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El Diario de Cantabria
Rafael Torres
10:43
22/10/19

600 heridos

Después de 600 heridos, centenares de incendios y sabotajes, decenas de saqueos, innumerables cortes en carreteras y asaltos tumultuarios a estaciones, vías férreas y aeropuertos, uno de los instigadores de ese caos quiere que le cojan el teléfono.

Quim Torra, actuando como títere de Puigdemont, quiere ahora, después de todo eso, que el presidente en funciones del Gobierno de España le coja el teléfono, pero como máximo representante del Estado español en Cataluña, que es lo que es en su condición de presidente de la Generalitat y por lo que le pagan, ni actuó ni le llamó antes, al publicarse la sentencia del 1-O que previsiblemente dispararía la frustración de las masas engañadas, para expresarle su propósito de apaciguamiento y comunicarle las medidas tomadas, sobre todo las relativas al orden público transferido al ámbito de su responsabilidad, a fin de garantizar la paz social y el ejercicio de las libertades en su territorio. Otro día, si eso, una vez sedado el ambiente emocional, ya podía haberle llamado como jefe vicario de la facción independentista para hablar de sus cosas.

Después de 600 heridos, la mitad de ellos trabajadores públicos de la polícía, alguien ha debido suponer, seguramente desde Waterloo, que el Estado español, vencido o casi, pediría árnica y se pondría enseguida al teléfono para "dialogar", pero hasta las criaturas más obtusas, a excepción de aquellas mentalmente gemelas de Torra/Puigdemont, comprenden que no hay nada que dialogar con quien jalea con sus arengas y sus silencios al que blande el adoquín que se estrella en la cabeza del infortunado agente de Vigo, y que auspicia con su sectarismo, su chaladura y su ineptitud los disturbios, esto es, los miembros rotos y los ojos estallados.

Lo sucedido en Cataluña, particularmente en esa Barcelona a la que han inducido a otra semana trágica y sumido en la niebla tóxica de una ciudad quemada, revela, desde luego, la asquerosa inutilidad de la violencia, pero también la necesidad de que el independentismo cuerdo y responsable, si lo hay, bascule de una vez hacia la conquista de lo posible, que es mucho pero que no es ni será nunca la independencia. 600 heridos. Demasiado dolor para irse a coger el teléfono.

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