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En Cantabria hay una escalera de Gaudí que flota sin columnas y pocos conocen

Puede que creas haberlo visto todo de Gaudí, pero si aún no has visitado El Capricho en Cantabria, te falta una de sus genialidades más insólitas: una escalera que flota sin apoyo visible, diseñada cuando el arquitecto apenas tenía 31 años

Uno de los rincones de El Capricho de Gaudí en Comillas. / A.S.P
Uno de los rincones de El Capricho de Gaudí en Comillas. / A.S.P

Entre los múltiples secretos que encierra El Capricho de Gaudí, en la villa de Comillas (Cantabria), hay uno que pocos esperan y que asombra a todo el que lo descubre: una escalera de caracol sin eje central, un prodigio arquitectónico que desafía la lógica y anticipa la genialidad estructural que caracterizaría al arquitecto catalán en sus obras posteriores.

Una escalera que se sostiene sin columna

A diferencia de las escaleras de caracol tradicionales, que se apoyan en un eje vertical central que distribuye el peso y da estabilidad al conjunto, esta escalera —ubicada en el interior del Capricho— no tiene eje alguno. Sus peldaños parecen flotar, sostenidos únicamente por los muros curvos de la casa, encajados con una precisión milimétrica. Cada escalón forma parte de un engranaje autosuficiente en el que el peso se reparte de forma ingeniosa.

Esta solución estructural era revolucionaria en el año 1883, cuando Antoni Gaudí diseñó El Capricho para el indiano Máximo Díaz de Quijano. Con apenas 31 años, el arquitecto ya desafiaba los métodos tradicionales y exploraba nuevas formas de construcción que conjugaban arte, matemática y naturaleza.

Ingeniería adelantada a su tiempo

La escalera helicoidal sin eje central es mucho más que una rareza visual. Representa un ejercicio avanzado de equilibrio estructural, en el que cada peldaño es clave para la estabilidad del conjunto. Este tipo de diseño solo es posible gracias al estudio minucioso de las fuerzas de carga y compresión, algo que Gaudí dominaba con intuición y cálculo desde los inicios de su carrera.

En el contexto del siglo XIX, una escalera de este tipo era prácticamente inaudita. No se trataba de un recurso estético caprichoso, sino de una solución plenamente funcional, capaz de soportar el tránsito diario y resistir el paso del tiempo. Hoy, más de 140 años después, sigue en pie, intacta, como testigo del talento técnico del joven Gaudí.

Una experiencia única para el visitante

Subir esta escalera no es solo desplazarse de una planta a otra; es participar de una experiencia sensorial y simbólica. El visitante siente cómo el espacio gira suavemente, cómo la luz natural atraviesa las ventanas y baña los azulejos de girasoles, mientras la ausencia de un eje central refuerza la sensación de ligereza y asombro.

Esta escalera es, sin duda, uno de los elementos más singulares de la arquitectura modernista en Cantabria. Aunque a menudo pasa desapercibida entre la exuberancia decorativa del edificio, merece una atención especial como pieza clave del Capricho y como una de las soluciones estructurales más ingeniosas de Gaudí en sus primeras obras.

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