Premios Goya y un tupido velo

La vergüenza roja y el juicio inquisitorial a Karla Sofía Gascón sobrevuela la gala

Los Goya 2025 no solo premiaron cine, sino también la ortodoxia ideológica. La ausencia forzada de Karla Sofía Gascón, cancelada por opiniones pasadas, dejó en evidencia que en esta industria la diversidad termina donde empieza la disidencia. 

GjTCMNoW0AAmkow

En la 39ª edición de los Premios Goya, la corrección política no fue solo una nota al pie: dominó el escenario como un tribunal medieval. Mientras la industria del cine español celebraba su enésima reafirmación ideológica, la sombra de la "herejía" de Karla Sofía Gascón sobrevoló la gala, recordando a todos que el castigo por desviarse del dogma progresista es implacable y total.

Gascón, otrora estrella de Emilia Pérez, no estuvo presente para recoger el premio a Mejor Película Europea. No porque no lo mereciera, ni porque la película no fuese reconocida en festivales de prestigio, sino porque fue apartada, cancelada y finalmente obligada a retirarse de la vida pública tras la revelación de antiguos mensajes en redes sociales. Su penitencia no terminó ahí: su libro autobiográfico fue retirado, su participación en la campaña de los Oscar eliminada y su nombre convertido en un anatema para la propia película que protagonizó.

La ironía es evidente: una industria que se precia de ser un refugio de la "diversidad" y la "inclusión" ha ejecutado con frialdad un exilio público por una falta de conformidad absoluta con su línea ideológica. En otro tiempo, los artistas eran juzgados por su obra; hoy, su adhesión doctrinal es más importante que su talento.

El director Jacques Audiard, al estilo de un comisario político de otros tiempos, no dudó en sumarse al repudio, tachando las opiniones pasadas de Gascón de "inexcusables" y lamentando el daño a la película. Pero, ¿qué daño real ha hecho Gascón? ¿Acaso el filme deja de ser meritorio por los errores personales de su protagonista? Aquí no hay matices ni segundas oportunidades. En la cultura del escarnio, el castigo nunca es proporcional: es total.

Los Goya 2025 han sido muchas cosas: una gala predecible, una reafirmación ideológica, un recordatorio de la sumisión del cine español a la corrección política. Pero sobre todo, han sido la confirmación de que en el mundo cultural occidental de hoy, el talento ya no basta. Si no recitas el credo progresista palabra por palabra, te borran del guion.

Comentarios