El restaurante junto a una ermita que está conquistando a los visitantes en Cantabria
Un lugar donde la excelencia gastronómica se une al paisaje para ofrecer una experiencia sensorial inolvidable
Situado en una pequeña colina, con vistas panorámicas sobre los acantilados del mar Cantábrico y cobijado por una ermita del siglo XIX, el Restaurante El Remedio se ha consolidado como uno de los referentes culinarios del norte de España. Bajo la dirección del chef Samuel Fernández, este espacio no solo ofrece una propuesta gastronómica de autor basada en el producto local y la tradición, sino que lo hace en un entorno de belleza serena que envuelve al comensal desde el primer instante.
Apenas a unos minutos de Comillas, en pleno corazón verde de Cantabria, El Remedio es más que un restaurante: es un homenaje al producto, al territorio y a las personas que dan vida a una cocina tan elaborada como auténtica. Su carta, la excelencia de su servicio, su vínculo con el paisaje y su firme apuesta por una cocina saludable y de temporada lo han llevado a ser reconocido tanto por la Guía Repsol como por la Guía Michelin.
Una cocina comprometida con la tierra y la memoria del gusto
La propuesta gastronómica de El Remedio se sostiene sobre un principio fundamental: el respeto por el producto. La materia prima es seleccionada con un criterio riguroso por el chef Samuel Fernández, quien tras formarse con figuras como Martín Berasategui, Pedro Martino o Anthony Genovese, ha sintetizado una cocina de raíz, moderna en técnica, pero profundamente emocional.
Cada plato es una lectura personal del territorio y la temporada, que se expresa a través de combinaciones nítidas, fondos sabrosos y una estética cuidada. Lejos del efectismo, la cocina de El Remedio apuesta por la honestidad del sabor y la coherencia del relato culinario.
Una carta en equilibrio entre tradición y vanguardia
La carta del restaurante El Remedio se estructura en varias secciones que permiten al comensal componer su experiencia de forma libre y progresiva. Destacan elaboraciones como los mejillones tigres picantes (17 €), el tartar de salmón real con fruta de la pasión y burrata (23 €), el flan de morcilla de Villada con queso Tiernín de Tresgallo (18 €) o las croquetas de jamón ibérico (10 unidades por 14 €), que combinan técnica, textura y memoria.
El capítulo de carnes y pescados presenta platos como el lomo de bacalao con pisto y velo de pimiento rojo (25 €), la pechuga de pato con puré de calabaza y vainilla, y pera al vino (25 €), o el solomillo de vaca pinta con puré trufado (26 €). Todos ellos elaborados con materias primas de alta calidad, muchas veces procedentes de productores locales o lonjas cercanas.
A destacar también la presencia de platos fuera de carta, especialmente en lo que respecta a los pescados del día, seleccionados según la mejor oferta de la lonja. Esta flexibilidad creativa permite que la experiencia gastronómica se mantenga siempre viva, adaptándose al ritmo de la naturaleza y la marea.
Postres artesanales y bodega con carácter
La partida dulce, dirigida por Carlos Bengoechea, cierra la experiencia con postres caseros que buscan sorprender sin renunciar a la tradición: arroz con leche al estilo de Cristina (7,50 €), tarta de chocolate negro Araguani Grand Cru de Venezuela (7,50 €), tarta tibia de avellanas con salsa de cacao, o la elegante crème brûlée al vapor con vainilla de Madagascar. Todos los postres están pensados para ser aptos para celíacos, lo que habla del cuidado por la accesibilidad y la atención al cliente.
En cuanto a la bodega, está comisariada por José Antonio Vallina (Tolin), quien también dirige la sala con profesionalidad y calidez. La carta de vinos incluye referencias de pequeños viticultores españoles, clásicos reconocibles y etiquetas internacionales, diseñadas para armonizar con la cocina de Samuel Fernández sin imponerse a ella.
Un servicio cálido, eficiente y profundamente humano
Uno de los grandes valores añadidos de El Remedio es su equipo humano. En cocina, junto a Samuel y Carlos, destacan figuras como Luis Fernández, Ñako, Rodri, Quinito y Manu, quienes aportan técnica, constancia y creatividad a cada servicio. En sala, además de Tolin, trabajan con excelencia Ana, José, Darilys y Julia, ofreciendo un trato cercano y profesional que eleva la experiencia.
El proyecto tiene además una fuerte impronta familiar: los padres de Samuel, Benjamín y Cristina, colaboran activamente, y amigos como Manolo, Hugo, Juanma o Misterio forman parte habitual del engranaje. Esta cercanía se traduce en un ambiente cálido, sin pretensiones, pero de altísima exigencia técnica y estética.
El entorno: mar, silencio y una ermita del siglo XIX
Comer en El Remedio no es solo un acto culinario. Es una experiencia envolvente. El restaurante está enclavado en una casa de discreta elegancia, con una terraza ajardinada y un comedor rodeado por una gran cristalera que abre la vista al mar. Desde allí se contempla el acantilado, la línea del horizonte, y en los días claros, hasta los reflejos del atardecer sobre el Cantábrico.
La ubicación, junto a una ermita del siglo XIX, aporta una atmósfera de quietud y trascendencia. Muchos visitantes destacan no solo la calidad de la comida, sino la paz del entorno, que permite disfrutar de cada plato con los cinco sentidos.

