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El Diario de Cantabria
Rafael Torres
11:06
11/03/21

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Las leyes del mercado, que la derecha invoca como cosa sagrada para oponerse radicalmente a cualquier clase de regulaci贸n del alquiler, y, en general, a cualquier clase de regulaci贸n de cualquier cosa susceptible de negocio, son, nadie lo ignora, unas leyes no escritas, que no dimanan del poder legislativo, que no se compaginan con los principios de la Constituci贸n, pero que, al contrario que una buena parte de las leyes escritas, dimanadas y compaginadas, se cumplen a rajatabla. Y, como es natural, de ello se beneficia exclusivamente el inventor de tales leyes, el mercado.

Ahora bien; como toda sencilla verdad, la referida es ampliamente combatida y negada, en su caso por aquellos que, sabedores de la naturaleza ful de esas leyes, las elevan a la categor铆a de dogma, suponiendo que a esa altura nada puede alcanzarlas ni menoscabarlas, y menos unos diputadillos de tres al cuarto que no tienen m谩s aval que el de ser representantes leg铆timos del pueblo. Y una prueba de esa sombr铆a realidad se dio ayer en la sesi贸n de control al Gobierno en el Congreso a cuenta, precisamente, de la regulaci贸n del precio del alquiler que el Ejecutivo prepara, bien que sin ponerse muy de acuerdo consigo mismo en lo referido al alcance y contenido de dicha ley en ciernes.

La discusi贸n entre la portavoz del PP, Cuca Gamarra, ferviente defensora de "las leyes del mercado", y el vicepresidente segundo del Gobierno, Pablo Iglesias, circunstancial pero tambi茅n fervoroso defensor de la leyes propiamente dichas, aquellas amparadas en y por la Constituci贸n, depar贸 momentos interesantes y reveladores. En lo que defiende Cuca no cabe detenerse, pues de sobra conocido es el catecismo del capitalismo salvaje (valga el pleonasmo) que su partido se sabe al dedillo y cuyos dictados entiende como de obligado cumplimiento, pero en relaci贸n a Iglesias, que defendi贸 algo tan puesto en raz贸n como la necesidad de civilizar un poco ese salvajismo haciendo asequible guarecerse bajo un techo, s铆 cabe alguna consideraci贸n suplementaria.

La principal, que un se帽or que cae tan regular y que se desata tan f谩cilmente, sea el encargado de defender una causa justa, una ley que, si bien algo lesiva para el desaforado af谩n de lucro de algunos, no puede sino beneficiar a la naci贸n y, desde luego, a la mayor铆a de quienes la habitan. Es una pena que no haya hoy en la pol铆tica espa帽ola personalidades que sepan conciliar la firmeza con la mesura.

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