entrevista a Richard Zubelzu

«No hubo una reconversión industrial, hubo un desmantelamiento»

El cineasta cántabro Richard Zubelzu estrena en 2025 su documental ‘Reinosa 1987: El precio de la reconversión industrial’, una obra que recupera la memoria de los disturbios ocurridos en la ciudad cántabra en plena reconversión industrial a través de testimonios, archivos y análisis

Fotografía de Magda Calabrese, colaboradora indispensable del director cántabro, sin ella este film nunca hubiese sido posible. / M. Calabrese
Fotografía de Magda Calabrese, colaboradora indispensable del director cántabro, sin ella este film nunca hubiese sido posible. / M. Calabrese

El recuerdo de aquellos días de marzo de 1987 en Reinosa sigue latiendo en las calles, en las miradas de quienes lo vivieron y en la memoria de los que se atreven a rescatar la historia. Richard Zubelzu, director de cine y documentalista, tenía apenas nueve años cuando vio por la ventana de su casa las tanquetas avanzar entre el humo y los gritos. 

Aquel fatídico año del ‘87, la decisión de cerrar la empresa Forjas y Aceros provocó una revuelta sin precedentes en la localidad. Los trabajadores, apoyados por todo el pueblo, se levantaron contra lo que consideraban un abandono del Estado. La respuesta fue brutal: la Guardia Civil desplegó una operación que dejó imágenes de una violencia que España no veía desde la dictadura.

Hoy, décadas después, el campurriano reconstruye aquel episodio en su documental «Reinosa 1987: El precio de la reconversión industrial». 

Nos encontramos en una cafetería de Santander, a orillas de un Cantábrico que, como la memoria, nunca se detiene. Zubelzu llega puntual, con la mirada de quien ha peleado para que esta historia no quede enterrada bajo el silencio oficial. Esto podría haber sido posible, pero la realidad es que esta entrevista se realiza por teléfono, ya que el creador tuvo que trasladarse a Madrid en busca de un mejor futuro. 

«Parecía una guerra»

—Yo tenía nueve años y vivía en la calle Alcalde —comienza diciendo—. Desde la ventana veía las tanquetas y a la gente corriendo. Parecía una guerra, una guerra en mi propia calle. 

Lo dice con la serenidad de quien ha repasado esas imágenes una y otra vez en su cabeza. La reconversión industrial de los años 80 fue un golpe letal para muchas ciudades obreras en España, pero en Reinosa el impacto fue brutal. 

La resistencia de los trabajadores fue respondida con una represión sin precedentes en la joven democracia española. Zubelzu lo recuerda bien. Recuerda el miedo en las voces de los adultos, la tensión en el aire. 

Un pueblo entero se levantó contra el desmantelamiento de su industria, y la respuesta del Estado fue el despliegue de la Guardia Civil con una dureza que nadie esperaba.

—En Reinosa aún pesa la narrativa oficial, la que dice que aquello fue un desmadre de obreros violentos —afirma—.

Pero la realidad es que fue un levantamiento legítimo, una reacción ante la desaparición de una industria que daba de comer a toda la comarca.

La reconversión industrial no fue un fenómeno aislado. Mientras que en Sagunto o el País Vasco se aplicaban planes para el empleo, en Reinosa se impuso un cierre sin alternativas. La diferencia fue que aquí la respuesta de la población no fue resignación, sino resistencia.

«No solo trata sobre la lucha obrera, sino sobre el poder de la información y la manipulación mediática. La prensa contó lo que quiso, ocultó lo que incomodaba y condicionó la opinión pública. Hoy, seguimos viendo cómo la narrativa oficial reescribe la historia según convenga»

PREGUNTA.- ¿Cómo surge la idea de hacer este documental?

— Esto empezó porque hace unos años vi un documental que hicieron en Santander sobre los sucesos de Reinosa, y me chocó mucho porque contaba solo una parte de la historia. Generó mucha polémica en todos los bandos porque era una versión muy partidista. 

Incluso en mi propia casa, mi madre, que vivió aquello, me decía: «Esto no es cierto, aquí falta mucha información». Y ahí fue cuando pensé que tenía que hacer algo, pero no repetir lo que ya se ha hecho en libros, canciones o reportajes. Quería contar esta historia de una forma diferente, con una narrativa distinta y buscando voces que no se habían escuchado antes. 

Además, fue muy complicado porque quería imágenes sin editar, vídeos reales de la época, y claro, en el 87 no había móviles. Me puse a buscar material y di con imágenes en archivos de TV3, que al final nos dejaron utilizar. También contacté con periodistas de aquella época, con gente que había vivido todo desde dentro. Vamos, que fue un trabajo de investigación y documentación enorme.

P.- ¿Cómo fue el proceso de documentación?

— Fue un proceso largo y complejo porque quería contar los hechos con el máximo rigor posible. Mi intención era evitar las versiones oficiales repetidas y dar voz a quienes realmente lo vivieron. Para ello, recurrí a diversas fuentes, desde archivos históricos hasta testimonios directos.

Una de las mayores dificultades fue encontrar imágenes de la época. En aquellos años no existían los móviles ni el acceso a cámaras como ahora, así que conseguir material visual fue todo un reto. Finalmente, logré acceder a imágenes de TV3, tras un proceso de negociación, y también localicé algunas grabaciones caseras.

La prensa local jugó un papel clave en mi investigación. ALERTA me ayudó a revisar su archivo y a recuperar crónicas publicadas en aquellos días, lo que me permitió contrastar información y entender cómo se reflejaron los hechos en su momento. También hablé con periodistas que cubrieron la noticia y que aportaron una visión valiosa sobre lo que ocurrió dentro y fuera de las redacciones.

Por supuesto, el testimonio directo de quienes vivieron aquellos días en Reinosa fue esencial. Entrevisté a trabajadores, vecinos, sindicalistas y personas que fueron protagonistas del conflicto. No solo quería relatar lo que ocurrió en la calle, sino también analizar las consecuencias que tuvo a nivel social y económico para la comarca.

P.- ¿Hubo manipulación mediática en aquel momento?

— Sin duda. Las fake news no son nuevas. En el 87 ya había medios que tergiversaban la realidad. Se llegó a decir que ETA estaba detrás de las protestas, lo cual era una mentira brutal. Los corresponsales de algunas radios nacionales, como Antena 3 Radio, mandaban crónicas inventadas o exageradas, diciendo que Reinosa estaba tomada por terroristas. Algunos periodistas locales que contaron la verdad fueron represaliados. Un periodista de Radio Nacional, que fue apartada por el PSOE porque su crónica no gustó. A la prensa que no seguía la línea oficial la apartaban.

Más allá de las dificultades técnicas, también ha habido resistencia en el propio pueblo. Muchos vecinos de Reinosa prefieren no hablar del tema, ya sea por miedo o por la sensación de que aquella lucha no sirvió de nada.

—Los que lo vivieron sienten que pelearon para perder —dice el director—. Se prejubilaron a muchos obreros con buenas compensaciones económicas, pero la industria desapareció.

En términos económicos, Reinosa pasó de tener 13.000 habitantes a poco más de 8.000 en la actualidad. Sin un tejido industrial que sostuviera a la población, la migración y el envejecimiento han hecho el resto.

—Fue un castigo encubierto. A Reinosa se la dejó morir poco a poco por haber desafiado al poder.

Zubelzu lo recuerda bien. Recuerda el miedo en las voces de los adultos, la tensión en el aire. Un pueblo entero se levantó contra el desmantelamiento de su industria, y la respuesta del Estado fue el despliegue desproporcionado de la Guardia Civil con una dureza que nadie esperaba. Era necesario. Este documental, dice, nació también de la frustración. Frustración por la falta de memoria, por la tergiversación de los hechos y por el silencio institucional.

—Hace unos años se hizo otro documental, pero con una visión parcial, sectario, partidista —explica—. En Reinosa aún pesa la narrativa oficial, la que dice que aquello fue un desmadre de obreros violentos.

Pero los hechos cuentan otra historia. Lo que pasó en Reinosa fue una revuelta legítima, una respuesta desesperada de la clase obrera ante la desindustrialización forzada. Y Zubelzu quería contar esa verdad. 

Sabe que su trabajo removerá conciencias, pero no le preocupa. 

—No hago documentales para gustar. Hago documentales para que la gente piense, para que reaccionen.

Y «Reinosa 1987» tiene ese propósito. Que quienes vivieron los hechos recuperen su historia y que las nuevas generaciones la descubran para que nunca más vuelva a ocurrir.

—Preguntas a alguien menor de 30 años en Reinosa y no sabe nada. Para ellos, es solo una canción de La Fuga.

«Reinosa 1987 no es solo un documental sobre un conflicto, es una memoria que estaba enterrada. Durante la investigación descubrí que muchos jóvenes no sabían nada de lo que pasó, como si nunca hubiera existido»

El documental se presentará al Festival de Málaga y se proyectará en cines seleccionados y plataformas. En Cantabria, su estreno es una incógnita.

—Las instituciones no nos han apoyado en nada —admite—. Aún hay miedo a contar lo que pasó.

Al final de la entrevista, le pido que defina su documental en una sola palabra.

Zubelzu no duda:

—Memoria.

En la mirada de Richard Zubelzu y su compañera Magda Calabrese, hay algo más que la inquietud del cineasta que busca contar una historia: 

Hay también una carga emocional, un compromiso con la verdad y un deseo de justicia histórica. La suya no es una labor de simple documentación, sino un ejercicio de memoria. 

Con Reinosa 1987, su nuevo documental, el director cántabro rescata uno de los episodios más convulsos de la historia reciente de Cantabria:  La revuelta obrera que sacudió la pequeña ciudad industrial y que dejó una huella imborrable.

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