El restaurante que combina a la perfección el País Vasco y Cantabria es este y está en Comillas
En el corazón de Comillas, uno de los pueblos más emblemáticos del occidente cántabro, se encuentra el restaurante Gurea, un lugar que, desde su discreta ubicación en la calle Ignacio Fernández de Castro, ha conseguido enamorar tanto a vecinos como a visitantes con una propuesta culinaria que fusiona lo mejor de la cocina vasca y cántabra. Con más de una década de trayectoria y una calificación de 4,7 sobre 5 en Google basada en más de 1.200 reseñas, Gurea es, sin duda, uno de los restaurantes mejor valorados de la región.
Una cocina de raíces: de Euskadi a Cantabria
El nombre del restaurante —Gurea, que en euskera significa “nuestra”— refleja con precisión la filosofía del lugar: ofrecer una cocina honesta, basada en el producto, que respeta la tradición sin renunciar a una presentación cuidada y a un servicio cercano. La carta se apoya en los grandes pilares de la gastronomía del norte: pescados del Cantábrico, carnes de calidad y guisos de cuchara, todo ello elaborado con mimo y con ingredientes seleccionados.
Uno de los grandes emblemas del restaurante es su cocido montañés, una receta clásica cántabra que aquí se sirve con un sabor profundo y equilibrado. Pero si hay dos platos que resumen bien la esencia de Gurea, son el bacalao con tomate “Gurea” y la chuleta de vaca pinta. El primero es una receta de inspiración vasca ejecutada con el sabor de casa; el segundo, una contundente pieza de carne de producción local a la parrilla, ideal para los paladares carnívoros.
Platos para compartir y raciones que conquistan
La carta comienza con una selección de raciones pensadas para abrir el apetito o para compartir: desde rabás y boquerones fritos, hasta una tabla de quesos variados o el jamón ibérico de bellota de Salamanca. También destacan las croquetas caseras de jamón, cremosas y crujientes a partes iguales, y los torreznos ibéricos, que aportan un punto de tradición y sabor a cualquier comida.
Si se prefiere algo más sofisticado, el pulpo a la gallega y las almejas a la sartén o en salsa marinera son apuestas seguras. La carta también incluye opciones más originales como la ensalada templada de setas y bacalao ahumado, o la de canónigos con mousse de oca y queso picón, donde la creatividad y el producto local se dan la mano.
Pescado del día y clásicos del Cantábrico
El apartado de pescados merece mención especial. Además del bacalao, el restaurante sirve bonito del Cantábrico con tomate, una receta de temporada que se ha convertido en una de las más apreciadas por la clientela. También se puede optar por chipirones a la plancha encebollados, rape rebozado o pedir recomendaciones del pescado del día, que varía según la lonja y la época del año (lubina, machote, rodaballo…).
Carnes con identidad
Las carnes no se quedan atrás. Gurea apuesta por piezas nobles como el solomillo de cerdo ibérico al Jerez, el secreto ibérico a la plancha y el clásico cachopo de medio kilo, relleno de jamón y queso, que nunca deja indiferente. Para los más exigentes, se puede encargar con antelación un chuletón de vaca pinta, un festín perfecto para compartir.
Postres caseros que cierran el círculo
La experiencia no estaría completa sin una buena sobremesa. En Gurea, los postres son caseros y variados: desde los tradicionales flan, natillas y arroz con leche, hasta propuestas más innovadoras como la bomba de sobao con galleta Lotus, la tarta de sobao con galleta Oreo o la ya clásica tarta de queso, que muchos clientes señalan como uno de los imprescindibles del local.
Vinos de calidad para maridar cada bocado
La carta de vinos está a la altura de la comida, con referencias de D.O. Rioja, Ribera del Duero, Toro, Rueda o Bierzo, además de algunas etiquetas cántabras como Casona Micaela o Tussio, elaboradas con uvas autóctonas. También ofrecen vinos ecológicos, rosados y espumosos, así como sidra natural.
Una historia de familia, vocación y gastronomía
Gurea no es solo un restaurante: es un proyecto familiar que lleva más de 12 años consolidándose como uno de los grandes referentes de Comillas. Recientemente redecorado en homenaje a una escultura de Tino Cacho que simboliza “la belleza de trabajar para los demás”, este espacio apuesta por el trabajo vocacional, la hospitalidad cercana y una cocina que pone en valor la identidad gastronómica de la región.
Debido a su creciente fama y la limitada capacidad del local, se recomienda reservar con antelación, especialmente durante los fines de semana o en temporada alta. El restaurante cuenta con terraza, Wi-Fi, tronas para niños y es accesible para personas con movilidad reducida.