02.12.2021 |
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Rafael Torres
11:25
7/10/21

Votar bien

Se comprende la preocupación de Mario Vargas Llosa por votar bien: se trata de su gran asignatura pendiente. Votar bien. Qué difícil. Para éste hombre que tanto ha conseguido, fortuna, reconocimiento, premios, lo de votar bien parece resistírsele, a juzgar por las cosas tan raras que ha venido votando siempre. Los dos candidatos a la presidencia de Perú, su país natal, para quien el escritor pidió públicamente el voto, Alejandro Toledo y Ollanta Humala, acabaron en la cárcel por corrupción.

Votar es difícil, y votar bien, como dice Vargas Llosa que hay que votar, más difícil todavía, o, bueno, lo difícil no es tanto votar como acertar con el voto. Nuestro hombre, para quien lo de votar bien es mucho más importante que votar libremente, aseveración con la que cosechó grandes aplausos en la accidentada Convención del PP, no acertó nunca, y no sólo no acertó él, sino que tampoco sus compatriotas acertaron a votarle a él cuando le dio por presentarse a las elecciones peruanas. El voto y Vargas Llosa, definitivamente, no congenian, no se llevan bien.

Tanta confusión le produce la cosa de votar al Nobel hispano-peruano que, si en 2016 desaconsejó vehementemente el voto a Keiko Fujimori (hija del sátrapa que le había ganado a él en elecciones anteriores), en los últimos comicios pidió el voto para ella con idéntica vehemencia. No se aclara, no encuentra la tecla para votar bien, y eso que votar bien es, para nuestro hombre, lo que él dice que hay que votar, lo que a él le gusta. Se entiende su desasosiego en ese bucle sin solución en que se halla, donde lo único que parece tranquilizarle es su expresada convicción vagamente leninista de "¿Libertad, para qué?"

Lo que no parece desasosegar gran cosa al eximio escritor y extravagante ciudadano son las recientes revelaciones sobre sus devaneos con los paraísos "offshore", esos edenes secretos donde los ricos esconden sus tesoros. Él los niega y los papeles los confirman, pero lo mismo con ésto le pasa un poco como con el voto, que no termina de cogerle el tranquillo ni de hacerse con el concepto. Ahora bien; ello no empece para que, aunque a Vargas Llosa se le de fatal votar, le hagamos caso en una parte de la cuestión y votemos bien. En la otra parte, en la del desprecio a la libertad, mejor que no.

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