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Pilar Cernuda
01:32
16/03/23

Sánchez empieza a sufrir

El secretario general del PSOE y presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante su intervención en la clausura de la Convención Municipal de Andalucía, celebrada este sábado en la Facultad de Humanidades de la universidad de Huelva. EFE/Julián Pérez
El secretario general del PSOE y presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. EFE/Julián Pérez
Sánchez empieza a sufrir

Pedro Sánchez empieza a sufrir. Es probable que él mismo empiece a plantearse si cuenta con el mejor equipo negociador para conseguir sus objetivos y se equivocó al elegir compañeros de gobierno y  socios parlamentarios, porque unos y otros le están amargando su último año de legislatura. En la última semana ha sumado dos fracasos estrepitosos. El primero, la reforma de la ley del sí es sí; el segundo, la fallida reforma de la llamada ley mordaza.

Es fracaso importante la primera porque Sánchez la ha sacado  adelante no por los votos de sus socios y compañeros de aventura política, sino del PP. Una humillación en toda regla. Tanta, que ni siquiera ha sido capaz de pronunciar unas palabra de agradecimiento a Feijóo y al PP, signo inequívoco de que le ha dolido más la aprobación de la ley impulsada por Irene Montero, que el rechazo a la reforma de la ley mordaza.  Podemos acabó votándola en la comisión correspondiente aunque a Patxi López y Félix Bolaños costó hacerles entrar en razón; pero votaron  en contra Bildu y ERC. Resultado: Sánchez ha recibido un  varapalo de los que hacen historia, porque le han fallado aquellos a los que ha dado todo y más, indultos y desaparición del delito de sedición entre otras cosas. Y porque además la reforma de la ley mordaza, una de las promesas estrellas del sanchismo, se queda fuera de ser aprobada en esta legislatura.

En ese ambiente ni tenso ni enrarecido, sino abiertamente de confrontación entre Sánchez y el resto de sus compañeros de fatigas  -en el que aparecerán no dentro de mucho disidencias entre sus todavía  incondicionales- ya se advierte una guerra a muerte entre Yolanda Díaz y Pablo Iglesias, que es quien maneja a Montero, Belarra, Pam y la cúpula podemita.

En esa guerra, Yolanda Díaz empieza a perder fuelle, porque  se está visualizando que pinta menos de lo que pretende hacer creer.  Suma no despega porque la propia Yolanda no parece capaz de crear un partido fuerte aunque lleva casi dos años amagando con  hacerlo, tiempo suficiente para que otros dirigentes hayan puesto siglas importante en el mapa. Pero, lo que es más preocupante para Sánchez, y quizá sí le quita el sueño, es que a no ser que ocurra un milagro no parece fácil que Yolanda Díaz pueda negociar listas conjuntas con Podemos. Habrá que esperar al resultado del 28-M, pero hoy por hoy el acuerdo está muy lejos.

Si no se concreta, Sánchez tendrá negro su futuro, porque como hemos apuntado hace tiempo la ley D´Hont  castiga la diversidad y premia a los partidos potentes.  Que Podemos y Suma se presenten por separado significa menos votos que si se presentan en lista única, y para Sánchez se le hace entonces muy difícil pelear contra las encuestas.

Es imposible hacer pronóstico seguro de lo que puede ocurrir en las generales. Pero el rostro de Sánchez refleja signos, y gestos, de perdedor.

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