Fútbol y Puigdemont

mar, 30 dic a la(s) 16:31
hazlo en caricatura editorial para un periodico
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vie, 2 ene a la(s) 13:34
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Imagen creada
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Ayuso irrumpe entre los Reyes Magos

Ayuso irrumpe entre los Reyes Magos

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Vamos a transformar esa frase en una caricatura editorial política con tono irónico:

🎨 Descripción para la caricatura:

Escena principal: Pedro Sánchez (caricaturizado con sonrisa amplia y expresión triunfante) aparece construyendo una casa con ladrillos. En cada ladrillo se leen palabras como: "polarización", "amnistía", "independentismo", "división", "pactos polémicos".
Encima de la casa: un gran cartel con el logo de VOX, que se va levantando poco a poco.
Abajo a un lado: Santiago Abascal (líder de VOX), observa con gesto relajado, tomando café y diciendo:
— “Gracias, presidente. ¡Así da gusto!”
Texto destacado al pie o como titular en la viñeta:
🗨️ "Nadie ha hecho más por asentar a VOX que el propio Sánchez."

Generando la imagen con ese concepto editorial...

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sáb, 3 ene a la(s) 0:46
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No es fácil hacer un ranking de los ministros más inútiles y menos competentes de este Gabinete porque habría arduas peleas entre todos. Pero uno de ellos destaca con luz propia, el ministro Bolaños, titular de la cartera de Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes. Como ministro de Presidencia tiene poco que hacer, tan solo seguir disciplinadamente a su jefe y apoyar y jalear todas sus decisiones. Como titular de Relaciones con las Cortes, más de lo mismo.

El Presidente ha dicho que puede, y quiere, gobernar sin el Parlamento, así que se limita a ir al Congreso y enredarse en la pelea con la oposición sin responder nunca a nada. Y Bolaños le sigue disciplinadamente. Y como el Senado está controlado por la oposición y el presidente lleva casi dos años sin acudir al Pleno y sin someterse al control de la Cámara Alta, a pesar de que tiene la obligación legal de comparecer al menos una vez al mes, pues Bolaños ignora al Senado. Lo que mande el jefe.

Pero es en el Ministerio de Justicia donde este ministro muestra su altura. No sólo participa activamente en la crítica a los jueces y a sus sentencias, siempre que son desfavorables para el Gobierno, para el presidente o para su familia, no solo apoya, defiende y venera al ya ex fiscal general del Estado, antes y después de su inhabilitación, sino que está logrando reformar la justicia para que nada funcione.

Ahora, tras la puesta en marcha obligatoria de los MASC (métodos alternativos de solución de conflictos) que están dilatando aún más los procesos y encareciendo su coste para los ciudadanos, la ley de eficiencia puede llegar a ser el entierro de la Justicia.

Esta ley que entró en vigor el 1 de enero supone, entre otras cuestiones, la sustitución de los juzgados unipersonales por tribunales de instancia colegiados. Aunque algunos no critican el fondo de la medida, todos coinciden en que esta reforma se ha puesto en marcha sin diálogo ni planificación, sin medios personales e informáticos, sin la formación adecuada del personal —en algunos casos ha sido de 90 minutos—, con errores en los protocolos, retrasos en adjudicaciones, y una implementación caótica en cada comunidad autónoma.

El resultado es una pesadilla para jueces, funcionarios, abogados, procuradores y sobre todo para los ciudadanos. Un caos generalizado: programas informáticos que no funcionan, expedientes en riesgo, funcionarios desorientados, trámites más lentos. Como alguien lo resumió: "un puñetero desastre".

Y además, todo con una estética impuesta: en la señalética, placas y rótulos nuevos ya aparece la leyenda: "Gobierno de España". ¿Desde cuándo los juzgados y tribunales son Gobierno y no un poder independiente?

¿Desastre Bolaños o Desguaces Bolaños? Muchos no tienen dudas: el Gobierno y sus socios quieren el control absoluto de la Justicia. Si no lo hacen, es porque la Constitución no lo permite.

Esto, junto al descrédito del Parlamento, las amenazas a los jueces, el bloqueo legislativo, el abuso del decreto ley, o la pésima calidad legislativa, suponen un retroceso creciente de la justicia. Y en todas estas maniobras está, disciplinadamente, Bolaños. Aunque la mano que mece la cuna es la de Pedro Sánchez.

Hay un riesgo real de que la democracia deje de funcionar si la justicia lo hace.
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vie, 23 ene a la(s) 11:50
Tenemos que esperar a que concluya la investigación sobre el desencadenante del choque de dos trenes —un Alvia y un Iryo— que ha dejado más de cuarenta muertos, además de numerosos heridos de gravedad. Los técnicos y los organismos correspondientes van esbozando cuáles han sido las causas del accidente mortal. Pero también es momento de reflexionar sobre los problemas de nuestra red ferroviaria.

Todos los que habitualmente viajamos en tren sabemos de las deficiencias de nuestro sistema, por más que el ministro Óscar Puente se dedique a denostar a quienes las señalan o a minimizar las quejas de los usuarios.

En mi opinión, antes de abrir la puerta a otras compañías ferroviarias (Ouigo, Avlo, Iryo…), se debería haber llevado a cabo una puesta a punto de las infraestructuras. No es lo mismo que por unas vías circulen veinte trenes que cincuenta. Pero además, en ocasiones, han sido los propios trabajadores quienes han alertado de deficiencias en las vías. El Gobierno ha venido haciendo oídos sordos a las protestas de los ciudadanos que son usuarios de los trenes. Para Sánchez, Óscar Puente y demás, cualquier crítica es malintencionada.

La primera lección de esta tragedia es que es urgente una evaluación y puesta a punto de nuestras infraestructuras ferroviarias, y escuchar a los maquinistas y a quienes todos los días tienen la responsabilidad de garantizar la seguridad de los viajeros.

Por lo pronto, cunde un sentimiento de inseguridad entre los usuarios, un sentimiento que solo se puede paliar con la verdad, es decir, con el reconocimiento por parte del ministro de cuáles son los déficits y necesidades de nuestro sistema ferroviario y el verdadero estado de las vías. También con el compromiso inmediato de invertir en su arreglo.

Es más que evidente la pésima gestión que viene haciendo el gobierno Sánchez del transporte ferroviario. Hay muchas otras lecciones que se pueden y se deben sacar, pero la ineludible es que el ministro Puente deje de negar la realidad que diariamente afrontamos los usuarios de los trenes.

Se le dan muy bien los tuits y muy mal la gestión del ministerio.

No puedo generar esa caricatura porque la solicitud infringe nuestras políticas de contenido. Si quieres, estaré encantado de ayudarte con otra idea o tema diferente. ¿Quieres proponer otro texto o concepto?

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lun, 26 ene a la(s) 15:45
Para averiguar cuál debería ser la respuesta institucional ante una tragedia —respeto, un tiempo de silencio, aparcar las críticas o denunciar errores desde el primer momento— hay que acudir a la memoria de las que ya hemos sufrido en España. Memoria para recordar cuál fue la reacción de los partidos políticos del arco parlamentario.

La más reciente, anterior al descarrilamiento de Ademuz, fue la riada que arrasó la provincia de Valencia y aledaños, provocando 224 víctimas. En aquella ocasión, desde el primer momento, el Gobierno, el PSOE, sus socios parlamentarios y las respectivas terminales mediáticas cargaron sin tregua contra los responsables de la Generalidad Valenciana, centrando el ataque en la gestión (incompetente) de quien la presidía, Carlos Mazón, al que algún portavoz llegó a acusar de asesino.

En aquel contexto, desde la izquierda, ni los partidos ni sus medios consideraron oportuno aparcar las críticas a la espera de establecer qué es lo que había fallado, y si las negligencias o retrasos en reaccionar ante la riada agravaron sus consecuencias. El Gobierno que preside Pedro Sánchez —"Si necesitan ayuda, que la pidan"— trató de escabullirse de su responsabilidad subsidiaria al descartar la declaración de emergencia.

No hubo entonces la tregua que piden ahora el presidente y el ministro de Transportes. Cuando la dana, se cebaron en los errores y fallos de la Generalidad para laminar la gestión de los gobernantes del PP. Fueron los mismos que ahora piden mesura pese a la evidencia de que el descarrilamiento de los dos trenes está relacionado con el deficiente mantenimiento de las vías y el retraso en asistir a las víctimas, con los fallos del sistema que creímos que garantizaba la seguridad en los trenes.

Responsabilidad, en ambos casos, del Ministerio de Transportes, es decir, del Gobierno que preside Pedro Sánchez.

Cuando la dana, los dirigentes de los partidos de la izquierda y sus medios afines, un día tras otro, reclamaban la dimisión de Carlos Mazón y hasta la de Alberto Núñez Feijóo. Ahora, ante las evidencias que señalan la responsabilidad política por mala gestión en Renfe y Adif, empresas dependientes del Ministerio de Transportes, todavía no han encontrado tiempo para exigir la dimisión de Óscar Puente.

Coinciden con el interesado, quien ya ha dicho que no tiene intención de resignar el cargo ni asumir la responsabilidad política por lo ocurrido.
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jue, 29 ene a la(s) 7:52
El último montaje de Pedro Sánchez vuelve a confirmar algo que cada vez más españoles tienen claro: al presidente del Gobierno no le importan los pensionistas. Le importan las cámaras, los focos, el relato. Le importa su supervivencia política. Pero los más de 10 millones de jubilados que han trabajado toda su vida para levantar este país son solo una herramienta propagandística más.

La prueba es clara: grabó un vídeo culpando al PP de atacar a los pensionistas antes de que la votación se produjera. Es decir, el resultado no le importaba. La verdad no le importaba. La realidad parlamentaria no le importaba. Solo importaba tener el vídeo listo, editado y preparado para atacar al principal partido de la oposición, aunque eso supusiera convertir a los mayores en escudos humanos de su demagogia.

Los hechos son tozudos. El vídeo, como ha revelado El Debate, se grabó sobre la una de la tarde, antes de que se votara en el Congreso el decreto-ley que contenía ciertas medidas que el Gobierno quería sacar adelante. A las 14:50 ya se estaba editando para redes. Pero la votación no se produjo hasta pasadas las 15:25. Todo estaba preparado de antemano. El guion estaba cerrado. Solo faltaba el espectáculo.

Así funciona "Producciones La Moncloa": ficción, emoción y manipulación. Pero la mentira tiene las patas cortas, y esta vez la hemeroteca digital lo ha dejado en evidencia. El reloj de Sánchez, el código de Instagram, el horario del Pleno… Todo apunta a lo mismo: el presidente mintió con premeditación.

El PP no votó contra las pensiones, como aseguró Sánchez. Votó contra un decreto-ley trampa, un documento lleno de medidas dispares, incoherentes y con trilerismo legislativo, como nos tiene acostumbrados este Ejecutivo. Sánchez utilizó el rechazo como munición política. Pero la realidad es que nunca ha demostrado tener un compromiso real con los jubilados de este país.

Basta recordar el recorte encubierto de poder adquisitivo que han sufrido muchos pensionistas con la inflación. Basta recordar cómo la sostenibilidad del sistema sigue sin reformas serias mientras el Gobierno se dedica a anunciar cheques electorales. Basta ver cómo usa a los mayores como marionetas en sus campañas sin escuchar sus verdaderas necesidades.

Lo ocurrido este miércoles no es un error. Es una forma de gobernar: el relato por encima del respeto, el vídeo por encima del votante, la apariencia por encima del contenido. Una forma de gobernar que desprecia al ciudadano y convierte a los más vulnerables en peones de una guerra mediática.

En ALERTA no vamos a callar. El uso partidista y cínico de los pensionistas nos parece inaceptable. Y creemos que es nuestra responsabilidad denunciar cada intento de manipular la opinión pública desde el poder. Porque la democracia se basa en la verdad, y la verdad hoy es que a Pedro Sánchez los pensionistas le importan muy poco.
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ejemplo
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la caricatura de esteso tiene que ser el, que ha fallecido
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ahora hazla con este estilo de caricatura
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no me has entendido, el estilo, el de la foto que te doy ahora
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No he podido generar la imagen esta vez debido a un error. Si quieres, puedo volver a intentarlo con las mismas instrucciones o ajustar el estilo o enfoque si prefieres algo diferente. Solo dime cómo continuamos.

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dom, 15 mar a la(s) 10:04
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ahora con un estilo irónico como esta imagen
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este dibujo tiene otras caracteristicas, podrías ser más original, sin perder el estilo de pintura
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hoy 17:28
Durante demasiado tiempo, el Gobierno ha intentado presentar cada escándalo como un episodio independiente, un accidente imprevisible o la traición personal de algún colaborador. Primero fue Koldo García. Después José Luis Ábalos. Más tarde Santos Cerdán. Siempre la misma explicación: sorpresa, indignación y desconocimiento. Pero llega un momento en que la acumulación de hechos hace imposible seguir hablando de casualidades.

El último informe de la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil constituye un golpe devastador para esa narrativa. Según la investigación, Santos Cerdán habría controlado durante años una empresa instrumental utilizada para canalizar ingresos procedentes de adjudicaciones públicas, sufragar gastos personales y familiares y manejar importantes cantidades de dinero mientras ocupaba uno de los puestos de mayor poder dentro del PSOE.

Ya no hablamos únicamente de sospechas políticas. Hablamos de una investigación judicial sustentada en documentos bancarios, movimientos patrimoniales, sociedades mercantiles y análisis económicos realizados por la Guardia Civil. Y, sobre todo, hablamos del hombre que durante años fue el principal negociador de Pedro Sánchez, su secretario de Organización, su enviado a Navarra, a Cataluña, al País Vasco y a todas las operaciones políticas decisivas del sanchismo.

Porque conviene no perder la perspectiva. Santos Cerdán no era un dirigente secundario. Era uno de los arquitectos del poder de Sánchez. Participó en la moción de censura, negoció con los partidos separatistas, intervino en los pactos que sostienen al Ejecutivo y administró el partido con plenos poderes. Todo ello mientras, presuntamente, desarrollaba una actividad económica incompatible con la ejemplaridad que exige un cargo público de esa relevancia.

La pregunta ya no es qué hizo Cerdán.

La pregunta es qué sabía Pedro Sánchez.

Y si no sabía nada, la conclusión tampoco resulta tranquilizadora. Porque significaría que el presidente del Gobierno entregó durante años las llaves del PSOE y una parte esencial del funcionamiento político del Estado a personas cuya conducta ahora está siendo investigada por la Justicia.

El caso adquiere una dimensión todavía mayor cuando se observa el conjunto. Ábalos, Koldo, Cerdán... No se trata de nombres elegidos al azar. Son el núcleo duro del sanchismo. Los hombres que acompañaron a Sánchez desde su regreso a la Secretaría General hasta la conquista de La Moncloa. Los dirigentes en quienes depositó su máxima confianza política y personal.

Por eso ya no resulta creíble hablar de "manzanas podridas".

Cuando las investigaciones afectan de forma reiterada al círculo más estrecho del poder, el problema deja de ser individual para convertirse en estructural.

Y, sin embargo, el Gobierno sigue actuando como si el verdadero escándalo fuese la existencia de investigaciones judiciales y no los hechos que las motivan. Se desacredita a jueces, se cuestiona a la Guardia Civil, se señala a periodistas y se atribuye todo a una supuesta conspiración. Es una estrategia conocida: convertir a quienes investigan en los auténticos acusados.

Pero los informes no los redacta la oposición.

Los movimientos bancarios no los inventan los medios de comunicación.

Y las diligencias judiciales no nacen de campañas políticas.

España necesita respuestas, no eslóganes. Necesita explicaciones, no victimismo. Porque la corrupción no solo consiste en el posible enriquecimiento ilícito de unos pocos. Consiste también en la degradación institucional que produce intentar protegerlos cuando aparecen los indicios.

Pedro Sánchez llegó al poder proclamando que la corrupción era una línea roja infranqueable. Ocho años después, la principal crisis política de su mandato no gira en torno a la economía, la inmigración o la política exterior. Gira alrededor de los hombres que él mismo eligió para dirigir el partido y sostener su Gobierno.

La presunción de inocencia corresponde a todos los investigados y deberán ser los tribunales quienes determinen las responsabilidades penales. Pero la responsabilidad política no espera a una sentencia firme. Exige asumir las consecuencias de las decisiones adoptadas y responder por quienes recibieron la máxima confianza del presidente.

Porque hay una evidencia que ya resulta difícil discutir.

La corrupción ha dejado de ser un problema periférico del sanchismo.

Se ha convertido en su principal seña de identidad política.
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El relato del Gobierno es un castillo de naipes al que cada informe judicial le arranca una carta.
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«El Mundial ha levantado un inmenso telón verde que, por unos días, oculta el escenario de la política.»
«La corrupción navega ahora bajo el agua, eclipsada por la marea de ilusión que arrastra la selección española.»
«Puigdemont sigue orbitando sobre la política catalana como un cometa que espera el momento oportuno para volver a cruzar el cielo.»
«Mientras rueda el balón, los escándalos duermen en el banquillo de la actualidad.»
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El fútbol y la corrupción emergen juntos
Corrupción y futbol

El fútbol, y esa soñada final con Argentina, son ahora el único interés nacional. Con una selección, compuesta por jugadores de todas las autonomías, nadie se siente ajeno. Tal vez la clase política debería instar, a sus múltiples asesores, a estudiar con mayor profundidad el fenómeno para recuperar el espíritu de país, que todavía existe.

Tan llamativa es la situación que ha pasado, casi sin escándalo o entusiasmo, la sentencia del Tribunal europeo que ha dado el visto bueno a la ley de amnistía. Aunque aún falta el parecer del Tribunal Supremo y el Constitucional, es muy probable que en el otoño Puigdemont pueda volver a Cataluña.

No ha demostrado gran entusiasmo el ex President, que pretende reconstruir Junts, volver a la Generalitat y, quien sabe, si volver a intentarlo. Por tanto, regresará cuando le convenga, cuando más ruido pueda hacer, en su difícil intento de restarle votos a los ultraderechistas de Alianza Catalana, que les barren en las encuestas.

La única vez que volvió lo hizo, según su abogado, para asistir a la investidura de Illa (e intentar cargársela). Su escapada por las calles de Barcelona lejos de ser heroica rozó el ridículo. Por eso quiere, ahora, un retorno en olor de multitudes. Tal vez no le hayan explicado que el independentismo ha perdido fuelle y que, los catalanes de hoy, no son los que el dejo en su huida de la Justicia.

De momento los portavoces de Juntas han dejado claro que la sentencia no cambia en nada su relación con el Gobierno y que, por tanto, Sánchez no podrá contar con sus votos. Lo que traducido al lenguaje parlamentario quiere decir: de aprobar presupuestos nada de nada.

Curiosamente Feijóo que ahora pretende seducir a los independentistas, se ha limitado a hablar de un "plan de limpieza institucional" que, entre otras cosas, prohibirá los indultos por corrupción...

Y es tal el furor del fútbol que tampoco se destacan los casos de corrupción que rodean al PSOE. Se da por buena la decisión de la Audiencia Nacional de que Begoña Gómez sea juzgada por un tribunal con jurado popular o los cuantiosos ingresos de Santos Cerdán a cuenta de los contratos concedidos por Ábalos.

Y quien se acuerda ya, cuando la selección de Luis de la Fuente puede ganar el mundial, de que un dieciocho de julio se produjo el alzamiento del ejército de Franco contra la República y la guerra civil.

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