Los pueblos de Cantabria donde se come tan bien que querrás mudarte
Cantabria es uno de esos destinos donde el mar y la montaña se dan la mano para ofrecer una experiencia gastronómica única. En pocos lugares del mundo los sabores del océano se combinan tan bien con los productos de la tierra. Desde Santoña hasta Comillas, pasando por Laredo o Noja, la costa cántabra es un auténtico paraíso para quienes buscan comer bien mientras disfrutan de paisajes inolvidables.
Santoña, la villa de las anchoas
Hablar de Santoña es hablar de anchoas, el producto estrella de Cantabria. La tradición conservera sigue viva gracias a fábricas como Sanfilippo, Angelachu o Revilla, donde las manos expertas limpian y preparan los bocartes con mimo. En bares como La Mutua Anchoateca, Casa Muruzábal o Taberna de Alberto, se pueden degustar las mejores anchoas del norte de España.
Ribamontán al Mar, sabor entre olas y prados
En Ribamontán al Mar, la cocina local se apoya en los productos de proximidad y las recetas sencillas. Restaurantes como Pan de Cuco o La Torre by Marañón, en Galizano, son paradas obligatorias. Aquí, la gastronomía se inspira en las raíces cántabras y ofrece una fusión entre la tradición y la creatividad.
San Vicente de la Barquera, el reino del sorropotún
El pintoresco pueblo marinero de San Vicente de la Barquera es famoso por su sorropotún, un guiso de bonito con personalidad propia. En locales como Casa Augusto, Las Redes o Boga Boga, los pescados y mariscos frescos son los protagonistas. Los arroces con bogavante y las albóndigas de verdel son imprescindibles para saborear la auténtica cocina cántabra.
Suances, la capital del surf y la buena mesa
Conocido por sus playas y su ambiente surfero, Suances también es un referente gastronómico. El chef Carlos Arias, en el restaurante Emma, fusiona la cocina cántabra con influencias mexicanas, ofreciendo platos sorprendentes como el cuco al estilo Mazatlán o las almejas a la marinera. Otra excelente opción es La Dársena, donde los mariscos y pescados del día brillan con luz propia.
Laredo, entre el mar y la montaña
En Laredo, la gastronomía combina lo mejor del mar con la vaca tudanca, orgullo ganadero de Cantabria. En locales como El Túnel o Asador Puertochico, las carnes se preparan con maestría, mientras que el restaurante Antídoto, dirigido por Álvaro Velasco y Mónica Quijano, apuesta por una cocina creativa con producto local.
Noja, el paraíso de las nécoras
En Noja, las nécoras son las verdaderas protagonistas. Este pueblo costero celebra incluso su propia Cofradía de la Nécora, un símbolo de su pasión por el marisco. En restaurantes como Mijedo, Ciaboga o La Económica, el chef Javi Ruiz transforma este crustáceo en un auténtico manjar.
Isla, tierra de langostas y tradición marinera
A pocos kilómetros de Noja, Isla presume de una larga tradición ligada a la langosta y el centollo. En el Hotel Astuy o en La Posada de la Isla, estos productos se preparan con respeto a la receta clásica. Además, en el restaurante La Chata, los pimientos asados y el bacalao completan una oferta gastronómica de primer nivel.
Comillas, sabor monumental en cada plato
Famosa por su arquitectura modernista y por el Capricho de Gaudí, Comillas también conquista por su cocina. En Casa Cofiño, el cocido montañés es toda una institución, mientras que los arroces caldosos de bogavante del restaurante Adolfo son un homenaje al mar Cantábrico. En Gurea, las rabas y almejas a la marinera mantienen viva la tradición más popular.
Ruiloba, la sorpresa vinícola de Cantabria
En Ruiloba, el mar y el vino se encuentran en un entorno idílico. En la Bodega El Miradorio, se producen vinos con variedades como albariño, godello o riesling, adaptadas al clima atlántico. Una visita a sus viñedos permite conocer de cerca el proceso de elaboración y disfrutar de catas con vistas al Cantábrico.
Bareyo y Ajo, sabor a costa y faro multicolor
El municipio de Bareyo guarda uno de los secretos mejor conservados de la costa: Ajo, una localidad que ha ganado fama por su faro decorado por Okuda y por su excelente oferta gastronómica. En El Rincón de Pitucos o Restaurante Carlos III, los pescados a la plancha y las rabas son un clásico para disfrutar frente al mar.

