¿Sabías que el primer polizón aéreo del mundo aterrizó en Cantabria? Así fue la increíble historia

Vista panorámica de la playa de Oyambre. / A.E.

Mucho antes de que existieran los vuelos comerciales transatlánticos, Cantabria fue escenario de una gesta única: el aterrizaje inesperado del Pájaro Amarillo y su tripulación, con un polizón a bordo que nadie había invitado

El 14 de junio de 1929, la playa de Oyambre, situada en el municipio de Comillas, Cantabria, fue testigo de un hecho histórico poco conocido, pero de gran relevancia dentro de los primeros años de la aviación transatlántica. Aquel día aterrizaba allí de manera imprevista el avión francés L’Oiseau Canari, conocido como el Pájaro Amarillo, en lo que fue un aterrizaje de emergencia provocado por la falta de combustible tras haber cruzado el océano Atlántico. A bordo de aquel aparato viajaban cuatro personas: Armand Lotti, Jean Assollant, René Lefévre y Arthur Schreiber. Este último pasó a la historia por ser el primer polizón aéreo documentado.

La travesía tenía como objetivo realizar un vuelo transatlántico sin escalas desde Old Orchard Beach, en Maine (Estados Unidos), hasta París. Se trataba de un desafío técnico y humano que buscaba emular, dos años después, la proeza de Charles Lindbergh, quien en 1927 había cruzado por primera vez el Atlántico en solitario, aunque de oeste a este. En el caso del Pájaro Amarillo, el sentido del cruce era el inverso, lo que añadía aún más dificultad debido a los vientos predominantes y las condiciones meteorológicas desfavorables.

El avión, un Bernard 191 GR, fue adquirido especialmente para esta aventura por el propio Armand Lotti, un acaudalado francés con pasión por la aviación, que había quedado fascinado por los avances aeronáuticos tras presenciar la recepción de Lindbergh en París. A raíz de ello, decidió organizar su propio vuelo transatlántico. Como Lotti había perdido un ojo en un accidente de caza y no podía pilotar, confió la responsabilidad del mando al piloto Jean Assollant, mientras que René Lefévre, experto navegante, se encargaría de la orientación y los cálculos de ruta.

Después de meses de preparación y de un primer intento fallido en 1928, que incluso provocó la prohibición por parte del gobierno francés de realizar vuelos de ese tipo debido al alto número de accidentes mortales registrados en la época, Lotti decidió cambiar la estrategia. Para eludir la prohibición y poder realizar su sueño, trasladó ilegalmente la aeronave a Estados Unidos, con la idea de repetir la hazaña de Lindbergh, pero en sentido inverso.

El 13 de junio de 1929, el Pájaro Amarillo despegó finalmente desde la playa de Old Orchard. Todo había sido calculado al detalle: el peso del avión, el combustible necesario y los tres tripulantes. Sin embargo, poco después del despegue, los aviadores descubrieron con sorpresa la presencia de Arthur Schreiber, un joven periodista estadounidense de 25 años que, sin conocimiento previo de la tripulación, se había ocultado a bordo con la intención de cruzar el Atlántico y convertirse en testigo directo de la hazaña.

La presencia de Schreiber fue un problema grave e inesperado. El avión llevaba combustible justo para cubrir la distancia planeada, y el peso extra de un cuarto pasajero amenazaba seriamente la viabilidad del vuelo. Sin embargo, una vez en el aire y sin posibilidad de retorno, Lotti y sus compañeros decidieron continuar, aunque las opciones de éxito disminuían considerablemente.

La travesía fue compleja. Durante el vuelo, una tormenta desvió su trayectoria hacia el sur, consumiendo aún más combustible y alejándolos del itinerario previsto hacia Francia. Con los depósitos prácticamente vacíos y la incertidumbre sobre su posición exacta, la tripulación avistó tierra firme. No era la costa francesa a la que se dirigían, sino la costa norte de España, en Cantabria. Sin posibilidad de prolongar más el vuelo, buscaron un lugar seguro para aterrizar y hallaron en la playa de Oyambre una larga extensión de arena que parecía apta para tomar tierra. Así, el 14 de junio de 1929, a las 20:40 horas, el Pájaro Amarillo aterrizaba de emergencia en Cantabria tras casi 30 horas de vuelo ininterrumpido a través del Atlántico.

El aterrizaje, aunque forzoso, resultó exitoso y sin daños para los tripulantes ni para la aeronave. En aquel momento, la playa estaba prácticamente desierta, y los primeros en llegar al lugar fueron algunos vecinos de la zona que, sorprendidos por el inesperado suceso, ayudaron a la tripulación a llegar hasta Comillas. En pocas horas, la noticia corrió por la comarca, y numerosos curiosos se acercaron hasta la playa para contemplar el avión y conocer a los aviadores.

La llegada del Pájaro Amarillo convirtió a Comillas en centro de atención mediática, tanto a nivel nacional como internacional. Las celebraciones se sucedieron durante varios días, con cenas, música y recepciones populares, donde los vecinos de la zona mostraron su hospitalidad a los aviadores franceses y al periodista polizón, que acaparó buena parte del interés por lo insólito de su presencia en la expedición.

La historia del polizón Arthur Schreiber añadió aún más singularidad al acontecimiento. Se le ofrecieron grandes sumas de dinero por contar su historia, pero, debido al contrato que firmó improvisadamente durante el vuelo con Armand Lotti, rechazó revelar detalles a la prensa. Posteriormente, las autoridades francesas solicitaron su expulsión del país, y Lotti costeó su regreso a Estados Unidos.

Dos días después del aterrizaje en Oyambre, el avión fue reabastecido con combustible traído desde el aeródromo de La Albericia, en Santander, y pudo reanudar el vuelo hacia Francia. Tras una escala obligada en Mimizan, debido a una nueva avería, finalmente el 16 de junio aterrizaron en París, completando su histórico viaje.

En septiembre de 1929, como homenaje a la gesta, se erigió un monumento conmemorativo en la playa de Oyambre, obra del escultor cántabro Jesús Otero, donde aún hoy puede leerse la inscripción que recuerda el aterrizaje del Pájaro Amarillo como el primer avión transatlántico que tocó tierra española. En 2010, tras haber sido retirado temporalmente por motivos de seguridad, el monumento fue restaurado y devuelto a su ubicación original, recuperando así la memoria de un episodio que unió para siempre a Cantabria con la historia pionera de la aviación europea.

El Pájaro Amarillo sigue siendo recordado como uno de los vuelos transatlánticos más singulares de su época. No solo por haber logrado cruzar el océano desde América hasta Europa, sino por las circunstancias imprevistas que rodearon su aventura y por la hospitalidad con la que fueron recibidos en tierras cántabras, donde hoy su memoria permanece viva.