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El Diario de Cantabria
Pilar Cernuda
08:36
8/09/20

Inquietud

Un docente habla por su teléfono móvil en un aula desierta en un colegio público.
Un docente habla por su teléfono móvil en un aula desierta en un colegio público.

Para todo el mundo, occidental y oriental, del norte y del sur, está siendo un reto el inicio del curso escolar. Algunos países lo han planteado con más tino que otros,  han tomado decisiones inteligentes y  hay lugares en los que las clases han comenzado hace semanas. Las  autoridades españolas deberían analizar las medidas que ya se están aplicando ,  puesto que en esas semanas han aparecido los aciertos y los errores cometidos.  Nada es más fácil que copiar, copiar lo bueno, que falta hace  porque está en  riesgo la vida de alumnos y del personal docente,  así como de los familiares de los alumnos y del personal docente.   

    Se ha iniciado el curso escolar en España con tantos flecos sueltos que  se comprende que  millones de familias sientan inquietud e incluso se planteen enviar a sus hijos al colegio. Tienen dudas y  muchas preguntas sin respuesta, tienen miedo.  De hecho, ni siquiera empieza  el curso el mismo día en todas las regiones,  varios gobiernos autonómicos han retrasado la apertura de las aulas por distintas razones sanitarias,  estructurales o de falta de medios  que aconsejan el aplazamiento.  El gobierno central  además  ni siquiera ha tomado decisiones respecto a la situación laboral  de los padres cuyos hijos cumplan cuarentena por corona virus; a nadie en el ministerio de Trabajo se le ha ocurrido que en esos casos los niños no pueden quedar al cuidado de sus abuelos, y que lo lógico sería articular algún tipo de baja retribuida a los padres que  deben quedarse en casa atendiendo a sus hijos.

No es España el único país que se enfrenta al reto de iniciar el curso durante una  segunda ola  de corona virus menos grave que la inicial pero que se está llevando a centenares de vidas por delante. En esa situación se comprenden las reticencias de los padres tentados de incumplir la  ley que obliga a la escolarización.  El gobierno se lava las manos y desvía la responsabilidad a los gobiernos autonómicos, cuando es de dominio público que ante un problema sanitario de alcance nacional es el gobierno central el que debe tomar medidas; y en este momento el problema de la Educación con mayúsculas es un problema  sanitario.  No están en cuestión los programas educativos,  ni las asignaturas de primera y de segunda división, sino las medidas que hay que tomar  para evitar una pandemia.

Los e0spañoles conocen perfectamente cuales son las competencias transferidas,  pero ya está bien de que el gobierno central quiera hacer política con la Educación cuando le conviene  y se ponga de perfil cuando las cosas se complican. Hoy la educación, en España y en el mundo entero, es un problema de salud pública, que afecta también  al mundo laboral, y al del transporte público, y al comercio, y a las ayudas económicas a las familias menos pudientes.

Se echa de menos un presidente de gobierno con agallas para ponerse al frente  de la manifestación.

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