Canarias ante el fantasma del virus

No había alternativa para atracar… ahora no puede haber margen para fallar.

Vaya por delante que Canarias no tenía alternativa ante la emergencia sanitaria provocada por los contagios de hantavirus en un crucero de bandera neerlandesa. Y con más razón si a bordo viajan 14 españoles, que serán trasladados con máximas medidas de seguridad al hospital Gómez Ulla de Madrid.

Dicho esto, la incertidumbre y la zozobra se han extendido entre la ciudadanía y los responsables políticos, que organizan una operación de desembarco tan compleja como delicada. La diversidad de nacionalidades de los pasajeros —que han convivido en un entorno cerrado como un barco— complica las repatriaciones. No todos los países enviarán aviones para recoger a los suyos.

La magnitud de la operación en Tenerife se refleja en la presencia sobre el terreno de la ministra de Sanidad, el ministro del Interior e incluso el máximo responsable de la Organización Mundial de la Salud.

El recuerdo de la pandemia del Covid-19, con millones de muertos en todo el mundo, ha activado todas las alarmas. Nadie ha olvidado la crisis de las mascarillas —con procesos judiciales aún en marcha— ni los protocolos polémicos en residencias durante los peores momentos de aquella crisis.

En un primer momento, se habló de bajo riesgo de contagio, al transmitirse el virus principalmente por contacto con roedores. Sin embargo, al crecer los casos a bordo, surgieron advertencias sobre una posible variante —la llamada “andina”— con capacidad de transmisión entre personas.

Dada la letalidad del hantavirus, superior a la del coronavirus en determinados brotes, la prioridad es que la operación de desembarco y traslado se realice sin errores. La vigilancia posterior será clave: el periodo de incubación puede alcanzar hasta 45 días, lo que obliga a un seguimiento estricto.

El Gobierno de Pedro Sánchez se enfrenta así a una prueba de gestión que tendrá repercusión dentro y fuera de la Unión Europea. No se podía negar el atraque —como hicieron otros países—, pero ahora el reto es que la respuesta sea impecable.

La ciudadanía observa con inquietud. Y espera que, esta vez, la experiencia acumulada sirva para anticiparse al peor escenario.