'Malditos Tacones' llega al CASYC con Luisa Martín y Olivia Molina
El dolor como lenguaje escénico
La sinopsis ya lo advierte: someter es domesticar. Y ese verbo, someter, resuena como látigo sobre los muros del CASYC. Dos mujeres, Victoria Burton, matriarca de una dinastía envilecida por el privilegio, y María García, jurista forjada en el barro del esfuerzo, se enfrentan no solo al pasado, sino al andamiaje invisible del patriarcado que aún sostiene las estructuras del poder.
Tacones como grilletes. Tacones como símbolos. Tacones como zarpas.
En escena, Martín y Molina desmenuzan con crudeza y belleza la dialéctica entre supervivencia y renuncia, entre ética y ambición, entre clase y género. La sombra de un Agamenón contemporáneo, brutal y omnipresente, flota como espectro en cada línea, en cada paso.
Teatro con marca de género y de genio
"Malditos Tacones" no es solo una obra de teatro: es una acusación, un exorcismo, un espejo en el que pocas instituciones querrán mirarse. La dramaturgia de Amestoy es quirúrgica, pero nunca pierde el pulso emocional. El diálogo es espada y escudo, y en boca de dos actrices en estado de gracia, se transforma en manifiesto político y catarsis emocional.
El montaje, encuadrado dentro de la cita cultural más esperada del verano en Cantabria, Talía 2025, no dejará indiferente a quien lo contemple. Aquí no hay redención gratuita ni moralejas amables: solo la verdad desnuda de dos mujeres que pisan fuerte, aunque duela.