Destino cerca de Cantabria

Qué hacer en La Rioja, la tierra del vino que está a un paso de Cantabria

Muy cerca de Cantabria se extiende La Rioja, una tierra conocida en todo el mundo por sus vinos, pero que también sorprende por sus pueblos, monasterios y paisajes
Para quienes viven en Cantabria, La Rioja se ha convertido en una escapada perfecta. En apenas unas horas se pasa del Cantábrico a un paisaje dominado por viñedos y pueblos históricos. / A.E
Para quienes viven en Cantabria, La Rioja se ha convertido en una escapada perfecta. En apenas unas horas se pasa del Cantábrico a un paisaje dominado por viñedos y pueblos históricos. / A.E

Hablar de La Rioja es hablar de vino, sí, pero quedarse ahí sería cometer una injusticia con una tierra que también ofrece pueblos medievales, monasterios decisivos en la historia del castellano, una gastronomía rotunda y un catálogo de paisajes que va desde viñedos infinitos hasta sierras, cañones y pozas termales. Pocas regiones españolas han conseguido que una marca vitivinícola se funda con tanta fuerza con su propia identidad territorial.

Porque Rioja no es solo una comunidad autónoma. También es una cultura, un paisaje y un modo de viajar. Y en ese universo caben La Rioja Alta, la Rioja Alavesa y la Rioja Oriental, tres grandes áreas que componen una experiencia enoturística de primer nivel.

La Rioja, donde el vino organiza el territorio

El curso del Ebro ha modelado durante siglos la vida de esta región. A su alrededor crecieron viñedos, huertas, pueblos amurallados, monasterios y bodegas que hoy conforman uno de los destinos más completos para una escapada en España. El vino, en La Rioja, no es un simple producto. Es el hilo conductor de un viaje en el que aparecen arquitectura, gastronomía, historia, arte, senderismo, spas, museos y pequeños placeres cotidianos.

Por eso recorrer La Rioja no consiste solo en visitar bodegas. Consiste en entrar en una geografía donde casi todo dialoga con la cultura del vino.

Haro, la capital sentimental del Rioja

Si hay un lugar donde empezar esta ruta, ese es Haro. Considerada la capital del vino de Rioja, esta localidad de La Rioja Alta concentra buena parte del imaginario vinícola español. Tiene casco antiguo con sabor medieval, una vida urbana muy agradable y un ambiente gastronómico que invita a quedarse más de lo previsto.

Uno de sus puntos clave es La Herradura, la zona de tapeo y pinchos que se extiende entre la plaza de la Paz y la iglesia de Santo Tomás. Allí se entiende muy bien la esencia de Haro: vino, conversación y barras con personalidad.

Pero el gran santuario local es el Barrio de la Estación, una auténtica meca del enoturismo. A unos quince minutos a pie del centro, este enclave reúne una de las mayores concentraciones de bodegas centenarias del mundo. Firmas como CVNE, Muga, Gómez Cruzado, La Rioja Alta, Roda o Bodegas Bilbaínas han convertido esta zona en una especie de milla de oro del Rioja.

Además, Haro cuenta con una de las celebraciones más singulares del país: la Batalla del Vino, una fiesta popular que cada año tiñe de púrpura el final de junio.

Briones, Casalarreina y el encanto de los alrededores

Muy cerca de Haro aparecen otros nombres imprescindibles. Briones, para muchos uno de los pueblos más bonitos de La Rioja, conserva un aire medieval poderosísimo y suma un atractivo extraordinario: el Museo Vivanco de la Cultura del Vino, considerado uno de los grandes referentes mundiales en la materia.

También merecen una parada Casalarreina, con su patrimonio religioso y monumental, y Briñas, asomada al Ebro con esa elegancia discreta que tienen los pueblos bien conservados.

Rioja Alavesa, el paisaje donde el vino se vuelve postal

Basta cruzar el Ebro para entrar en la Rioja Alavesa, uno de los grandes territorios del enoturismo español. Aquí el paisaje es casi perfecto: viñedos, pueblos históricos, bodegas de diseño y la presencia de la Sierra de Cantabria cerrando el horizonte.

Su gran capital emocional es Laguardia, una villa medieval rodeada de murallas y viñas. Pasear por sus calles estrechas, descubrir sus iglesias y asomarse a sus miradores permite entender por qué esta comarca tiene tanto magnetismo. Bajo muchas de sus casas siguen funcionando antiguas bodegas excavadas en el subsuelo, lo que añade aún más carácter al conjunto.

Muy cerca aparecen también Labastida, Samaniego y Elciego, otra de las paradas estrella del viaje.

Elciego y el efecto Marqués de Riscal

Si Laguardia representa la raíz medieval de la Rioja Alavesa, Elciego simboliza el gran salto contemporáneo del enoturismo. Su perfil cambió para siempre con la llegada del espectacular Hotel Marqués de Riscal, diseñado por Frank Gehry, que convirtió a la localidad en una referencia mundial del turismo del vino.

Pero Elciego no es solo arquitectura de titanio. También conserva una trama histórica interesante, con la iglesia de San Andrés, su plaza y varios edificios señoriales que recuerdan el peso histórico de la villa. Es uno de esos destinos donde tradición y modernidad conviven sin estorbarse.

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