Natalia Liaño y María Puente entretejen palabra y memoria en el 'Patio de Poesía'
Natalia Liaño, con una obra marcada por la intensidad emocional, el simbolismo orgánico y la fuerza visual, desplegará un repertorio que explora los límites entre lo cotidiano y lo sagrado, entre el cuerpo y la memoria. Su poesía, siempre en estado de alerta, se ha consolidado como una de las voces más personales del panorama lírico actual en Cantabria.
Por su parte, María Jesús Puente, poeta de largo aliento y vocación crítica, presentará versos atravesados por la lucidez del pensamiento, la ética de la mirada y una constante indagación en los vínculos entre el tiempo, el silencio y la identidad femenina. Su palabra, firme y precisa, es testimonio de una escritura que no cede a la moda ni al artificio.
Un ciclo que celebra la raíz poética de Cantabria
El “Patio de Poesía”, organizado por la Biblioteca Central de Cantabria, se ha convertido en un referente literario del verano en la región. Con cinco sesiones a lo largo de los meses de julio y agosto, este ciclo apuesta por visibilizar a poetas cántabros o vinculados a la comunidad, tejiendo un espacio compartido donde el verso recupera su vocación de encuentro y resonancia.
Esta quinta edición rinde homenaje a una figura clave de las letras cántabras: el poeta, crítico y editor Ángel Sopeña, fallecido recientemente. La sesión del 30 de julio incluirá una breve intervención conmemorativa a cargo de Luis Alberto Salcines, quien glosará la trayectoria del homenajeado, rescatando su legado como referente indiscutible de la cultura literaria regional.
Poesía en voz alta: un acto de resistencia y belleza
La lectura de Liaño y Puente no será solo un acto cultural, sino una invocación a la poesía como forma de conocimiento, de consuelo y de subversión. En tiempos de ruido, su gesto —el de leer en voz alta— será también un gesto político: una afirmación del poder transformador de la palabra cuando se enuncia desde la honestidad estética y la conciencia crítica.
El Patio de Poesía 2025 continúa así afianzando su lugar como un espacio privilegiado para el diálogo intergeneracional entre creadores y lectores, y como un recordatorio de que, incluso en medio del vértigo contemporáneo, el verso sigue siendo morada y camino.