Motines y represión sacuden las cárceles cubanas

Organizaciones de derechos humanos denuncian respuestas violentas por parte de las autoridades penitenciarias
El presidente de Cuba, Miguel Diaz-Canel. / EP
El presidente de Cuba, Miguel Diaz-Canel. / EP

Las prisiones de Cuba, históricamente conocidas por sus condiciones deplorables, atraviesan una de sus peores crisis. Motines, huelgas de hambre, torturas y represión sistemática marcan el panorama actual dentro del sistema penitenciario cubano, convertido en escenario de desesperación y resistencia.

La prisión de Canaleta, ubicada en Ciego de Ávila, ha sido uno de los principales focos de esta nueva ola de protestas. Internos desesperados se han alzado contra las condiciones infrahumanas que enfrentan: carencia total de alimentos, falta de atención médica y violencia constante por parte de los funcionarios penitenciarios. Testimonios directos revelan que los carceleros recurren a la fuerza extrema para sofocar los brotes de rebelión, lo que ha multiplicado el temor dentro de los muros.

El activista y expreso político Ángel de Fana, presidente de la organización Plantados, ha recibido audios filtrados desde Canaleta que confirman el grado de represión ejercido. La situación ha sido calificada por observadores internacionales como una nueva fase de colapso estructural del régimen carcelario cubano.

Por su parte, la escritora y presa política María Cristina Garrido, una de las voces más reconocidas de la disidencia, ha denunciado a través de sus familiares que los presos políticos reciben exclusivamente galletas y agua, y que a muchos se les niega el acceso a las llamadas "jabas" con alimentos enviados por familiares. Garrido, autora del libro Voz Cautiva, fue encarcelada tras las protestas del 11 de julio de 2021 junto a su hermana Angélica. Ambas cumplen condenas severas.

Garrido relata que sus carceleros vigilan constantemente si está escribiendo o leyendo la Biblia. "Mientras ustedes más me torturen, más voy a escribir", les responde. Esta firmeza ha convertido a la poeta en un símbolo de resistencia dentro del presidio político cubano.

Otra figura central en este drama es Lizandra Góngora, madre de cuatro hijos, también presa del 11J. Su situación dentro de la cárcel es crítica, según ha informado Garrido, y su caso refleja el uso sistemático de la prisión como castigo a madres y familias completas que se atrevieron a protestar.

La violencia estructural en las prisiones cubanas no es nueva. En el pasado, nombres como Pedro Luis Boitel y Orlando Zapata Tamayo se sumaron a la lista de opositores muertos tras huelgas de hambre o torturas. El documental Nadie escuchaba (1988), dirigido por Néstor Almendros y Jorge Ulla, recoge de forma conmovedora los testimonios de esta represión histórica, que sigue vigente.

Hoy, los motines están siendo sofocados con técnicas represivas similares. Las autoridades cubanas niegan los hechos o los minimizan, mientras las madres de los presos mantienen huelgas de hambre y campamentos improvisados fuera de los recintos penitenciarios, como en Zona 7, convertidos en símbolo de la lucha por la libertad en la isla.

Las reacciones internacionales han sido limitadas. Mientras se enfatiza la situación de los presos en otras partes del mundo, los presos políticos cubanos apenas reciben cobertura. La disidencia denuncia que se trata de una doble moral diplomática, donde la represión comunista es relativizada o ignorada.

Desde el exilio, el opositor Antonio Ledezma ha denunciado que la "amnistía" del chavismo en Venezuela es una farsa, y que Cuba representa el modelo más extremo de ese tipo de dictadura. Por su parte, el activista Pedro Urruchurtu, "canciller en la sombra" de la oposición venezolana, afirmó: "No liberan a los presos políticos porque no les da la gana, no porque necesiten una ley. La ley es una excusa para distraer y manipular".

La realidad es que Cuba vive un alzamiento carcelario silenciado, invisibilizado por una narrativa internacional que raramente condena al régimen cubano con la misma fuerza que a otros. Sin embargo, la dignidad de los presos, muchos de ellos artistas, madres, obreros y jóvenes, no ha sido vencida. Desde lo más profundo de las celdas oscuras, siguen enviando mensajes de libertad al mundo.

"Los cubanos venimos del futuro", dijo Reinaldo Arenas. Y en ese futuro, la memoria de quienes resisten desde las prisiones, como Garrido o Góngora, seguirá viva mientras exista alguien dispuesto a escuchar.

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