turismo

Desde este mirador de Cantabria se ven cinco islas y los Picos de Europa

La Península del Dichoso. / A.S.P
Cantabria esconde joyas que no aparecen en las guías más turísticas. Entre acantilados, faros centenarios y estructuras olvidadas por el tiempo, se alza un lugar que lo tiene todo: historia bélica, vistas de vértigo y caminos que invitan a perderse

Enclavada en la costa occidental de Cantabria, la Península del Dichoso constituye uno de los enclaves naturales más emblemáticos de Suances. Situada en la parte oeste de la desembocadura de la ría de San Martín de la Arena, esta península no solo destaca por su riqueza paisajística, sino también por su importancia estratégica e histórica. Desde su punto más alto, conocido como “La Garita”, el visitante puede disfrutar de una de las panorámicas más espectaculares del litoral cántabro.

Un lugar cargado de historia

En La Garita se conservan los restos de una estructura circular de mampostería utilizada durante la Guerra Civil española para la defensa de la costa suancina. Estas antiguas troneras albergaban ametralladoras, convirtiendo este promontorio en un bastión militar desde el cual vigilar el mar Cantábrico. Hoy, en lugar de trincheras y armas, se impone la belleza de un horizonte abierto que permite ver los Picos de Europa, la costa de Miengo, la Isla de los Conejos, la playa de Los Caballos y la propia desembocadura de la ría.

Anexo a este espacio se encuentra Piedra Blanca, un saliente rocoso conectado a la península por un pequeño paso, fácilmente reconocible por el blanco intenso de la roca caliza que lo forma. Ambos espacios están recorridos por senderos señalizados que invitan a paseos tranquilos y respetuosos con el entorno.

El Faro de Suances: guía luminosa entre leyendas y naufragios

Muy próximo a la península se alza el Faro de Suances, sobre los restos de una antigua atalaya marinera. En tiempos pasados, un atalayero ofrecía su luminaria a los barcos que zarpaban de noche, guiándolos desde tierra firme. Esta figura fue el precursor de la infraestructura que hoy sigue marcando el ritmo de entrada a la ría de San Martín.

Construido en el marco del primer plan de alumbrado marítimo de 1861, el faro fue encendido por primera vez en 1863, inicialmente con lámparas de aceite. Hoy, la torre alberga una linterna giratoria de 2,25 metros de diámetro que emite destellos de luz blanca con un alcance de 22 millas. La frecuencia de su luz, de uno o dos destellos cada 24 segundos, ayuda a la navegación de embarcaciones y señala la ubicación de las cinco islas cercanas a la Punta del Cuerno, en Cuchía.

Este faro guarda también momentos memorables en su historia: el 17 de noviembre de 1880, el farero rescató a siete náufragos del bergantín italiano “Francesclinio”, que naufragó frente a sus costas mientras transportaba carbón desde Cardiff. Además, fue visitado por el rey Alfonso XII y la reina María Cristina de Habsburgo, lo que añade un valor simbólico al edificio.

El Torco: fortaleza del siglo XVIII reconvertida en centro cultural

Desde la península también se contempla la batería defensiva del Torco, una construcción del siglo XVIII cuya primera mención documental se remonta a 1763. Su diseño en forma de abanico facilitaba en su tiempo las maniobras de artillería, con una explanada abierta que dominaba el frente costero.

Hoy, este edificio ha sido restaurado y convertido en galería de arte. Además, sirve como sede de los cursos de verano de medio ambiente impartidos por la Universidad de Cantabria, transformando un espacio de defensa en un enclave para la reflexión, la cultura y la educación.