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Pilar Cernuda
08:09
15/04/22

Días de pasión

Vista de la procesión de la Vírgen de la Aurora, este jueves Santo en el Albaicín. Aurora es también una de las imágenes más veneradas y su recorrido destaca por una dificultosa orografía, que incluye las Grifos de San José, una calle en forma de zigzag que los costaleros deben sortear con mucha precisión.- EFE/Miguel Ángel Molina
Días de pasión

El espíritu de la Semana Santa decrece entre los jóvenes –problemas para encontrar costaleros en varias ciudades cuando antes lo habitual eran las listas de espera- que prefieren el ocio a la tradición, la cultura, la espiritualidad y la introspección. Días de alivio  para los que andan mal de trabajo el resto del año y esperaban como agua de mayo la recuperación del turismo. Días de mirar el pronóstico del tiempo, de él depende que salgan las procesiones, que se pueda pisar por primera vez en el año la arena de la playa o hacer la excursión que se ha preparado durante semanas para estas fechas de vacaciones.

Para Pedro Sánchez son días en los que todo parece volverse en contra. La guerra de Ucrania empieza a dividir a Europa por el  boicot a Rusia,  el suministro de gas se convierte en un  factor a tener más en cuenta que las imágenes de la barbarie. El presidente español y su equipo no han estado muy finos en política exterior, y los malos pasos en el Sahara en el momento menos oportuno han dejado a los españoles temblando. Argelia nos pasa factura y mira hacia Italia cuando más se necesitaba que siguiera  mirando con afecto a nuestro país.  Y, en encima, para mayor inri – al menos un término religioso en estas fechas- Sánchez ya no tiene enfrente un adversario fácilmente vencible sino a un nuevo rival  que no se amilana ante  el presidente de gobierno, le ha plantado cara sin complejos y explica que no le importa no tener escaño de diputado porque el debate político no está ya en el Congreso –tiene razón-  sino  defendiendo desde cualquier foro los problema reales.

Ataca  cuando es atacado,  marca sus propias prioridades –le motiva  más escuchar a la gente que la renovación del CGPJ-, hace críticas demoledoras al presidente por la okupación –con k- de las instituciones del Estado, defiende la Corona con uñas y dientes cuando el gobierno la cuestiona y, por si fuera poco, se saca e la manga una propuesta que dirigentes regionales del Psoe no ven mal. O hacen como que no lo ven mal, porque interesa que los ciudadanos no vean a los socialistas como políticos maniobreros capaz de cualquier tipo de acuerdo ente perdedores, por indeseables que sean en algunos casos, con tal de hacerse con el poder.

A todo esto hay que añadir unos precios imposibles, miedo al futuro, la sensación de que la UE no envía fondos porque el gobierno español no sabe moverse en  burocracia la de Bruselas, y tampoco  sabe cómo resolver los gravísimos problemas de la burocracia española, que ya no es de vuelva usted mañana, sino de no vuelva porque no tengo medios para atenderle.

Y los sondeos, ay Pedro, machacando todos los días, incluido el CIS, con que Feijóo empieza a ponerte el futuro muy negro. Que por otra parte, visto lo visto, es lo que mereces.

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