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El esfuerzo invisible: así impacta el precio de la vivienda en Cantabria

El esfuerzo económico necesario para acceder a una vivienda en la región aumentó un punto en el segundo trimestre, tanto en compra como en alquiler | A nivel nacional, nueve capitales ya superan el 30% de los ingresos familiares destinados al alquiler

Un hombre observa el escaparate de una inmobiliaria, donde se anuncian pisos en venta y alquiler. / Alerta
Un hombre observa el escaparate de una inmobiliaria, donde se anuncian pisos en venta y alquiler. / Alerta

Cantabria experimenta una nueva escalada en el coste relativo del acceso a la vivienda. A medida que los precios siguen subiendo y los salarios permanecen estancados, cada vez más familias cántabras y del resto del país deben destinar una proporción mayor de sus ingresos al pago del alquiler o de una hipoteca.

El fenómeno no es aislado ni reciente, pero los datos del segundo trimestre del año confirman que la presión financiera sobre los hogares continúa incrementándose, impulsada por una oferta limitada de viviendas y una creciente demanda en zonas urbanas y turísticas.

Aunque Cantabria se mantiene por debajo de la media nacional, el esfuerzo exigido se acerca ya a niveles que los expertos consideran críticos, especialmente en el caso del alquiler. En el segundo trimestre de 2025, el porcentaje de ingresos que los hogares cántabros deben destinar para adquirir una vivienda en propiedad se ha situado en el 18%, lo que representa un incremento de un punto porcentual respecto al mismo periodo del año anterior.

El alquiler, por su parte, requiere ya el 28% de los ingresos mensuales de una familia media en la región, también un punto más que hace un año.

Estos datos reflejan una tendencia sostenida de encarecimiento en el acceso a la vivienda en Cantabria, donde el desequilibrio entre la demanda y la oferta disponible continúa acentuándose. Aunque los porcentajes de esfuerzo económico registrados en la comunidad siguen por debajo de la media nacional —actualmente del 24% en el caso de la compra y del 38% en el alquiler—, el crecimiento interanual sugiere que esta diferencia podría reducirse si no se adoptan medidas estructurales.

Según datos recopilados por un conocido portal inmobiliario, la situación en Santander, capital de Cantabria, presenta una particularidad: a diferencia del conjunto regional, los niveles de esfuerzo necesarios tanto para alquilar como para comprar se han mantenido estables en comparación con el segundo trimestre de 2024.

En concreto, el esfuerzo para acceder a una vivienda en propiedad en la ciudad se mantiene en el 21%, mientras que el destinado al alquiler se conserva en el 26%. Esta estabilidad, sin embargo, no debe interpretarse como una señal de mejora, sino más bien como una muestra del estancamiento en una situación que ya es exigente para muchos hogares.

Desde el sector se atribuye este aumento del esfuerzo económico a varios factores combinados. Por un lado, la falta de una oferta suficiente de viviendas, tanto en el mercado del alquiler como en el de la compraventa, ha contribuido a un aumento sostenido de los precios.

Por otro, la falta de nuevas promociones residenciales en áreas con alta demanda ha dificultado la entrada de nuevos actores en el mercado y ha restringido la movilidad residencial de muchas familias. Las consecuencias de esta situación son múltiples: desde el alargamiento del tiempo que los jóvenes permanecen en el hogar familiar hasta la renuncia de muchas parejas a formar un hogar independiente.

Además, el incremento del esfuerzo para acceder a una vivienda no es exclusivo de Cantabria. En el conjunto de España, la situación del mercado del alquiler resulta especialmente preocupante. Nueve capitales de provincia superan ya el umbral del 30% de los ingresos familiares destinado al pago del arrendamiento mensual, una cifra que los expertos consideran el máximo recomendable para mantener un equilibrio financiero saludable en los hogares.

Barcelona encabeza esta lista, con un esfuerzo del 44% sobre los ingresos familiares. Le siguen Palma (43%), Málaga (42%), Valencia y Alicante (ambas con el 40%), Madrid (39%), Segovia (34%), San Sebastián (33%) y Las Palmas de Gran Canaria (32%).

Esta presión creciente sobre los arrendatarios está generando efectos colaterales en el mercado de compraventa, empujando a las familias con capacidad financiera a considerar la compra como una opción menos costosa a medio y largo plazo, incluso en contextos de tipos de interés altos.

En contraste con estas cifras, hay capitales de provincia donde el esfuerzo económico para el alquiler se mantiene por debajo del umbral recomendado. Entre las más asequibles se encuentran Ciudad Real (18%), Jaén (19%) y Teruel (19%). También se sitúan en niveles más bajos Melilla, Cáceres, Lleida, Palencia y Huesca, todas con un esfuerzo del 20%.

Estas diferencias territoriales evidencian la existencia de un mercado inmobiliario profundamente desigual, donde la localización geográfica determina en gran medida las posibilidades reales de acceso a la vivienda.

No obstante, las variaciones más notables no se observan solo en los valores absolutos, sino también en las tasas de crecimiento interanual. En ciudades como Segovia, Cuenca y Alicante, el esfuerzo económico para alquilar ha aumentado tres puntos porcentuales en apenas un año. Esta evolución apunta a un proceso de aceleración en la presión financiera sobre los arrendatarios en determinadas áreas urbanas y costeras.

Por otro lado, en nueve capitales se ha registrado una reducción del esfuerzo, siendo Barcelona, Palma y Santa Cruz de Tenerife las que más han mejorado, con una disminución de dos puntos porcentuales. Madrid, en cambio, experimentó un leve incremento de un punto.

A nivel provincial, los datos también muestran importantes contrastes. La provincia de Málaga registra el mayor nivel de esfuerzo para alquilar, alcanzando un 55% de los ingresos familiares. Le siguen Baleares (52%), Barcelona (42%), Valencia (39%), Santa Cruz de Tenerife (38%), Alicante (37%) y Madrid (37%). Estos porcentajes ilustran hasta qué punto el acceso al alquiler puede convertirse en un factor de exclusión para una parte creciente de la población.

Menor esfuerzo para comprar que para alquilar

El informe también destaca que, en la mayoría de las ciudades españolas, el esfuerzo necesario para adquirir una vivienda en propiedad es menor que el requerido para alquilar, una situación que contrasta con las dificultades tradicionales que implica el acceso al crédito hipotecario. La única excepción es San Sebastián, donde el porcentaje de ingresos destinado a la compra (37%) supera al exigido para el alquiler (33%).

Cinco capitales de provincia presentan niveles de esfuerzo superiores al 30% también en el mercado de compraventa: Palma (43%), Málaga y San Sebastián (37%), Madrid (36%) y Barcelona (31%). Aunque estos niveles son elevados, siguen siendo inferiores a los registrados en el mercado del alquiler en las mismas ciudades.

Otras capitales muestran cifras cercanas al umbral del 30%, como Alicante (29%), Santa Cruz de Tenerife (26%), Valencia, Cádiz y Granada (25%). Las capitales donde el esfuerzo para comprar es más reducido son Jaén (10%), Lleida (11%), Palencia (12%), Cuenca, Teruel y Huesca (13%).

Desde una perspectiva provincial, Baleares y Málaga comparten el liderazgo en esfuerzo económico para comprar, con un 44% de los ingresos familiares requeridos. Les siguen Santa Cruz de Tenerife (35%), Alicante (29%), Madrid (27%) y Las Palmas (26%). La provincia de Barcelona, en cambio, se sitúa en un nivel más bajo, con un 19%. Por el contrario, Ciudad Real, Jaén y Teruel se encuentran entre las provincias más accesibles para la compra de vivienda, con un esfuerzo del 10%.

Este panorama revela un patrón consistente: mientras que los precios de la vivienda continúan en ascenso y la oferta no logra responder a la demanda existente, las familias deben dedicar una proporción cada vez mayor de sus ingresos a garantizar el acceso a un hogar. Este fenómeno afecta no solo a los hogares con menores recursos, sino también a segmentos de clase media que hasta hace poco consideraban asequible tanto el alquiler como la compra.

Al mismo tiempo, las diferencias entre territorios siguen marcando el acceso desigual a la vivienda en España. Las zonas costeras, las grandes capitales y los destinos turísticos acumulan los mayores niveles de esfuerzo, lo que sugiere una correlación directa entre el dinamismo económico y el encarecimiento del mercado residencial.

Frente a este contexto, varios expertos coinciden en señalar que el sistema actual de acceso a la vivienda necesita una reforma profunda. Las medidas deben pasar por aumentar la oferta de vivienda asequible, desbloquear el suelo urbano para nuevas construcciones y diseñar políticas públicas que garanticen un acceso equitativo a un bien básico como es la vivienda. El debate sobre la intervención pública, los límites al alquiler turístico y la regulación del mercado sigue abierto, mientras miles de familias buscan soluciones a una situación cada vez más insostenible.

Mientras tanto, los datos reflejan una tendencia clara: el esfuerzo económico necesario para acceder a una vivienda, ya sea en propiedad o en régimen de alquiler, continúa creciendo en muchas partes de España. Cantabria, aunque aún por debajo de la media nacional, no escapa a esta dinámica. La presión sobre los hogares se intensifica, y la necesidad de respuestas estructurales se vuelve cada vez más urgente.

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