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El Diario de Cantabria
Pedro Calvo
00:53
18/03/20

Cuando la pesadilla termine

La crisis del coronavirus, el mayor acontecimiento que nos llega en muchos años, viene acompañado de muchas y muy importantes enseñanzas, imposibles de desarrollar en unos minutos y en unas líneas. Yo destacaría sobre todo lo que tiene de gran motivo de reflexión general, desde la perspectiva del hecho extraordinario que conlleva y que encierra el protagonismo de esta hora de España y en realidad del mundo. Por ello, pienso que el tema merece una gran atención y un extraordinario respeto, que nada tiene que ver con algunas reacciones políticas que ha suscitado en no pocos centros del protagonismo público. En este sentido, podríamos empezar por la metedura de remo de Quim Torra, que parece no haber entendido nada, al situar el asunto exclusivamente en el contexto del pretendido protagonismo del nacionalismo catalán.
Cuando la pesadilla termine

La crisis del coronavirus, el mayor acontecimiento que nos llega en muchos años, viene acompañado de muchas y muy importantes enseñanzas, imposibles de desarrollar en unos minutos y en unas líneas. Yo destacaría sobre todo lo que tiene de gran motivo de reflexión general, desde la perspectiva del hecho extraordinario que conlleva y que encierra el protagonismo de esta hora de España y en realidad del mundo. Por ello, pienso que el tema merece una gran atención y un extraordinario respeto, que nada tiene que ver con algunas reacciones políticas que ha suscitado en no pocos centros del protagonismo público. En este sentido, podríamos empezar por la metedura de remo de Quim Torra, que parece no haber entendido nada, al situar el asunto exclusivamente en el contexto del pretendido protagonismo del nacionalismo catalán.

El president de la Generalitat ha centrado el asunto de forma al parecer exclusiva en la cuestión que menos importancia tiene, que no tiene ninguna, pues lo que está en juego es algo infinitamente más importante: el interés sobre la salud y el bienestar de la ciudadanía, totalmente al margen o por encima de consideraciones relacionadas con cuestiones fríamente políticas. No le vendría mal a Torra y al nacionalismo catalán una rectificación o una explicación que al menos aminorase el efecto negativo de su torpe reacción del otro día. Nos quedaríamos todos mucho más tranquilos y él recuperaría el sentido de la seriedad que había dado por averiado. Se lo digo con todo el respeto a él y a sus ideas, compartidas por muchos compatriotas nuestros de Cataluña. Conviene no mezclar las cosas para no confundirlas.

Otra reflexión que me importa trasladar a los lectores es la seguridad de que son muchos los años en los que no habíamos conocido ninguna situación comparable con la desencadenada por esta nefasta enfermedad que nos está haciendo padecer lo indecible. Desde esa perspectiva, quiero destacar que al menos lo sucedido nos sirve para subrayar su vertiente de incitación poderosa a la solidaridad social y humana entre todos los españoles y en general entre todos los componentes de la especie humana, que es algo que tiene mucho de positivo y de trascendente, y lo digo aunque sea una afirmación de apariencia contradictoria. Es claro que lo que sucede nos vale como gran motivo de fraternidad y de cercanía entre todos los compatriotas y de éstos con el resto del género humano afectado por el drama de la enfermedad.

Motivo de reflexión también en torno a la relatividad de los problemas que habitualmente nos preocupan o llenan nuestras inquietudes y reflexiones. Si el coronavirus tuviera algo de positivo, ello sería el hecho de llevarnos a la reflexión a que estoy aludiendo. Cuando todo esto se pase, cuando la pesadilla se termine, lo entenderemos mucho mejor e incluso nos podrá servir de motivo de reflexión para situar nuestras preocupaciones en el lugar que cada una se merece, sin mezclar valoraciones ni confundir las cosas que han de quedar perfectamente claras y sin mezclas ni confusiones indeseables. Pienso que todo lo que está sucediendo debe servirnos y nos servirá para colocar las cosas en el lugar adecuado y en el sitio que cada una merece, tras su valoración.

Y entre las muchísimas otras reflexiones posibles, quisiera yo dejar claro aquí que este trance nos ha de servir también para refrescar en nuestra alma con claridad cuál debe ser la escala de valores que hemos de considerar y respetar, sin que esto que digo me lo interpreten, por favor, como un intento de echar balones fuera o de disimular la extrema gravedad de lo que sucede. Porque lo que sucede es lo más grave en muchos años, para buena parte de los españoles, los jóvenes sobre todo, que no pueden recordar lo que no han vivido. Estoy seguro de que cuando todo esto termine nos daremos cuenta de verdad de la necesidad de valorar luego la vuelta a la normalidad, a la que tendremos que llenar de nuevos contenidos, con la idea de dotarles de la necesidad de enriquecer de verdad los valores iniciales.

Cuando la pesadilla termine
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