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El Diario de Cantabria
Victoria Lafora
12:07
29/03/20

La puntilla

La Unión Europea, que todavía no ha solventado los costes emocionales y económicos del Brexit, se enfrenta ahora, dividida una vez más, a la pandemia del coronavirus.

Nuevamente, como en 2008, una invisible línea separa al norte del Sur. Otra vez, países como Holanda o Alemania, a los que el Covid 19 no ha llegado -de momento- en su máxima virulencia, se niegan a socializar la futura crisis económica y pagar lo que consideran despilfarro en el gasto y los recursos. En Holanda, expertos critican el esfuerzo de España e Italia por salvar a los mayores de setenta años a los que, una vez infectados, "habría que dejar morir en casa". La respuesta no le ha llegado de ninguno de estos dos Gobiernos si no del presidente portugués, Antonio Costa, quien, enfatizando la separación de silabas, lo ha calificado de "re-pug-nan-te"

Pero tampoco la canciller Ángela Merckel está dispuesta a dar el visto bueno a los eurobonos, que permitirían la financiación de los diferentes Estados con el respaldo de todos, mientras su Gobierno retiene y acumula material sanitario que los países más afectados necesitan con urgencia.

Dicen que el mundo que hemos conocido no será igual después del coronavirus. Y puede que la UE, tal como es ahora, sea una de las grandes perdedoras. Porque, si no sirve como casa común ante la peor epidemia en cien años, ¿para qué sirve? Si, además, tampoco dio respuesta a las crisis de los refugiados, si se consintió que los populistas de extrema derecha del Este, como Hungría, se negaran a aceptar ningún cupo. Si Francia cerró sus fronteras terrestres con España cuando los cayucos llegaban a decenas a las costas de Andalucía. Si Grecia se ha convertido, después de los salvajes recortes impuestos por Bruselas, en un inmenso campo de refugiados de familias huidas de la guerra en Siria, ¿para qué sirve la Unión Europea?

La presidenta de la Comisión , Úrsula von der Leyen, (antigua ministra de Defensa Alemana) acusaba en el Parlamento Europeo a países como Francia o el suyo propio, por negarse a compartir el material médico con una Italia desbordada por los contagios y las muertes . "¿Nos dividirá este virus definitivamente entre ricos y pobres"? Se preguntaba.

Para Von der Leyen existe un "enemigo invisible que pone a prueba los valores fundamentales de la UE". De momento, de esa prueba se está saliendo muy mal. Y, si a la presidenta de la Comisión le crea desasosiego, no es difícil imaginar la percepción que tienen los ciudadanos del Sur de Europa sobre la solidaridad de resto de los "socios" y la necesidad de mantener la costosa infraestructura de las instituciones comunitarias, ante su insolvencia, cuando llegan los momentos de catástrofe.

No queda mucho tiempo para evitar que el Covid 19 dé la puntilla a la UE como organización política.

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