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El Diario de Cantabria
Pilar Cernuda
14:31
23/05/20

LA CONSTITUCIÓN BLINDA AL PRESIDENTE

LA CONSTITUCIÓN BLINDA AL PRESIDENTE

El acuerdo con Bildu ha provocado que en media España sea un clamor la exigencia de un cambio de gobierno. Pedro Sánchez sin embargo puede respirar tranquilo: gobierna gracias a un partido  que no respeta la Constitución, pero  precisamente la Constitución  le Sánchez para que pueda mantenerse en Moncloa  siempre que cuente con el respaldo de la mayoría del Congreso.

La Constitución recoge que el presidente puede ser relevado a través de una moción de censura aprobada por la mayoría de los diputados,  con el rechazo  parlamentario a una moción de confianza presentada por él mismo,  por fallecimiento o por dimisión. Nada más. Por muchas caceroladas que se celebren a lo largo y ancho de España,  por muchas pancartas,  discusiones, exigencias y gritos de dimisión, solo se puede producir el relevo de Pedro Sánchez en esos cuatro escenarios.  Las manifestaciones en contra podrían provocar inquietud en el presidente por el desafecto ciudadano, o que en un ataque de desánimo ante las calles desbordadas de gente que claman contra sus políticas decidiera dimitir. Pero Sánchez  no se  deja llevar por el desánimo. Todo lo contrario,  se crece ante la adversidad, como demostró cuando sus propios compañeros le desalojaron de la secretaría general del partido.

Ese hecho le hizo tomar medidas para asegurarse que nunca el partido podría rechazarlo de nuevo, y  en el congreso de la reelección cambió los estatutos. Para tener aún mayor seguridad conformó un grupo parlamentario y un confederal en el que no tenían cabida más que personas afines, así que tampoco es fácil que una moción de censura pueda ser aprobada con el voto de parlamentarios socialistas disconformes con  las iniciativas a las  que le impulsa   Pablo Iglesias. O que son  del propio Sánchez y que jamás apoyaría  el Psoe con sentido de Estado; pero que siempre respaldaría su vicepresidente segundo, al que revientan los socialistas, o cualquier político, con sentido de Estado.

Uno de los errores que ha cometido Pablo Casado es que no ha dedicado  un minuto a aparecer  como alternativa al gobierno. Se ha centrado en el ataque,  ataque muy duro, pero sería inútil presentar una moción de censura porque  no ha trabajado para que se le vea como posible presidente.  En el 82 se sabía que Felipe González ganaría de calle, y Aznar en el 96, y Rajoy en el 11, porque fueron líderes de la oposición que  se esforzaron en hacer oposición pero, al mismo tiempo, insistían en su proyecto de gobierno  y repetían hasta la saciedad que ese proyecto era el más indicado para el futuro del país.

Casado no lo ha hecho, ni tiene un equipo que, con solo mirarlo, la gente piense “con estos salimos de esta situación crítica”. Así que para que se vaya Sánchez solo queda la dimisión o el fallecimiento, y Sánchez disfruta de buena salud y es impensable que caiga en la tentación de la dimisión. Además, Iglesias no lo consentiría.

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