuesta por la transición energética, la apertura de vías de inmigración regular y su crítica al papel de Occidente en el conflicto de Gaza.

«Cada diciembre, al elegir a la Persona del Año, no pretendemos homenajear a los exitosos ni a los icónicos, sino a quienes han logrado transmitir un mensaje claro», justifica el texto. «Este año, la señal proviene de Madrid y lleva el nombre de Pedro Sánchez», concluye.

Euforia en Moncloa y Ferraz

La respuesta del Gobierno ha sido inmediata. Óscar Puente declaró que «debería ser un orgullo para todos», mientras Óscar López afirmó que «este Gobierno merece mucho la pena». La ministra de Educación, Pilar Alegría, celebró que «los hechos siguen hablando», y el ministro de Presidencia, Félix Bolaños, subrayó que «la labor de Sánchez es elogiada internacionalmente, esa es la realidad».

La distinción coincide con una de las peores crisis de reputación para el PSOE, erosionado por escándalos judiciales, denuncias internas por acoso sexual, la rebelión de militantes feministas y un creciente aislamiento institucional que ha forzado incluso el cierre parlamentario durante casi dos meses.

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