18.09.2021 |
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Victoria Lafora
22:49
17/07/21

El carajal de los toques de queda

Un coche de policía para a un vehículo durante el Toque de queda en Santander. / Hardy
Un coche de policía para a un vehículo durante el Toque de queda en Santander. / Hardy
El carajal de los toques de queda

Por si faltaba algo al carajal de las diferentes restricciones ante el Covid, según la Comunidad Autónoma en la que se viva, la sentencia del Constitucional complica aún más las cosas. El tema, que podría quedarse en un mero debate jurídico, tiene en estos momentos una importancia capital (que diría Mariano Rajoy) porque estamos ante la quinta ola de la maldita pandemia y con un nivel de contagios similar a octubre de 2020 o febrero de este año.

Es cierto que, de momento, la presión hospitalaria no tiene comparación y el nivel de ocupación de las UCI es bajo. Pero el peso de la atención de los infectados jóvenes, con menor gravedad en los síntomas, recae sobre la atención primaria, el nivel más desarbolado de la sanidad pública, con unos profesionales agotados y muchos centros cerrados por falta de personal o por las vacaciones de verano.

Además, comienzan a conocerse datos inquietantes de vacunados con las dos dosis que, aún así, acaban en el hospital contagiados por la variante india. Regresa el debate científico sobre la capacidad de inmunidad, y su duración en el tiempo, de las diferentes vacunas y el empeño de Pfizer, no exento de interés comercial, de inocular una tercera dosis.

Pero, al margen del debate médico, lo crucial a las puertas de las vacaciones de agosto y con el riesgo de que se venga abajo, un año más, la campaña turística, es frenar los contagios. Y, para ello, lo único eficaz, hasta ahora, ha sido restringir el contacto social.

Para ello, hace falta una legislación que permita el toque de queda, o el cierre de los locales de ocio, o la prohibición de los botellones en las playas. Pero la sentencia del Constitucional, que no se conoce en su integridad, ha sembrado de dudas a los Tribunales Superiores de Justicia a la hora de autorizar medidas coercitivas a la movilidad. Si antes de la sentencia cada uno autorizaba o denegaban en función de su interpretación legislativa, a partir de ahora todo va a resultar más complicado. El TSJ catalán, por poner un ejemplo, advierte que si el estado de alarma sobrepasó la limitación de derechos fundamentales, lo mismo puede suceder con un toque de queda. El problema, el verdadero problema, es que Cataluña tiene uno de los índices de contagio más altos de toda España. Y lo mismo sucede en Canarias...

Lo que nos lleva a la siguiente conclusión: el nuevo Gobierno y la oposición, socios o no socios, tienen que aprovechar las semanas que quedan de julio para presentar un proyecto de ley o un Real Decreto, pactado entre todos, que permita, de forma temporal, actuar a los tribunales de Justicia. Una legislación que ampare las decisiones de los gobierno regionales y que permita, como en el resto de Europa, restringir los contactos sociales.

Una vez más, somos la mancha roja con el mayor número de contagios en el continente. Y los europeos huyen o vuelven a casa porque así se lo indican sus ejecutivos.

El carajal de los toques de queda
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