Gastronomía

El restaurante de Cantabria del que nadie habla… está escondido en lo alto de una colina frente al mar

En lo alto de una pequeña colina cántabra, donde el verde del paisaje se funde con los azules infinitos del mar Cantábrico, se encuentra uno de los restaurantes más especiales de la región: El Remedio
Las vistas del interior del restaurante. / IG
Las vistas del interior del restaurante. / IG

Su nombre no es casual. En este rincón de paz, junto a una ermita del siglo XIX y rodeado por jardines que se asoman a los acantilados, el chef Samuel Fernández ha construido mucho más que un lugar donde comer: ha creado un refugio donde el sabor, la naturaleza y el arte culinario se dan la mano.

Una cocina con alma, una mesa con corazón

Desde el corazón del restaurante, rodeado por una amplia cristalera que deja ver cada movimiento, Samuel Fernández y su equipo trabajan con mimo, paciencia y pasión. La cocina de El Remedio es una oda al producto de temporada, a lo local, a lo auténtico. Platos saludables, equilibrados y sorprendentes, que no renuncian a la técnica ni a la creatividad, pero que jamás olvidan de dónde vienen.

Aquí se cocina con alma, se cocina con historia. El Remedio no es solo un restaurante, es un lugar donde cada plato narra una parte del territorio, donde los sabores viajan del mar a la montaña, del prado al plato.

Una carta que es un viaje por Cantabria y más allá

La propuesta gastronómica de El Remedio es tan variada como refinada. Se puede comenzar con unos intensos mejillones tigres picantes, seguir con unas croquetas de jamón ibérico cremosas o dejarse conquistar por los fritos de rabo de toro con salsa barbacoa casera. Cada bocado es una mezcla equilibrada entre lo tradicional y lo moderno, entre el sabor profundo y la presentación cuidada.

Para quienes buscan contrastes, está el flan de morcilla de Villada con queso Tiernin de Tresgallo y piquillos, un plato que fusiona dulzura, potencia y originalidad. O el sofisticado pastel tibio de pato con manzana y granadina, tan delicado como sabroso.

Entre los principales, no faltan joyas del mar como el lomo de bacalao con pisto y velo de pimiento rojo, la vieira asada con endivias y nueces o el delicado y meloso pulpo encebollado. Tampoco faltan carnes de altísimo nivel, como el solomillo de vaca pinta con puré trufado o los intensos morros de ternera a la vizcaína con kokotxas de bacalao.

La carta también abre sus puertas a joyas del mercado diario: mero, besugo, lubina, rape, merluza, San Martín o ventresca de atún, frescos y cocinados con el máximo respeto al producto.

La huella de la tierra en cada plato

El respeto por el entorno, por lo que ofrece la tierra y el mar cántabros, se traduce también en los acompañamientos, guarniciones y detalles de cada elaboración. Ingredientes como el queso pasiego de Peña Pelada, el limón de Ruiloba, el sobao en el tiramisú montañés, o el quesuco ahumado de Liébana enriquecen una carta en la que cada ingrediente está ahí por una razón.

El Remedio no cocina para impresionar, sino para emocionar. Y lo consigue.

Vino, entorno y una experiencia que permanece

Todo esto se acompaña de una cuidada selección de vinos, perfectamente elegidos para realzar cada matiz, cada textura, cada contraste. Tintos con personalidad, blancos frescos, espumosos elegantes… Todos pensados para completar una experiencia que va más allá de la comida.

El entorno hace el resto: la tranquilidad de la colina, el sonido lejano del mar, la brisa entre los árboles del jardín. Comer en El Remedio es detener el tiempo, volver a lo esencial, celebrar los placeres sencillos y profundos.

Hospitalidad verdadera

Más allá de la técnica, de la calidad de los ingredientes o de la belleza del lugar, hay algo que distingue a El Remedio: la calidez de su gente. Samuel Fernández y su equipo disfrutan cocinando y se nota. Su hospitalidad es sincera, sin artificios, como la de una casa donde siempre eres bienvenido.

El Remedio es una experiencia completa. Un homenaje a Cantabria y a su cocina. Un restaurante donde cada visita se convierte en recuerdo, y cada plato en historia.

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