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Así se transformó Cantabria: lo verás en este sendero en medio de la naturaleza

¿Sabías que hace miles de años Cantabria estaba cubierta por robledales sagrados? En este sendero, cada paso revela cómo el paisaje fue cambiando hasta llegar a lo que ves hoy

Uno de los rincones del Sendero de los porqués. / A.E
Uno de los rincones del Sendero de los porqués. / A.E

Muy cerca de Santander, en el municipio de Camargo, existe un rincón mágico donde la historia, la naturaleza y la curiosidad infantil se encuentran en perfecta armonía: el Sendero de los Porqués. Una iniciativa singular que invita a recorrer los cambios del paisaje cántabro a través de los siglos, desde los robledales primitivos hasta la introducción de especies exóticas como el eucalipto. Un plan perfecto para disfrutar en familia, donde las preguntas encuentran su lugar en cada paso.

El Monte Litoral Sierra Parayas acoge este paseo tan peculiar. Situado en la Bahía de Santander, su acceso es sencillo gracias a la autovía S-10 que conecta la capital cántabra con Camargo, Maliaño y Astillero. Basta tomar la salida cinco, dirigirse hacia el Centro Comercial Riamar y, tras bordear el campo de fútbol Manolo Preciado, encontraremos la entrada al sendero, un pequeño tesoro natural rodeado sorprendentemente de zonas industriales.

Apenas iniciada la caminata, el visitante se adentra en un robledal silencioso y frondoso. Un contraste brutal con el paisaje urbano que se deja atrás, y que anuncia el verdadero espíritu del Sendero: comprender el pasado para entender el presente. La experiencia se convierte en un pequeño juego de exploración, sobre todo para los más pequeños, guiados por un nombre que despierta su innata curiosidad: ¿por qué?

Como rezaba el cartel a la entrada, recordando a Marco Tulio Cicerón, "el porqué de las cosas es siempre más interesante que las cosas en sí". Y precisamente en eso consiste esta ruta: en descubrir las razones profundas de las transformaciones del litoral cantábrico a lo largo de la historia.

A lo largo del sendero, seis grandes "porqués" narran la evolución del paisaje. El primero rememora la época en que los robledales dominaban la costa, tras la última glaciación, hace 12.000 años. Entonces, el bosque era mucho más que un recurso: era un espacio sagrado para las sociedades primitivas, que practicaban la "dendrocracia", un sistema donde los árboles, como el roble o el tejo, eran pilares de la vida comunitaria y espiritual.

Sin embargo, no todo permaneció inmutable. En el siglo XV, la demanda de madera para la construcción de barcos y cañones inició una brutal deforestación. La Sierra de Parayas, como tantos otros montes cantábricos, fue declarada "Monte Real", y sus árboles pasaron a ser propiedad de la Corona para alimentar los astilleros y las fábricas de artillería. Esta desaparición del bosque original, plasmada en el segundo porqué, marcó el inicio de una transformación radical.

Tras la tala indiscriminada, el terreno baldío se reconvirtió en paisaje agrario y ganadero, como explica el tercer porqué. Nuevos cultivos como el maíz, llegados de América, ocuparon las antiguas masas forestales, y los pastos para el ganado configuraron un nuevo rostro para el paisaje.

La Revolución Industrial añadió un nuevo capítulo a esta historia de cambios. La explotación minera, relatada en el cuarto porqué, dejó cicatrices visibles en el monte. La extracción de hierro y pirita para alimentar las fundiciones de Europa transformó el relieve natural. El Pozón del Montezuco, una laguna artificial formada por el lavado del mineral, es hoy un precioso rincón ecológico que sirve de epicentro al Sendero de los Porqués.

El paseo continúa bordeando esta laguna, descubriendo cómo, en la fiebre de modernización del siglo XIX y XX, especies foráneas como el eucalipto fueron introducidas masivamente. En busca de madera rápida y rentable, el eucalipto desplazó a los robles, encinas y hayas autóctonas, provocando una pérdida de biodiversidad difícil de revertir. Este proceso es el eje del quinto porqué del sendero.

Finalmente, el sexto porqué invita a reflexionar sobre el paisaje contemporáneo, donde la urbanización y la industria conviven, no sin tensiones, con la naturaleza. El Monte Litoral Sierra Parayas, hoy regenerado en parte gracias al esfuerzo de la Asociación Ría y cientos de voluntarios, es un símbolo de resistencia y esperanza.

El Sendero de los Porqués no es solo un paseo educativo. Es una llamada a la reflexión sobre nuestra relación con el entorno, un viaje a través de las huellas que generaciones humanas han dejado en el paisaje. En apenas dos kilómetros, se condensa toda una historia milenaria que sigue escribiéndose.

Para quienes buscan un plan diferente en familia, cerca de Santander, esta ruta ofrece no solo belleza natural, sino también conocimiento y conciencia. Porque, como nos recuerda cada paso, entender los porqués es el primer paso para cuidar aquello que aún podemos preservar.

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