Es aterrador lo que podría haber en el centro comercial de Bonaire: cinco días sin la ayuda prometida
La Unidad Militar de Emergencias ha llegado al parking de Bonaire en busca de posibles víctimas, mientras el Gobierno de Sánchez enfrenta duras críticas por su negligencia en la gestión de la tragedia.
En Valencia, las labores de rescate continúan con un esfuerzo tardío. La UME (Unidad Militar de Emergencias) ha llegado por fin al centro comercial de Bonaire en Aldaia, uno de los recintos de mayor capacidad en la región, cuyo aparcamiento quedó sepultado bajo toneladas de barro y agua tras el devastador paso de la DANA. Hasta 700 personas podrían haber estado en el lugar en el momento de la tragedia, mientras los familiares y amigos exigen información y explicaciones ante lo que consideran una falta de respuesta del Gobierno central.
Según testimonios, cinco días después del desastre, el apoyo prometido desde el Ejecutivo de Sánchez apenas se ha materializado. Voluntarios locales, cuerpos de bomberos y la UME, desplegada con notorio retraso, trabajan para despejar el estacionamiento de seis plantas, que aún se encuentra cubierto de lodo y restos sólidos. La escena es desoladora y la incertidumbre sobre el número de víctimas mortales crece, con cuerpos que ya han comenzado a ser recuperados en playas cercanas, como la de Pinedo.
Diversos medios y ciudadanos han señalado al Gobierno de Sánchez por no haber activado los recursos de emergencia a tiempo. Mientras la ayuda internacional podría comenzar a fluir gracias a los esfuerzos de la Generalitat Valenciana, las autoridades nacionales se han mantenido en una postura que muchos tildan de negligente. A pesar de las advertencias de la AEMET sobre las lluvias torrenciales, que precedieron el desastre, no se declaró la emergencia nacional ni se gestionó un despliegue preventivo suficiente para mitigar las consecuencias en una de las zonas de mayor densidad poblacional.
"Es como si estuviéramos abandonados," claman algunos de los afectados, que llevan días sin agua, electricidad ni los recursos básicos que un plan de contingencia adecuado hubiera garantizado. El Ejército y los cuerpos policiales continúan llegando con cuentagotas, mientras ciudadanos y voluntarios intentan cubrir el vacío dejado por la administración central. La falta de maquinaria pesada, hospitales de campaña y recursos básicos sigue siendo evidente en muchas zonas, donde la comunidad valenciana ha tenido que organizarse con medios propios para ayudar a sus vecinos.
A medida que avanza el rescate, la pregunta en boca de muchos sigue sin respuesta: ¿Por qué el Gobierno central no actuó con la rapidez que la situación exigía? Para las familias que aún esperan noticias de sus seres queridos, el tiempo perdido y la falta de ayuda es una injusticia que quedará marcada en la historia de esta tragedia.
El parking Bonaire. Va a ser una tragedia inimaginable. La gente tiene derecho a saber para darse cuenta de la magnitud de lo ocurrido y tomar conciencia en todo el mundo. pic.twitter.com/ucFuxjYdLV
— Iker Jiménez (@navedelmisterio) November 3, 2024
ES UNA GRAN TUMBA
La zona cero se asemeja a un escenario apocalíptico cubierto de barro, ramas y vehículos. Los montones de coches dificultan el avance de los equipos de rescate, que trabajan sin descanso para despejar calles y buscar posibles supervivientes. Por ahora, el saldo de pérdidas humanas supera las 200 vidas, pero los efectivos de la UME temen que esa cifra “quede dramáticamente corta” en los próximos días. Las previsiones tras la primera jornada de trabajo en la zona indican que el balance puede empeorar.
Desde su puesto avanzado en la gasolinera de Paiporta, los militares han comenzado a despejar vías y distribuir agua y alimentos entre los residentes necesitados. Su misión es buscar desaparecidos, aunque la esperanza de hallar supervivientes en una inundación disminuye con cada hora que pasa. A diferencia de un terremoto, donde las víctimas atrapadas pueden aguantar varios días, el agua es letal. A más de 72 horas del desastre, la realidad es sombría.
El foco está ahora en los coches. La cantidad de decenas de coches amontonados en calles y avenidas ha creado un laberinto mortal, y los cuerpos hallados en las primeras inspecciones revelan una situación devastadora. Las fuentes militares advierten que "la cantidad de fallecidos es mucho mayor de lo que imaginábamos al principio", y en muchos casos, las condiciones en que se encuentran los cuerpos dificultan el proceso de identificación. Los vehículos destrozados, mezclados con troncos y escombros, se convirtieron en una “trituradora” bajo las aguas, lo que añade una carga emocional y técnica al trabajo de los servicios de rescate.