¿Paseas por este lugar de Suances? Estás caminando sobre un fuerte del siglo XIX
Pocos turistas lo imaginan al caminar por la Punta del Dichoso, pero hace dos siglos ese promontorio costero albergaba soldados, cañones y miedo a la invasión
En la Punta del Dichoso, ese promontorio rocoso donde los acantilados se abren al Cantábrico y desde el que se contemplan los vientos del norte, aún descansan los vestigios de un fuerte militar del siglo XIX.
No tiene cañones, ni bandera, ni cartel turístico. Pero bajo la maleza y entre las rocas aún se distinguen los restos de muros, plataformas y parapetos, parte de un sistema de defensa costera que, en su momento, tenía un objetivo claro: vigilar el mar ante cualquier amenaza exterior.
Este fuerte, hoy casi borrado de la memoria colectiva, fue construido entre 1812 y 1825, en el contexto de la Guerra de la Independencia contra Napoleón y los conflictos posteriores con potencias extranjeras. La costa cántabra, con sus entradas naturales y bahías abrigadas, era vulnerable a incursiones marítimas, contrabando y desembarcos inesperados.
La existencia del fuerte está registrada en el Archivo General Militar de Madrid y en varios planos levantados por el Estado Mayor del Ejército, dentro de la estrategia de fortificación de puntos clave del litoral atlántico.
Los documentos indican que se trataba de una batería ligera, con capacidad para una o dos piezas de artillería de calibre medio, y alojamientos básicos para una dotación de entre 10 y 15 soldados, que rotaban cada tres semanas.
El fuerte de Suances formaba parte de una cadena de pequeños puntos de vigilancia y fuego cruzado entre Castro Urdiales, Santoña, Laredo, Santander y Comillas. Su función era disuasoria y de aviso, más que de combate directo.
Construcción: piedra local, artillería desmontable y una posición privilegiada
El emplazamiento del fuerte no fue casual: la Punta del Dichoso ofrece visibilidad directa sobre toda la entrada de la ría de San Martín, así como sobre la costa de Miengo y parte de la bahía de Santander.
El fuerte se construyó con piedra caliza local, sin grandes alardes arquitectónicos, pero con criterios militares: muros bajos, parapetos semicirculares y plataformas para el asentamiento de cañones desmontables.
En las crónicas del Cuerpo de Ingenieros del Ejército se menciona que la batería disponía de cañones de 6 y 8 libras, traídos desde Santoña, y que el armamento se desmontaba fuera de campaña para evitar robos o deterioro por la sal marina.
Vida militar: entre la niebla, la sal y el silencio
Los soldados destinados al fuerte vivían en condiciones muy básicas: una barraca de madera techada, aljibe para recogida de agua de lluvia, y turnos de vigilancia diarios.
El fuerte no contaba con polvorín subterráneo, sino con una caseta de madera separada, para almacenar la pólvora en condiciones de seguridad.
Testimonios recogidos en documentos del siglo XIX mencionan la soledad, el frío y el aislamiento como las principales quejas de los militares asignados a Suances, junto con los problemas de humedad en la munición y las dificultades de relevo en días de temporal.
Declive y abandono: el siglo XX borra la memoria militar
Con la estabilización política de finales del XIX y la mejora de los medios navales, la función del fuerte quedó obsoleta. En 1898, tras la Guerra de Cuba, el Ejército desmanteló buena parte de sus defensas costeras secundarias, incluyendo la de Suances.
Las piezas de artillería fueron trasladadas a depósitos del puerto de Santander, y la infraestructura fue abandonada a su suerte, sin reutilización civil ni conversión a uso turístico o histórico.
Durante la Guerra Civil Española, el lugar fue brevemente utilizado como punto de observación, y se reforzó con trincheras rudimentarias, aún visibles en parte junto al antiguo fuerte.
Lo que queda: muros, musgo y un legado bajo la maleza
Hoy, en la Punta del Dichoso, quedan fragmentos del muro perimetral, parte de la plataforma de tiro y restos de un parapeto de protección lateral.
No hay señalización turística ni programa de conservación activo, aunque algunos estudios arqueológicos locales han propuesto su inclusión en la red de fortificaciones históricas del Cantábrico.
Quienes conocen el lugar, guías locales y senderistas expertos, aún señalan la forma del recinto, el ángulo de tiro sobre la ría y los restos de mampostería, que resisten desde hace dos siglos al viento y a la desmemoria.
El fuerte de Suances es una historia escrita en piedra, humedad y salitre. Un lugar donde la historia bélica y la geografía se funden, recordándonos que los paisajes que hoy disfrutamos con calma fueron, en otro tiempo, puntos estratégicos de defensa, sacrificio y vigilancia.
Quizá algún día la Punta del Dichoso cuente su historia con un panel, una guía o una ruta. Pero mientras tanto, quien camina atento aún puede oír, entre el viento y las olas, el eco de los soldados que allí esperaron mirando al mar.