la realidad de los jóvenes en torrelavega

«Nos están echando de Torrelavega»: jóvenes denuncian el deterioro de su ciudad y la falta de futuro

El cierre de comercios, la inseguridad creciente, la falta de vivienda y el abandono de la ciudad por parte de sus dirigentes provocan el éxodo juvenil

Varias personas caminando por la Avenida de España. / A.E.
Varias personas caminando por la Avenida de España. / A.E.

El malestar ya no es solo silencioso. Los jóvenes de Torrelavega —los que crecieron, estudiaron y empezaron a trabajar en la ciudad— están abandonando su propio hogar ante un panorama que consideran insostenible: inseguridad creciente, oportunidades laborales escasas, viviendas inaccesibles, comercio cerrado y proyectos municipales que ahogan, en vez de impulsar.

Torrelavega se vacía tras años de socialismo. No solo en sus comercios, ni en sus fábricas, ni en sus plazas. También se vacía de jóvenes. Esa generación que creció en sus barrios, estudió en sus colegios y soñó con construir aquí su vida, hoy siente que su ciudad ya no les ofrece nada. Peor aún: sienten que les está echando.

Los testimonios recabados entre jóvenes de Torrelavega dibujan un panorama desolador: pérdida de calidad de vida, miedo creciente, imposibilidad de emanciparse, falta de oportunidades reales. Y una conclusión compartida: el problema no es solo lo que pasa, sino la sensación de que nadie hace nada para evitarlo.

"Torrelavega se va a pique. Cada vez cierran más comercios. No es un pueblo, pero a este paso en ello se va a convertir", resume una joven, de 26 años, que ya planea buscar trabajo fuera.

Una ciudad que se apaga: cierre de comercios, ausencia de vida urbana

Para los jóvenes, la decadencia comercial del centro no es un tema de nostalgia: es la señal más evidente del declive urbano.
"Ya casi no hay tiendas a las que ir. Cada semana ves un local más cerrado, otro cartel de ‘Se Alquila’. Es muy triste, y da sensación de abandono", lamenta Rubén, estudiante universitario.

El pequeño comercio, que daba identidad, vida y empleo a la ciudad, desaparece poco a poco. Mientras tanto, medidas como la Zona de Bajas Emisiones (ZBE), mal comunicadas y peor planificadas, ahogan aún más a los negocios del centro, sin ofrecer alternativas de transporte ni de accesibilidad real.

"Entre lo de aparcar, la ZBE y que todo cierra, cada vez está peor Torre. Yo ahora mismo no me plantearía vivir aquí si pudiera elegir", afirma otra joven, de 26 años.

Inseguridad y violencia: la nueva normalidad

Otra preocupación central entre los jóvenes es el deterioro de la seguridad ciudadana. Los cuatro tiroteos registrados en menos de un año no son para ellos hechos aislados, como insiste en describirlos el Ayuntamiento. Son síntomas de un problema de fondo: falta de control institucional, permisividad ante la delincuencia y abandono de determinados barrios.

"Cada vez hay más miedo. Antes oías que en Torrelavega había peleas, ahora hay tiroteos. Yo he pasado mi vida en Torre, pero viendo la situación ahora, me iría lejos sin pensarlo", explica otro.

El miedo no es una percepción exagerada. Es una realidad diaria, especialmente en zonas como Barreda, La Inmobiliaria o Campuzano, donde los vecinos —jóvenes incluidos— evitan salir de casa según qué horas o eligen itinerarios más seguros para moverse.

La falta de respuesta contundente por parte del Ayuntamiento y de la Delegación del Gobierno, la demora en el refuerzo policial y la pasividad institucional alimentan la sensación de impunidad.

Mercado de vivienda inaccesible: expulsados de su propio hogar

Para quienes querrían quedarse en Torrelavega, la situación de la vivienda hace imposible el arraigo. "Los alquileres están carísimos y no hay oferta decente. Si buscas algo asequible, es viejo, mal cuidado o fuera de todo", denuncian.

La combinación de falta de viviendas nuevas, precios desproporcionados y nula política de vivienda juvenil expulsa a la generación que debería estar consolidando su vida aquí. Ya no se trata de preferencias: muchos jóvenes se marchan porque no pueden permitirse vivir en su propia ciudad.

"Yo ya me he ido de Torre. El tema de la vivienda fue uno de los factores decisivos. No podía alquilar nada digno y vivir dignamente aquí", comenta otra joven, que trabaja en Santander.

Buscar vivienda en Torrelavega es, para muchos, una lucha imposible: poca oferta, precios elevados y escasa calidad. Resultado: la juventud opta por marcharse a otros municipios o fuera de Cantabria.

Turismo inexistente y alquileres prohibitivos

Otros jóvenes señalan que el turismo urbano, clave para dinamizar pequeñas ciudades, es inexistente en Torrelavega. No hay estrategias de atracción, no hay promoción real, no hay actividades que fijen visitantes. “¿Qué turismo va a haber si no hay ni eventos culturales potentes, ni hostelería que aguante, ni atractivo urbano?”, lamenta otro testimonio.

Fracaso de un modelo político desconectado de la realidad

Mientras el equipo de gobierno del PRC-PSOE, encabezado por Javier López Estrada, anuncia inversiones en zonas verdes, parkings o “proyectos sostenibles”, la realidad juvenil se aleja cada vez más de esos discursos. No hay empleo, no hay vivienda, no hay ocio, no hay seguridad. Solo hay proyectos simbólicos que no tocan el fondo de los problemas.

Todo son anuncios para la foto. La ciudad no avanza, retrocede”, resume otro testimonio.

Una generación que se va… y no mira atrás

El resultado de esta situación es claro: éxodo juvenil silencioso. La generación que debería revitalizar Torrelavega se está marchando en busca de trabajo, vivienda y calidad de vida en otros lugares.

Cada joven que se va es un negocio que no abrirá, un alquiler que no firmará, una familia que no formará aquí. Cada salida resta futuro a una ciudad que, si no cambia su rumbo, camina hacia el estancamiento irreversible.

Torrelavega está en una encrucijada. Puede seguir ignorando el descontento de sus jóvenes, seguir apostando por políticas superficiales que no frenan la caída, o puede asumir la realidad: sin oportunidades, sin seguridad, sin vivienda, sin comercio, no habrá futuro.

No basta con plantar árboles ni con pintar líneas de colores en las calles. Hace falta reconstruir la ciudad de abajo arriba, pensando en quien más falta le hace: su gente joven. Hasta entonces, cada semana que pase, será una semana en la que Torrelavega se vacíe un poco más.

Comentarios