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¿Un pueblo de menos de 500 personas con 250 cuevas? Existe, y está en Cantabria

Iglesia de San Pelayo, Arredondo. / A.S.
Desde torres soñadas por indianos hasta cuevas subterráneas que se extienden por kilómetros, este pequeño gran pueblo lleva siglos mirando más allá del horizonte

Arredondo no es solo un pequeño y pintoresco municipio cántabro enclavado en la comarca del Asón-Agüera, es también un nombre lleno de historia, curiosidades y apodos que resumen siglos de emigración, patrimonio, naturaleza y orgullo local.

Situado a los pies del puerto de Alisas, bañado por los ríos Asón y Bustablado, y rodeado de un impresionante paisaje calizo, Arredondo alberga apenas 477 habitantes. Pero lo que le falta en población, lo compensa en carisma y legado. Tanto es así que el pueblo ha llegado a proclamarse con humor y afecto como “la capital del mundo”, un sobrenombre que luce en una placa de cerámica colocada a la entrada del casco urbano.

¿Por qué la Capital del Mundo?

Este curioso título tiene su origen en el siglo XIX, cuando un número considerable de vecinos de Arredondo emigró a América, sobre todo a países como México, Cuba o Argentina, en busca de fortuna. A estos emigrantes exitosos que regresaban con grandes riquezas se les conoció como “indianos”. Su vuelta al pueblo natal solía ir acompañada de gestos de ostentación, filantropía y mecenazgo: casas majestuosas, iglesias, escuelas, fuentes… y, en el caso más famoso de todos, una torre de piedra de varios pisos desde la que, según cuenta la leyenda, su dueño soñaba con ver el mar. La construyó el indiano Antonio Gutiérrez Solana, y se alza al lado de la monumental iglesia de San Pelayo Mártir, de estilo neoclásico.

Esta iglesia, junto con la ermita rupestre de San Juan de Socueva (siglo X), forman el principal patrimonio artístico del municipio, ambos declarados Bien de Interés Cultural. La ermita, excavada en la roca en un farallón calizo, es uno de los templos rupestres más antiguos del norte peninsular y conserva restos de un altar visigodo.

Un paraíso para la espeleología

Más allá de su historia y sus monumentos, Arredondo es uno de los epicentros europeos del turismo espeleológico, con más de 250 cavidades catalogadas. Destacan sistemas tan impresionantes como el Cueto-Coventosa, que con sus más de 30 kilómetros de desarrollo es el tercero más largo de Cantabria. Este universo subterráneo convierte al municipio en un paraíso para exploradores, científicos y amantes de la naturaleza más desconocida.

Tradición y artesanía

No todo en Arredondo está bajo tierra o construido por indianos. La artesanía tradicional tiene un nombre propio: los cuevaneros, artesanos de cuévanos, esas cestas de madera y mimbre que forman parte de la historia rural cántabra. Fabricarlas es un arte que se transmite de generación en generación y que aún sobrevive como símbolo del orgullo local.

Naturaleza que asombra

El entorno natural que rodea Arredondo es ideal para los que buscan tranquilidad, caminatas y una inmersión plena en la montaña cántabra. Cumbres como Peñas Rocías o el ya mencionado Porracolina dominan un paisaje donde los ríos, los hayedos y los caminos rurales se combinan con pueblos pequeños y acogedores.

Fiestas con identidad

Arredondo conserva un calendario festivo repleto de celebraciones de profundo arraigo local:

  • 1 de junio: San Íñigo, fiesta declarada de Interés Local.

  • 13 de junio: San Antonio, en Asón.

  • 24 de junio: San Juan, en Socueva.

  • 26 de junio: San Pelayo, patrón de la localidad.

  • Segundo sábado de agosto: Fiesta del Turista, pensada para dar la bienvenida a los visitantes estivales.

  • 30 de agosto: Los Mártires, también en Arredondo.

  • 1 de noviembre: Feria del Año de Todos los Santos, una de las ferias ganaderas más importantes del norte peninsular, especialmente centrada en el ganado caprino, donde cada año se reúnen más de 2.000 animales.

Un pueblo con alma indiana

Arredondo no es grande en habitantes, pero es inmenso en carácter. Su historia, sus paisajes, su red de cuevas y su vínculo con el fenómeno indiano le confieren un lugar especial en el mapa de Cantabria. No es exagerado decir que este pueblo, que una vez miró al Atlántico para encontrar su futuro en América, sigue mirando al mundo con la misma ambición tranquila y noble que lo llevó a ganarse, con humor pero también con orgullo, el título de “la capital del mundo”.