Gobierno sanchista: ¡Qué vergüenza!
No es la semana "horribilis" para el PSOE y el Gobierno. Es el largo otoño de bochorno y vergüenza que aflige a los ciudadanos ante el espectáculo de corrupción y machismo al que asisten.
Es el sálvese quien pueda; es Pilar Alegría, justificando su almuerzo con Salazar, conociendo ya las denuncias de acoso sexual.
Es María Jesús Montero, asegurando que no conocía al detenido ex presidente de la SEPI, Vicente Fernández, a quien ella colocó en el cargo.
Es la secretaria de organización del PSOE, Rebeca Torró, quien, tras varios días desaparecida, comparecía en Ferraz para justificar, con excusas inverosímiles, el que no se hubiera escuchado a las víctimas de tanto repugnante machirulo.
Curiosamente, Pedro Sánchez, que había convertido a Francisco Salazar en su "hombre de confianza", le consultó los cambios en Ferraz, tras la caída de Cerdán, y le nombró el segundo de Rebeca Torró.
O sea, el que mandaba en la sombra.
¿Cómo iban a salir a la luz las denuncias de su bragueta abierta, sus presiones y sus castigos, si era el "jefe" en Moncloa y en Ferraz?
Y la vergüenza no se apaga, sino que crece, al ver que cada día salen nombres nuevos, siempre en cargos públicos, que creían tener derecho de pernada sobre sus subordinadas y que todo el mundo lo sabía.
Lo sabían, pero no hicieron nada.
Como ahora tampoco van a denunciar a la fiscalía las contundentes pruebas que se habían "extraviado" durante meses.
De los corruptos, los que están en la cárcel y los que están fuera, quedan los implacables informes de la UCO.
Se comprende también el interés de la fontanera, Leire Díez, por desprestigiar a la unidad de información de la Guardia Civil, para salvaguardar los negocios de Cerdán, y los suyos.
A Yolanda Díaz no le ha quedado más remedio que salir exigiendo cambios en el Gobierno, como solución para que los escándalos no les salpiquen.
Cuando que lo ético, lo valiente, sería salir del Ejecutivo.
Pero no se atreven, váyase a saber cuándo vuelven a tocar poder.
Y Abascal, que se ha convertido en el adalid de la defensa de las mujeres —ellos, que niegan la violencia de género—, pide a Feijóo una moción de censura.
Así nos va.