Alba Carrillo contra Bertín Osborne sobre la paternidad: "De señor no tienes nada”
El eterno jinete del aplauso y los focos, Bertín Osborne, se ha vuelto a montar en una tormenta mediática, esta vez de proporciones éticas. Durante la glamurosa presentación de una nueva línea de gafas de Multiópticas, el artista confesó con una rotundidad heladora:
“No tengo vocación de padre. No voy a cambiar pañales a estas alturas de mi vida”.
Con estas declaraciones sin anestesia, el intérprete gaditano respondió a las críticas de Gabriela Guillén, madre de su hijo menor, quien lo tildó como "un cero como padre". Osborne, fiel a su estilo directo, defendió que siempre fue claro con sus intenciones, insinuando que no prometió más de lo que quiso dar. Pero la crudeza de sus palabras ha abierto una grieta en la opinión pública.
Las reacciones no se han hecho esperar. Alba Carrillo, figura habitual en las tertulias de entretenimiento, fue una de las voces más contundentes en el programa La familia de la tele:
“No querer ser padre es lícito, pero entonces hay que tomar medidas. No todo recae en la mujer. A tus años, Bertín, deberías saberlo de sobra”.
Carrillo también puso en el foco la relación ambivalente de Osborne con la prensa. Asegura que el cantante se beneficia mediáticamente cuando le conviene —como en la famosa entrevista concedida a la revista ¡Hola! donde reiteró su rechazo a la paternidad— pero que luego rehúye a los medios con aires de víctima:
“No puedes pedir respeto cuando tú mismo instrumentalizas tu vida personal. De señor, Bertín, te queda poco”.
Este episodio se añade a una lista ya larga de controversias públicas protagonizadas por el ex jinete de la televisión. La figura de Bertín, más cercana al personaje que al hombre, parece caminar cada vez más por la estrecha cuerda entre fama y responsabilidad, sin red de contención.
Mientras tanto, la sociedad se pregunta: ¿puede alguien rechazar con tanta frialdad el rol de padre y seguir encarnando ciertos valores tradicionales que él mismo representó durante décadas en televisión? ¿Dónde empieza la libertad individual y dónde termina el compromiso adquirido?
En medio del ruido mediático y las llamas en redes sociales, lo cierto es que el niño —el verdadero epicentro de esta historia— queda reducido a un daño colateral. Y esa, quizá, es la parte más dolorosa de este relato.