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El convento de San Ildefonso de Ajo entra en proceso de protección patrimonial

El conjunto, fundado por Alonso de Camino en el siglo XVI y diseñado por Diego de Sisniega, destaca por su arquitectura, su historia vinculada a la monarquía española y su influencia en la cultura local

El Convento de San Ildefonso de Ajo. / EP
El Convento de San Ildefonso de Ajo. / A.E

La Dirección General de Patrimonio Cultural del Gobierno de Cantabria ha iniciado el procedimiento administrativo para declarar el Convento de San Ildefonso de Ajo (Bareyo) como Bien de Interés Local (BIL) con la categoría de monumento, en reconocimiento a su valor histórico, artístico y patrimonial.

La resolución, fechada el pasado 19 de diciembre y firmada por la directora general de Cultura, Eva Guillermina Fernández, fue publicada en el Boletín Oficial de Cantabria (BOC) el 29 de diciembre, y en el Boletín Oficial del Estado (BOE) este martes, 27 de enero, momento en el que el procedimiento ha quedado formalmente abierto. A partir de ahora, y mientras se resuelve su declaración definitiva, el edificio queda sujeto de forma inmediata y provisional al régimen de protección que la Ley de Patrimonio Cultural de Cantabria establece para los bienes ya declarados.

El proceso se ha puesto en marcha tras el informe favorable de la Comisión Técnica de Patrimonio Edificado, que ha avalado la propuesta de iniciar este expediente, atendiendo al valor histórico del conjunto y a su estado de conservación.

Un monumento con cinco siglos de historia

El Convento de San Ildefonso está situado en el Barrio de Camino, en la localidad de Ajo, municipio de Bareyo. Su origen se remonta al siglo XVI, cuando fue fundado por Alonso de Camino y Carrera, un ilustre cántabro que destacó como diplomático y capitán de Felipe II en Flandes durante la etapa del Duque de Alba. En reconocimiento a sus servicios, el monarca le concedió el título de Señor de las Villas de Pie de Concha, Bárcena y Cobejo.

Alonso de Camino encargó el diseño del convento al arquitecto Diego de Sisniega, discípulo de Juan de Herrera y vinculado a la monumental obra de El Escorial. Una vez concluida su labor en la corte, Sisniega se trasladó a Ajo para poner en marcha el proyecto. La construcción del convento implicó a reconocidos maestros de obra y artistas de la época: los canteros Pedro de Navedo y Juan de San Juan, el carpintero Domingo de Zorlado, y el escultor Rodrigo de los Corrales Isla, autor del retablo mayor de piedra arenisca. La estatua funeraria de Alonso de Camino, representado con armadura, fue esculpida por Pedro Gómez, natural de Frías (Burgos).

El coste total de la obra ascendió a 44.000 ducados, una suma considerable para el periodo, lo que da idea de la relevancia y ambición del proyecto.

Del esplendor al abandono

En 1588, el convento fue entregado a los Carmelitas Descalzos, aunque permanecieron poco tiempo en él. Pronto fue ocupado por los Dominicos, quienes lo habitaron de forma continuada hasta 1835, año en el que se produjo su abandono definitivo como consecuencia de la desamortización de Mendizábal.

Durante su apogeo, el convento acumuló importantes bienes y propiedades. Llegó a poseer numerosas fincas y molinos, y en 1756 se construyó una hospedería para peregrinos, lo que evidencia su papel en el tejido social y religioso de la región. Sin embargo, en 1820, durante el Trienio Liberal, ya sufrió una primera desamortización, siendo desalojados los frailes, aunque regresaron en 1823. La situación se tornó irreversible en 1835, cuando el Estado se apropió del edificio, la iglesia, el mobiliario litúrgico, libros, obras de arte, rentas y bienes agrarios vinculados.

El convento fue finalmente subastado el 28 de febrero de 1849 y adquirido por Melchor Rábago, vecino de Santander, con la intención de demolerlo. Sin embargo, los vecinos de las Siete Villas y alrededores, alarmados ante la posible destrucción del edificio, se movilizaron y consiguieron comprarlo por 15.500 reales, evitando así su desaparición.

Conservación actual y valor patrimonial

De todo el conjunto conventual original, la iglesia es el elemento mejor conservado. Fue restaurada en 1971 gracias al impulso del párroco local y de los propios vecinos del barrio de Camino. En 2010 se acometió una nueva intervención para restaurar el interior y la cubierta. No obstante, se han perdido elementos como los retablos de madera y la sillería del coro.

Aún permanecen en pie otros espacios del antiguo convento, aunque sin cobertura, como el claustro, las celdas, el refectorio, las cocinas y la vivienda del fundador. Se conserva la estructura de mampostería y cantería, testimonio del saber constructivo del siglo XVI.

El convento también ha dejado huella en la cultura popular: el último religioso que lo habitó, el Padre Apolinar, fue incorporado como personaje en la novela ‘Sotileza’ de José María de Pereda.

Próximos pasos del expediente

Con la publicación en el BOC y BOE, se abre un periodo en el que los interesados podrán presentar alegaciones o recursos. Contra la resolución —que no pone fin a la vía administrativa— podrá interponerse recurso de alzada ante el consejero de Cultura, Luis Martínez Abad, en el plazo de un mes desde el día siguiente a su publicación oficial.

El inicio de este expediente supone un importante paso hacia la protección definitiva del convento como Bien de Interés Local, un reconocimiento que contribuiría a garantizar su conservación futura y a valorar el patrimonio cultural e histórico del municipio de Bareyo y de Cantabria en su conjunto.

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