Fallece Mariano Ozores a los 98 años: el arquitecto de la comedia popular española
Mariano Ozores, referente indiscutible de la comedia costumbrista y autor de títulos míticos como Los bingueros o Yo hice a Roque III, ha muerto a los 98 años. El cine español despide a una figura clave de su historia reciente
El cine español despide a uno de sus nombres más emblemáticos. Mariano Ozores, director, guionista y figura clave del cine comercial durante varias décadas, ha fallecido este miércoles 21 de mayo de 2025 a los 98 años en su domicilio de Madrid. La noticia fue confirmada por la Academia de Cine, que lo homenajeó en 2016 con el Goya de Honor, reconociendo su vastísima trayectoria dedicada a hacer reír al público español.
Una vida consagrada al entretenimiento
Mariano Ozores nació el 5 de octubre de 1926 en una familia de profunda tradición teatral y cinematográfica. Hijo de los actores Mariano Ozores y Luisa Puchol, fue hermano de los también intérpretes José Luis y Antonio Ozores, y tío de las actrices Adriana y Emma Ozores.
Debutó sobre las tablas con apenas nueve años, pero su gran salto lo dio en el mundo del cine, donde su estilo ligero, irreverente y comercial conectó con el gran público durante más de cinco décadas. Aunque su cine fue despreciado por buena parte de la crítica, fue capaz de congregar a cerca de 90 millones de espectadores, consolidándose como el segundo director más prolífico de la historia del cine español, con un total de 96 películas y más de 150 guiones escritos.
Éxito popular y estilo propio
Durante los años 60, 70 y 80, Mariano Ozores se especializó en la comedia ligera y el enredo costumbrista, retratando con humor situaciones sociales, políticas y cotidianas, muchas veces con un enfoque de sátira conservadora.
Entre sus títulos más conocidos se encuentran:
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"¡Cómo está el servicio!" (1968)
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"El calzonazos" (1974)
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"Los bingueros" (1979)
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"Yo hice a Roque III" (1980)
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"¡Que vienen los socialistas!" (1982)
Supo rodearse de grandes estrellas del momento, como Fernando Esteso, Andrés Pajares, Alfredo Landa, Gracita Morales, José Luis López Vázquez, Concha Velasco o Paco Martínez Soria, con quienes generó éxitos que hoy forman parte de la memoria sentimental de varias generaciones.
Compromiso con la comedia, incluso en televisión
Aunque su última película fue en los años 90, Ozores mantuvo su vínculo con el medio audiovisual, dirigiendo series como "Taller Mecánico S.A." o "El sexólogo", que aunque polémicas y con una recepción desigual, siguieron el tono humorístico que lo caracterizaba.
En 2002, publicó su autobiografía titulada Respetable público, donde repasaba su trayectoria con humildad y orgullo. El reconocimiento institucional llegó con el Goya de Honor en 2016, tras años de éxito popular no correspondido por los grandes premios.
El legado de una familia de cine
Además de su propio trabajo, Ozores pertenecía a una dinastía artística de enorme influencia. Su hermano José Luis Ozores fue uno de los actores más prometedores de la posguerra hasta su prematura muerte en 1968. Su otro hermano, Antonio Ozores, fue un pilar de la comedia durante décadas. Su sobrina Adriana Ozores ha continuado el legado familiar con una sólida carrera dramática en cine y televisión.
La capilla ardiente de Mariano Ozores será instalada en el Tanatorio de La Paz, en Madrid, para que compañeros de profesión, amigos y admiradores puedan darle el último adiós. La Academia de Cine lo ha despedido recordando que fue "el artífice de la risa española", capaz de marcar a fuego una época del audiovisual con humor, ironía y una cercanía con el espectador que pocos han logrado igualar.
Un cine de su tiempo, que hizo historia
Aunque el cine de Mariano Ozores fue clasificado muchas veces como “serie B” o denostado por su tono ligero y populista, el paso del tiempo ha permitido revisar su aportación desde otra óptica: la de un director que conocía como nadie al público español y que fue capaz de llenar salas durante décadas con historias cotidianas, personajes entrañables y situaciones absurdamente divertidas.
Hoy, el cine español pierde a uno de sus grandes comunicadores. Su obra permanecerá viva como testimonio de una época y de una forma de hacer cine que, sin complejos, buscaba arrancar sonrisas.