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El Diario de Cantabria
Pilar Cernuda
10:52
2/08/20

Otoño caliente

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Otoño caliente

No hay una sola noticia esperanzadora al final de este curso político, ni una. Con el remate final de que el Pib ha descendido en 18,5 por ciento en el segundo trimestre, un dato catastrófico que augura males futuros.

No es un consuelo que en todos los países de nuestro entorno también  el Pib haya sido muy malo, pésimo. En la mayoría de ellos cuentan con gobiernos más sólidos que el nuestro, y una oposición dispuesta a mojarse para colaborar con el gobierno para sortear las llamadas cuestiones de Estado.  Aquí,  el principal partido de la oposición, el PP mantiene una posición inamovible de bloqueo, aunque también es cierto que el presidente Sánchez no mueve un dedo para promover el obligado diálogo; el segundo en escaños, Vox,  está echado al monte y su anuncio de moción de censura da alas al gobierno, lo que demuestra que además de la apuesta por el radicalismo trasnochado sus dirigentes no saben nada de estrategia política, y el tercer partido que defiende plenamente la Constitución,  Ciudadanos,  sigue lamiéndose las heridas de no haber impedido el gobierno de coalición de Sánchez  con Podemos. Ahora, después de perder a su líder y principal responsable del fiasco, Albert Rivera, hace lo que puede para enderezar su situación  con Inés Arrimadas al frente, pero con solo 10 diputados no puede hacer mucho más de lo que hace para defender la centralidad y apoyar a Sánchez en cuestiones que no se pueden dejar en manos del populismo y de los independentistas.

En este final de curso, tres asuntos son de gravedad extrema,  y el problema es que la España actual no cuenta con políticos de talla ni en el gobierno ni en la oposición. Por eso la situación es tan preocupante.  Las consecuencias sanitarias y económicas del corona virus son demoledoras,  y no  existe confianza hacia las medidas  que se toman para tratar de paliarlas. En segundo lugar   la supervivencia de la  Monarquía está en cuestión no porque el Rey Juan Carlos haya mantenido una conducta “poco ejemplar” –por utilizar la terminología de la Casa Real ante el caso Urdangarín- que impide que hoy se ponga en valor el importantisimo trabajo que ha hecho por la democracia española,  que  es lo que recordarán los historiadores en lugar de recoger sus errores sentimentales y dinerarios. La  Monarquía está en cuestión porque desde el propio gobierno se promueve su  desaparición. Y en tercer lugar,  no ha retrocedido ni un milímetro el problema del independentismo catalán, a pesar de lo que presumió Pedro Sánchez de que él avanzaría en ese terreno gracias a su talante negociador y dialogante, el que  no habían tenido sus antecesores en la presidencia del gobierno.

Las consecuencias de la pandemia se están viendo,  y las torpezas del gobierno en el campo sanitario,  con los casi 45 mil fallecidos que el gobierno intenta solapar afirmando que la cifra es menor,  son en este momento un motivo especial de preocupación.  Se esperaban rebrotes en otoño y han surgido a principios de julio, y aunque están directamente relacionados con la irresponsabilidad de infinidad de ciudadanos que no siguen las obligadas medidas de protección,  la falta de control en los aeropuertos y el anuncio de que el gobierno aún no ha convocado la compra de material  en el mercado internacional  provocan una inquietud infinita. Ha fallado estrepitosamente la acción diplomática, de manera que el turismo internacional se ha venido abajo con las medidas decretadas por varios países aconsejando no viajar a España o imponiendo medidas  que obstaculizaban el viajar, como por ejemplo imponer cuarentenas a los que regresaban de vacaciones españolas.

    LOS ERTE, GRAN DECEPCIÓN

Todo ello ha provocado cierre masivo de establecimientos hoteleros, restaurantes y lugares de ocio,  lo que ha llevado directamente al paro a sus trabajadores. Varios ERTE se han convertido en ERES,  y aunque ha trascendido que el gobierno se plantea la posibilidad de ampliar los ERTES hasta finales de año, no es mucho consuelo: el organismo SEPE, que depende del gobierno y al que correspondía  pagar a los afectados por los expedientes de regulación temporal de empleo, lo ha hecho tarde y mal; miles de ellos han estado meses sin cobrar  nada y ahora se calcula que unos 150 mil  siguen sin recibir  un solo euro desde que se inició la pandemia en el mes de marzo.  Y eso, hay que insistir en ello, que el SEPE es un organismo oficial y por tanto, más que cualquier empresa privada, está obligado a cumplir con su función.

Si a esa situación se suma que nos quedamos sin turismo internacional, o casi, es evidente que la crisis  que se avecina va a ser muy superior a la del 2008, con unas repercusiones dramáticas en el empleo.  Llegarán los fondos europeos,  hoy nuestra única tabla de salvación, pero llegarán con pliegos de condiciones muy duras. Y todo ello sin políticos  que inspiren confianza en su capacidad de gestión y de moverse en el escenario internacional, asuntos clave para salvar crisis como la actual.

El independentismo catalán  se mantiene con fuerza, con dirigentes que no se apean de sus objetivos y que a pesar de estar profundamente divididos defienden con uñas y dientes, desde las diferentes siglas,  la celebración de un referéndum que pretenden que sea legal y vinculante. Hasta ahora Sánchez pone pie en pared a ese referéndum, pero su socio de gobierno lo defiende aunque no es independentista. La Constitución impide esa consulta, pero Podemos también tiene entre ceja y ceja la reforma de la Constitución, para promover así una república plurinacional, como dijo Pablo Iglesias, en la que estaría por tanto la abolición de la monarquía y abordar cuestiones como las que plantean los independentistas. Se rompería así el modelo de la España actual  no solo en lo relacionado con el grado de autonomía y autogobierno de sus comunidades, sino que abriría la puerta a la ruptura de la actual unidad territorial.

EL REY FELIPE EN EL PUNTO DE MIRA DE IGLESIAS

Ese objetivo de Pablo Iglesias significa que Podemos no se conformará con alcanzar lo que hoy exige:  el destierro del Rey Juan Carlos.  No se va a producir  entre otras razones porque D. Juan Carlos no se exiliará voluntariamente. Eso no significa que no pueda ausentarse  durante  un tiempo fuera de España para evitar problemas a su hijo hasta que se aclare su situación, en la que se han dado por buenas muchas falsedades.  Pero que no se engañe nadie: Iglesias no persigue la desaparición de D. Juan Carlos, sino la abolición de la Monarquía,  y en cuanto viera debilitado al Rey Juan Carlos iniciaría la pelea para desplazar al Rey Felipe.  Pedro Sánchez lo sabe, y es incomprensible que las pocas veces que ha defendido la Corona lo haya hecho con la boca pequeña.

No hay mes de septiembre en el que no se haya utilizado el término “otoño caliente” para alertar sobre las adversidades que aparecen sistemáticamente tras las semanas de vacaciones políticas. En esta ocasión lo que ha llegado caliente, muy caliente, es el verano. Por la temperatura y porque en la política las tensiones son máximas y las cuestiones por abordar, y sobre todo por resolver, afectan directamente a los aspectos más sustanciales de la vida de los españoles.

En ocasiones anteriores, con retos importantes que solucionar,  había gobiernos sólidos, solventes, más allá de los principios que les marcaba su ideología, y partidos en la oposición capaces de hacer crítica  al gobierno, como era su deber, pero sin perder la perspectiva de que por encima de su tarea opositora había cuestiones intocables en las que era necesario el apoyo al gobierno. Hoy eso no existe. En Moncloa hay un gobierno de coalición con un partido populista y radical con nulo sentido del  Estado y enorme capacidad de demagogia y de oportunismo, y un partido socialista que no tiene nada que ver con el Psoe que hizo historia.

Se comprende por tanto la preocupación, por no decir angustia,  que invade a un alto porcentaje de españoles. Llega el verano - que no las vacaciones, pocos pueden disfrutarlas-  con un panorama inquietante  porque la pandemia está resultando letal pero la clase política no transmite la menor confianza.

Otoño caliente
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