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El Diario de Cantabria
Pilar Cernuda
08:37
27/01/20

DESINFLAMACIÓN

A los miembros del gobierno y a los portavoces de sus partidos no se les va de la boca la palabra desinflamación. La estrategia para Cataluña la basan en  desinflamar el vocabulario para llegar a acuerdos, desinflamar la calle para que no se repitan los brotes de violencia, desinflamar y desinflamar para que los independentistas crean que con un par de concesiones se acaba el problema y los constitucionalistas piensen que con un par de apaños todo se arregla.

La llamada desinflamación pasa por poner en valor a Oriol Junqueras,  al que los socialistas consideran el mejor interlocutor independentista, el más cabal, el más sensato, el político del que uno se puede fiar frente a un Puigdemont que piensa más en sí mismo que en los catalanes, como demostró al fugarse dejando tirada a su gente y utilizando la Generalitat  para vivir a cuerpo de rey y pagar a sus carísimos abogados.

Cuando se escuchan los argumentos de los que explican la necesidad de la desinflamación, con Junqueras como la persona indispensable para alcanzarla, parece que se está escuchando a Soraya Sáenz de Santamaría, a la que hacen culpable de lo que ha ocurrido en Cataluña porque ni comprendió la gravedad del asunto ni fue capaz de dar las instrucciones necesarias para que no se celebrara el referéndum ilegal, como había prometido.

La ex vicepresidenta nunca pronunció la palabra desinflamar, pero más o menos transmitía su convicción de que la solución a la arremetida independentista pasaba por confiar en Oriol  Pujol. No era tan ingenua como para pensar que el dirigente de ERC renunciaría al independentismo, pero sí creía que era un hombre de palabra que estaba dispuesto a sosegar  a su gente para que las conversaciones con el gobierno central se celebraran con una mínima serenidad, y así llegar a acuerdos para hacer las reformas necesarias en el Estatut   de manera que,  en algún momento futuro, no inmediato, se dotara dotar a Cataluña de unas mayores cotas de autogobierno. Nunca de independencia. Se podía empezar por un nuevo sistema de financiación.

Junqueras hizo creer que esa estrategia era posible y es en la que trabajaba el gobierno de Rajoy; pero a la hora de la verdad,  el día del referéndum ilegal y los siguientes, Junqueras defendió la independencia a ultranza,  sin apartarse ni un milímetro de esa línea cada vez que se le preguntaba, como demostró en su comparecencia ante el Tribunal Supremo, que finalmente lo condenó por sedición.

Del mensaje buenista de Sánchez y sus colaboradores se desprende que confían en el buen hacer de Junqueras y hasta piensan que Torrent, que es de ERC, actuará conforme a la ley cuando esta semana tenga que decidir sobre el escaño de Quim Torra. Habrá que ver si tienen razón. Para hasta ahora, ni Junqueras ni Torrent han dado un solo paso hacia la famosa desinflamación. Solo el gobierno cede y cede, y cede más, para conseguirla.

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