Gastronomía

En este restaurante de la costa cántabra, las ostras no se sirven: se presentan como joyas del mar

Un plato de ostras del restaurante con las vistas de fondo. / A.E
En pleno corazón del Parque Natural de Oyambre, cobijada entre las aguas del río Escudo y el mar Cantábrico, La Ostrería San Vicente se erige como un santuario gastronómico consagrado a uno de los tesoros más antiguos y exquisitos del litoral cántabro: la ostra de San Vicente de la Barquera.

Cuentan los cronistas que ya en el año I a.C., Cayo Sergio Orata, inventor de las termas romanas, diseñó un sistema de cultivo de ostras en la antigua Portus Vereasueca, actual San Vicente. Dos milenios después, en la misma ría donde ya se valoraban como manjar imperial, La Ostrería recoge ese legado y lo convierte en experiencia sensorial.

Allí se cultiva la ostra rizada japónica, mimada con técnicas artesanales, depurada con esmero y seleccionada con mimo para ofrecer un producto de textura única y sabor profundamente marino, tan puro como el Cantábrico que la envuelve. Hoy, estas ostras no solo se sirven al natural con limón de Novales, sino que también se reinventan en elaboraciones audaces: con vermut y aceituna, en tempura con alioli de soja, o acompañadas de caviar de fruta de la pasión y aire de lima.

Una carta que abraza el mar y la montaña

El restaurante, ubicado en el Paseo de la Barquera, ofrece mucho más que ostras. Su carta es un homenaje al ecosistema cántabro, un encuentro entre sabores atlánticos y productos de interior. Desde tartar de gamba con coral de algas, tataki de atún con confitura de tomate y wakame, hasta sorprendentes croquetas de erizo de mar, rabas con emulsión de lima y jengibre, o incluso brioche de rabo de Tudanca con quesuco ahumado de Liébana.

Para los amantes del arroz, destacan propuestas como el arroz de carabineros y almejas o el exquisito arroz negro de jibia con alioli. Y en el capítulo de carnes, platos como el rabo de novilla deshuesado con puré de manzana y jugo de tostado de Potes, o el steak tartar sobre tuétano asado revelan una cocina que honra sus raíces y se atreve con lo contemporáneo.

Una experiencia para todos los sentidos

Más que un restaurante, La Ostrería San Vicente es una experiencia integral. Su terraza invita a disfrutar de una copa mientras se contempla la ría. Su carta de vinos y cervezas artesanas —donde no faltan nombres como Comenge, Casona Micaela o Dougall’s—, y su coctelería creativa convierten el aperitivo en un ritual.

Y para los más lambiones, los postres son una oda al dulzor cántabro: tarta cremosa de queso Cudaña con dulce de leche, tiramisú montañés con sobao pasiego, o el delicado trifle de limón con limones de Novales.

Un rincón que resume el alma de una villa marinera

La Ostrería San Vicente no es solo un lugar donde comer bien. Es un espacio donde el producto local cobra protagonismo, donde las recetas cuentan historias y donde cada plato es una carta de amor al Cantábrico.

Desde el primer sorbo de vermut hasta la última cucharada de mousse de fruta de la pasión, esta casa de ostras convierte cada comida en un recuerdo. Porque como ellos mismos afirman: "Sin todo lo que nos da el mar, no seríamos puro Cantábrico."