Clásicas del ciclismo

Roglic, Pidcock y Carapaz se citan en el juez definitivo: Superga

La Milán-Turín celebra su 150 aniversario con una edición de alto nivel en la que Superga volverá a ser el juez definitivo en la lucha por la victoria
El ciclista esloveno, Primož Roglič. / EP
El ciclista esloveno, Primož Roglič. / EP

La Milán-Turín celebra su 150 aniversario con un cartel de nivel y un desenlace clásico: Superga como juez definitivo. En la 107ª edición, con 174 kilómetros entre Rho y la basílica turinesa, nombres como Primoz Roglic, Tom Pidcock, Cian Uijtdebroeks y Richard Carapaz se perfilan como principales candidatos a conquistar la carrera más antigua del calendario ciclista.

El ciclismo vuelve a mirar a Superga, ese ascenso que dicta sentencia y que, un siglo y medio después de la primera edición en 1876, sigue siendo el epicentro de la Milán-Turín. La prueba, antesala de la Milán-San Remo, mantiene intacta su esencia: una primera parte engañosa y una segunda mitad que concentra toda la dureza en un final explosivo.

El recorrido presenta un guion conocido pero siempre exigente. Los primeros kilómetros discurren por el valle del Po, con un trazado favorable que atraviesa localidades como Magenta, Novara o Vercelli. Un terreno propicio para fugas controladas y para que los equipos mantengan la carrera bajo vigilancia.

Sin embargo, todo cambia en el tramo final. En los últimos 24 kilómetros, el pelotón afronta el circuito decisivo con el doble paso por Superga, una subida de cinco kilómetros al 9,1% de pendiente media, con rampas que alcanzan el 14%. Una ascensión que no admite medias tintas y que selecciona la carrera hasta dejar solo a los más fuertes.

El primer paso sirve para romper el grupo. El segundo, el definitivo, decide el ganador. La subida final, que arranca en Corso Casale, exige no solo potencia, sino también inteligencia táctica. La colocación será clave en los últimos metros, especialmente en la curva previa a la rampa final del 8,5%, antes del último giro a escasos 50 metros de la meta, donde la basílica aparece como símbolo de victoria.

En ese escenario, el abanico de favoritos es amplio pero con nombres propios muy definidos. Primoz Roglic, siempre competitivo en finales exigentes, aparece como uno de los grandes aspirantes. A su lado, Tom Pidcock, líder del Q36.5, aporta explosividad y capacidad para moverse en terrenos técnicos.

También destaca la presencia de Richard Carapaz, especialista en esfuerzos prolongados, y del joven Cian Uijtdebroeks, una de las grandes promesas del ciclismo internacional, que buscará confirmar su progresión en un escenario de máxima exigencia.

La nómina de candidatos se amplía con ciclistas como Giulio Pellizzari, Jan Christen o Magnus Cort, en una edición que, pese a la ausencia de figuras como Pogacar o Van der Poel, mantiene un nivel competitivo elevado.

En clave española, Álex Aranburu será una de las principales bazas, mientras que el equipo Movistar apuesta por el talento joven de Uijtdebroeks junto a corredores como Einer Rubio o Jefferson Cepeda.

La Milán-Turín, con 150 años de historia, vuelve a demostrar que el ciclismo no necesita artificios cuando el final está en Superga. Allí, como tantas veces, no habrá engaños.

 

Comentarios