28.11.2021 |
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SINFÍN 19 - 27 TORRELAVEGA

Vendaval naranja en La Albericia

El Torrelavega pasó por encima del Sinfín y ganó el derbi con tremenda autoridad | El equipo de Álex Mozas impuso su estilo y su ritmo anulando las mejores virtudes de su rival | Calle detuvo casi el 50% de los lanzamientos

Los torrelaveguenses se llevaron el primer derbi cántabro en ASOBAL, desde hace 35 años, con una victoria en La Albericia ayer,
ante un Sinfín que se vio superado prácticamente de inicio a fin. / HARDY
Los torrelaveguenses se llevaron el primer derbi cántabro en ASOBAL, desde hace 35 años, con una victoria en La Albericia ayer, ante un Sinfín que se vio superado prácticamente de inicio a fin. / HARDY
Vendaval naranja en La Albericia

El día que el Balonmano Torrelavega pasó como un vendaval por La Albericia y se llevó el pabellón a casa. Así quedará para el recuerdo el 23 de octubre del 2021. Incluso el parqué, habitualmente de color azul, se tiñó ayer de naranja porque sólo un equipo se presentó al derbi cántabro. Y no fue el de casa. Es probable que nunca antes se sintiera el Sinfín tan inferior y, sobre todo, tan impotente en su propia casa. No le funcionó nada y perdió por ocho goles pero dando gracias por haber maquillado el marcador, ya que los hombres de Álex Mozas llegaron a romper la psicológica barrera de los diez. ¡Qué bien se lo pasaron!

No sólo estaba anunciado ayer un duelo entre paisanos, sino también una pelea de estilos, de dos maneras de entender el balonmano. Los del Besaya querían correr y los de la capital tomárselo con más calma, que las jugadas, tanto en un área como otra, se maduraran, pero no hubo manera. Se comieron los plátanos verdes. Los hombres de negro no lograron encontrarse a sí mismos en toda la contienda. Y fue sobre todo en ataque donde les costó sentirse poderosos porque carecieron de ideas, frescura, alternativas, lanzamiento o contragolpe. No encontraron a sus extremos y tampoco al pivote, esa figura tan fundamental para el Sinfín. Vivió de las aventuras de Xavi Castro, tan atrevido como irregular. No hubo noticias de Zungri, ni de Ramiro, ni de un mermado Dija y tampoco de Perbela, el último hombre invitado a la fiesta.

Víctor Montesinos afrontó el encuentro con la firme intención de dar galones al lateral brasileño. Su equipo le buscó pero él no respondió. Otro día será. O eso espera su equipo, ya que su carta de presentación no resultó nada positiva. Y eso que amenazó con todo lo contrario, ya que el primer gol de la tarde llevó su firma. Uno de uno. Bien. Buenas noticias. Sin embargo, los cuatro siguientes lanzamientos los falló para terminar la contienda con cuatro goles en diez intentos. La novatada siempre hay que pagarla.

Mientras el Sinfín sufría, el Balonmano Torrelavega la gozaba al ver que se estaba jugando a lo que él quería y al ritmo que él quería. Álex Mozas se imaginó durante toda la semana un plan de partido que se hizo realidad a la hora de la verdad. Lo soñado para todo entrenador. Consiguió anular el ataque de los hombres de negro empezando por una portería inmejorable que, una vez más, volvió a convertir en estrella a Carlos Calle. El meta madrileño acabó la contienda con quince paradas y un 48% de efectividad. Fue él, de hecho, quien comenzó a poner de los nervios a los lanzadores locales en los primeros compases del encuentro, tras las dos primeras y únicas ventajas del Sinfín en todo el partido (1-0 y 2-1). A partir de ahí, el guardameta naranja bajó la persiana y se acabó la discusión.

El atasco de los anfitriones comenzó a los dos minutos y 32 segundos. Pla anotó el segundo para los suyos pero hubo que esperar cinco minutos para que Xavi Castro anotara el tercero. Todo se les volvió oscuro a los hombres de negro, incapaces de encontrar un camino por el que avanzar en la fuerte, compacta y bien construida retaguardia naranja, que se crecía con cada demostración de impotencia del Sinfín. El apagón quedó patente al llegar al descanso con sólo nueve goles. Tras el paso por vestuarios y la charla del entrenador, todo el mundo esperaba una reacción que no llegó. Sí reforzó el equipo de la capital su defensa gracias también a las actuaciones de Pau Guitart (13 paradas), pero no sacó partido de ellas porque siguió sin hacer daño en el área contraria. El animal acabaría muriendo sin dar siquiera un coletazo que sembrara de incertidumbre los sueños torrelaveguenses.

Mozas se conocía de memoria al equipo que tenía delante. Y sabía dónde podía hacerle daño. Había que correr, llegar en seguida al área rival para impedir que el Sinfín construyera su defensa. Por eso prácticamente dio igual que Monesinos levantara un 6-0 que un 5-1, ya que antes de poner el primer ladrillo en el muro que quería levantar, su rival ya había lanzado a portería. Se despegó del marcador con veloces acciones ofensivas que buscaron la parcela central del área, por donde a Diego Muñiz apenas le daba tiempo a situarse.

Dio la impresión de que el bando naranja no aprovechó del todo el bloqueo ofensivo de su rival en los primeros compases de la historia porque éste logró empatar a cinco alimentado, sobre todo, por los goles de Xavi Castro, que fue el único que anotó por parte de su equipo entre los minutos dos y veintiuno, cuando por fin el Sinfín encontró a Herrero Lon. Así es muy difícil. El catalán anotó cinco de los nueve tantos que marcó su equipo en los primeros treinta minutos y, en el fondo, eso convierte en previsible a un equipo.

Sólo el de Terrasa levantó la mano para solucionar los problemas en ataque de los hombres de Montesinos. Éste vio que se le iba el partido y pidió su primer tiempo muerto a los quince minutos y el segundo a los dieciocho, lo que da muestras del descontrol que intuía sobre el parqué. Lo intentó dando entrada a Óscar García, a Basualdo, a Guitart o a Roca pero la reacción no llegaba. Quizá sólo la aparición de Leo Alonso para formar en 5-1 atrás sumó al menos carácter al trabajo defensivo de los hombres de negro, pero con eso no basta.

Mientras que el Sinfín dependía de un solo jugador para intentar marcar, en el Balonmano Torrelavega acabaron hasta doce jugadores anotando al menos un gol. Todo parecía fácil para los de naranja, pero conseguir eso es muy difícil. Pronto percibieron que tenían en su mano su tercera victoria consecutiva, todo un logro para un debutante en Asobal. Ya tiene seis puntos y a otros cuatro que pueda sumar en lo que queda de primera vuelta, ya se podrá comer el turrón con la certeza de haber hecho los deberes. Jugando como ayer, a buen seguro que todo será más fácil.

Llegaron los hombres de Álex Mozas al descanso doblando casi a su rival (9-17). Es algo que terminarían logrando en el tramo inicial del segundo tiempo, pero, no satisfechos con ello, incluso alcanzaron los diez goles de renta, la cual llegó a ser de un máximo de once (15-26). Apostó Víctor Montesinos por limitar al máximo las apariciones de Herrero Lon en el segundo tiempo. La bien cerrada retaguardia naranja le había impedido entrar casi en contacto con el balón en los primeros treinta minutos y el precio que estaba pagando el Sinfín por ello era muy caro, ya que la tremenda capacidad para correr del Balonmano Torrelavega impedía cerrar la puerta a tiempo. Por esa razón, para ahorrarse ese cambio defensa - ataque, dobló Muñiz en ambas áreas. La maniobra se notó en defensa pero también en ataque.

Soñaron los de la capital con una reacción tras firmar su mejor parcial en toda la tarde, que fue de 3-0 pasando del 10-20 al 13-20. Para entonces, aún había tiempo de soñar. Álex Mozas pidió tiempo muerto pero los goles de Cagniani y Prieto volvieron a poner las cosas en su sitio para los suyos. Este último, que volvió a la cancha en la que debutó en Asobal, marcó tres goles en otros tantos contragolpes de libro que tanto le costó fabricar al Sinfín. Sólo Pla logró anotar tras carrera, el segundo de ellos encimado por dos defensores que le impidieron lanzar con comodidad. Fue la imagen perfecta que sirvió para ilustrar todo lo que al Sinfín le costó marcar cada uno de sus goles y lo aparentemente fácil que lo hizo su rival. Porque el Balonmano Torrelavega no sólo ganó ayer en La Albericia, sino que disfrutó como pocos lo han hecho allí. Le dio tiempo a ello porque jugó prácticamente todo el segundo tiempo con la total seguridad de que iba a ganar el partido.

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