pueblos de cantabria

¿Sabías que un cántabro asaltó el Támesis antes que nadie? La historia comienza en este valle

Un ejemplo de casona Solariega. / A.S.B.
Mucho antes de que Cantabria fuera Cantabria, ya existía una comunidad tallando bisontes en roca, construyendo torres de defensa y enviando capitanes al otro lado del océano

Enclavado en el corazón de Cantabria, en el verde valle del Besaya, San Felices de Buelna guarda entre sus montañas, sendas y casonas el legado de un pasado tan remoto como fascinante. Antiguo señorío de Inés de la Vega, esta tierra fue parte del vasto dominio de los Manrique, marqueses de Aguilar y condes de Castañeda, hasta la transformación política que trajo consigo el régimen municipal en el siglo XIX.

Hoy, este municipio no solo es un enclave estratégico próximo a Torrelavega y a empresas emblemáticas como Sniace o Solvay, sino un auténtico refugio cultural e histórico, donde las huellas del medievo y de la prehistoria se funden con la vida cotidiana de sus gentes.

Un paraíso del arte rupestre: la Cueva de Hornos de la Peña

En la localidad de Tarriba se alza uno de los santuarios prehistóricos más destacados del norte peninsular: la Cueva de Hornos de la Peña, declarada zona arqueológica y monumento histórico-artístico en 1924 y Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 2008. En su interior, el visitante se sumerge en un mundo de más de 30.000 años de historia, donde grabados de caballos, bisontes, uros, cabras y ciervos —algunos de sorprendente naturalismo— narran la relación íntima entre los primeros pobladores y el entorno.

Su vestíbulo, bañado por la luz solar y ocupado por los últimos neandertales y primeros Homo sapiens, fue espacio de vivienda y refugio incluso durante la Guerra Civil española. Pero lo más impactante es su interior, al que se accede por un estrecho pasadizo que conduce a un universo de arte y misterio: un antropomorfo con brazo levantado y cola animal, símbolo de un pensamiento simbólico que aún hoy desconcierta a los expertos.

Torre de Pero Niño: la fortaleza del caballero invencible

En Llano, entre robles y senderos, se levanta imponente la Torre de Pero Niño o de la Aguilera, emblema del municipio y ejemplo soberbio de arquitectura gótica militar del siglo XIV. Esta fortaleza fue residencia del célebre Pero Niño, conde de Buelna y almirante que combatió a los ingleses remontando el Támesis. En su interior, una cuidada exposición permanente nos traslada a la vida cortesana y guerrera de la Baja Edad Media, con audiovisuales, hologramas y la guía narrativa del alférez Gutiérrez Díez de Games, autor de El Victorial.

La torre se convierte así en un centro de interpretación de un tiempo de gestas y honor, donde el arte de la guerra y la diplomacia se conjugaban con la cortesía y la estrategia.

La senda mitológica del Monte Tejas y el abrazo de la naturaleza

Más allá de su historia, San Felices de Buelna invita a caminar, a dejarse llevar por sus sendas, montes y parques, como la Senda Mitológica del Monte Tejas, un espacio familiar que aúna naturaleza y leyenda, donde duendes, brujas y criaturas cántabras cobran vida entre robledales y helechos.

La diversidad de su entorno permite excursiones de montaña, rutas culturales y el descubrimiento de joyas arquitectónicas que, más allá de su valor estético, son testimonio vivo del esplendor de siglos pasados.

Casonas solariegas: la nobleza escrita en piedra

El municipio está sembrado de casonas solariegas, muchas de ellas testigos de historias de hidalgos, navegantes, regidores y marqueses que dejaron su huella en el urbanismo y la memoria local. Algunas de las más destacadas son:

  • En Sovilla, el Regajal de la Cruz vio nacer en 1678 al Marqués de Monte Castro y Llana Hermosa, general del Galeón de Manila. A escasos metros, en el Corrillejo, residió Don Francisco González de Quijano, caballero de Calatrava y también general de galeones.

  • En Balapuente, la opulencia de la familia González de Quijano se traduce en joyas como collares de esmeraldas y rosarios de oro.

  • La Casona de Mata, conocida como La Cavada, fue cuna del primer Conde de Las Bárcenas, comerciante afortunado y político distinguido.

  • Rivero, por su parte, alberga propiedades como la de Don Juan de Campuzano, capitán de granaderos en 1731, o la de Don Francisco González de Quijano y Guerra, destacado miembro del comercio ultramarino y caballero de la Orden de Calatrava.

  • En Tarriba, encontramos casas como la del licenciado Don Luis Basilio, inquisidor en la Nueva España, o la del Capitán Don Francisco Díaz de la Fuente, regidor y alcalde del antiguo Valle de Buelna.

Cada piedra, cada escudo labrado, cada viga tallada, habla de un tiempo en el que San Felices de Buelna era cuna de linajes, epicentro de poder y espejo del esplendor cántabro en los tiempos del comercio atlántico y el Imperio español.

San Felices de Buelna es mucho más que un pueblo. Es una experiencia integral, una cápsula del tiempo, un punto de encuentro entre historia, naturaleza y tradición. Desde los grabados milenarios de la prehistoria, pasando por la épica medieval, hasta los testimonios barrocos de sus casonas, cada rincón invita a descubrir, reflexionar y admirar. En sus caminos se percibe el eco de un pasado ilustre que, lejos de desvanecerse, sigue latente y orgulloso entre montañas y valles.