juicio contra el asesino

«Vi la ropa de la niña, su gorrito tirado... Y lo supe. Mi hija está muerta, y mi nieta también»

José Reñones, acusado del doble crimen de Liaño, durante el juicio en la Audiencia Provincial de Cantabria. Se enfrenta a una posible condena de prisión permanente revisable por el asesinato de su expareja y su hija de una vez meses en diciembre de 2021. Juanma Serrano - Europa Press
José Reñones no miró a nadie cuando entró en la sala. Vestido con una camisa blanca impoluta, con la cabeza gacha y las manos temblorosas, escuchó en silencio cómo la fiscal le describía como un hombre sin remordimientos, que «tenía muy claro que las iba a matar». 

Un crimen anunciado: el juicio por los asesinatos de Liaño expone fallos críticos en el sistema estatal

El proceso judicial más esperado de los últimos años en Cantabria ha comenzado. José Reñones, acusado del asesinato de su expareja y de su hija de apenas una vez meses, se sentó en el banquillo de los acusados ​​con la mirada baja, sollozando en algunos momentos y negando con la cabeza en otros. Sin embargo, las pruebas y los testimonios presentados en el primer día de juicio pintan una realidad desgarradora: una mujer aterrorizada, un asesino que no ocultaba sus intenciones y un sistema de protección que fracasó estrepitosamente .

La fiscalía fue contundente desde su primera intervención: «Tenía muy claro que las iba a matar» . Con esa frase lapidaria, el representante del Ministerio Público describió la mentalidad de Reñones en los meses anteriores al crimen. A lo largo de la jornada, el tribunal escuchó testimonios escalofriantes, mensajes de WhatsApp que presagiaban la tragedia y detalles de cómo el acusado violó una y otra vez la orden de alejamiento sin que nadie hiciera nada.

El rastro de la violencia: insultos, amenazas y un desprecio absoluto

Las pruebas presentadas por la fiscalía mostraron que José Reñones no solo maltrataba psicológicamente a su expareja, sino que su odio se extendía hasta su propia hija. En mensajes de texto y audios enviados meses antes del crimen, el acusado expresó su desprecio por la niña con insultos como «escoria», «mongólica», «puta basura», «veneno asqueroso» y «bicho» .

El tribunal escuchó uno de los audios más estremecedores, en el que Reñones decía: «No la quiero. La odiosa. Quiero verla muerta» . En otro mensaje, llegó a manifestar que si pudiera pedir un deseo, no sería dinero, sino que su hija «desapareciera» .

La madre de la niña, aterrorizada, intentó responder con valentía: «Antes de que mates a la niña, voy yo por delante. Mátame a mí, mátame ahora» . Su desesperación no fue suficiente para evitar el desenlace.

Un sistema que ignora todas las señales.

El relato de la fiscalía fue un duro recordatorio de cómo las instituciones fallaron a la víctima. Reñones tenía una orden de alejamiento tras haber sido denunciado por violencia, pero la incumplió reiteradamente sin consecuencias.

El 16 de diciembre de 2021, el día del crimen, violó esa orden hasta en dos ocasiones , según los registros policiales. «Esto no ha hecho más que empezar» , le advirtió a su expareja días antes del asesinato. También la amenazó con envenenar a su hija: «Cualquier día voy a poner veneno para ratas en el biberón de la niña» .

La fiscalía subrayó que la víctima sabía que iba a morir . La noche del 14 de diciembre, dos días antes del crimen, envió un mensaje desesperado a su prima: «El diablo ha vuelto a casa. Si mañana no doy señales de vida, avisa a la Guardia Civil» .

Pero nadie hizo nada. Ni las autoridades que permitieron que el acusado siguiera rondando la casa de su expareja, ni el sistema judicial que no aplicó medidas efectivas para proteger a la mujer y su hija. Reñones cumplió con cada una de sus amenazas , y cuando finalmente la Guardia Civil acudió al domicilio el 17 de diciembre, ya era demasiado tarde.

El crimen: brutalidad, frialdad y una puesta en escena siniestra

El relato de los hechos estremece. Según la acusación, Reñones esperaba que su expareja volviera a casa con la niña para atacarlas. Las apuñaló con un arma blanca que nunca ha sido encontrada, escondió sus cuerpos en el patio y limpió la escena para borrar rastros de sangre .

El fiscal lo describió como «un crimen planificado, ejecutado con premeditación y una frialdad aterradora» . Pero lo más impactante vino después: tras asesinar a su expareja ya su hija, Reñones cenó y durmió en la casa como si nada hubiera pasado .

Vecinas del barrio testificaron que lo vieron merodeando la vivienda esa noche. Una de ellas relató que lo vio entrar por la puerta del garaje y poco después escuchó «golpes como si partieran leña» . La madre de la víctima, quien llegó a la casa la mañana siguiente, fue la primera en notar que algo estaba mal. «Vi la ropa de la niña, su gorrito tirado... Y lo supe. Mi hija está muerta, y mi nieta también» , declaró entre lágrimas.

La defensa: negaciones y estrategias desesperadas

La defensa de Reñones intentó desacreditar la versión de la fiscalía, insistiendo en que «no hay pruebas concluyentes» que lo incriminen. «No hay ni una sola prueba objetiva que demuestre que él estuvo en la casa en el momento del crimen» , argumentó su abogado, quien solicitó la libre absolución de su cliente.

El defensor también minimizó las amenazas del acusado, sugiriendo que «insultar a alguien no te convierte en asesino» . Además, intentó sembrar dudas sobre la investigación, insinuando que «otras personas pudieron haber estado en la casa» .

Pero la fiscalía fue contundente: «No hay dudas de que lo hizo él. Nadie más acudió a esa casa» .

Lo que se espera hoy en el juicio

Tras una jornada llena de testimonios estremecedores, el juicio continúa hoy con las declaraciones de los agentes de la Guardia Civil que investigan el caso y de los peritos forenses. Se analizarán las pruebas de ADN encontradas en la casa y las inconsistencias en la versión del acusado.

Además, se presentarán los registros telefónicos, que muestran que la última conexión del móvil de la víctima fue a las 4:41 de la madrugada del 17 de diciembre , cuando, según la fiscalía, Reñones ya había cometido el crimen y usaba el teléfono de su expareja para desviar sospechas .

Mientras la justicia avanza, la gran pregunta sigue en el aire: ¿por qué nadie protegió a esta mujer ya su hija, cuando estaba claro que iban a morir?

Un jurado popular deberá decidir en las próximas semanas el destino de José Reñones. Pero la condena social y la indignación pública ya han emitido su veredicto: este crimen no solo es obra de un asesino, sino también de un sistema que miró hacia otro lado cuando una madre y su bebé pedían auxilio.