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El Diario de Cantabria
Pedro Calvo
15:27
23/04/19

Dudas, esperanzas, temores...

Dudas, esperanzas, temores...

Son muy pocos los días que faltan para que salgamos de la gran duda. Unos pocos días en los que nos jugamos mucho. Podríamos decir que nos jugamos más que en varias décadas anteriores, pero ni quiero exagerar ni quiero introducir interpretaciones carentes de los elementos indispensables para calificar a un juicio de mínimamente fiable. Solo decir que estamos muy próximos a confirmar con los hechos todas esas previsiones de las numerosas encuestas que hemos podido ver, analizar, contemplar o rechazar, siempre desde la perspectiva de cada cual, por muchos esfuerzos que hagamos para conseguir una visión acertada, teniendo en cuenta las infinitas dificultades con las que tropezamos, y entre ellas el posicionamiento político de cada cual.

Nunca me habré sentido tan lejos como ahora de un deseo concreto en referencia a las variadas posibilidades que se abren respecto de los resultados del 28-A. Más que nunca se echa de menos la posibilidad de la publicación de encuestas en los últimos días anteriores a la fecha concreta de la apertura de las urnas, una posibilidad que se da en otros países, pero que está vedada en el nuestro desde siempre.

Tanto se han inflado los globos que el estallido final puede ser de los que hacen época. Nunca, creo, se albergaron tantas dudas, tantas esperanzas ni tanto temor al resultado final. Y creo que nunca ese resultado había sido tan incierto y volátil como el que se ha de desprender del 28 de abril. Tal vez el resultado de las generales que ganó por última vez Felipe González había sido tan incierto, tanto que la mayoría de españoles estaban convencidos de que las ganaría Aznar y que ganó Felipe. En estos días seguiremos repitiendo que ganará Pedro Sánchez, pero sucede que eso no significa que gobierne, si la matemática electoral no alcanza. Es claro que el riesgo de victoria del tripartito de la derecha lo tenemos ahí, y en ese caso nos preguntamos si vamos a ser capaces de asimilarlo como todo el mundo está obligado a asimilar el resultado de toda elección , como mandan los más elementales cánones democráticos.

Si la suma de PSOE más Podemos basta para decidir la victoria de la izquierda, es una cosa. Otra es que necesiten el añadido de partidos no independentistas. Y otra, que sea necesario el voto también de estos últimos. En cada caso, la situación política a manejar será muy diferente. Lo que no hay que hacer es trampas, como tratar de invalidar los resultados si hay que contar con alguno de los ingredientes que otros se empeñen en considerar incompatibles con la democracia o la limpieza. Sabemos de sobra que cualquier cosa puede ocurrir y que tendrá validez si nadie hace trampa. Pero de eso hemos hablado ya todos hasta el hartazgo...

Pues bien: en estos días finales todos tenemos la obligación de reflexionar con limpieza y convicción democrática, es decir, de modo muy distinto al que ha sido el comportamiento de muchos en estos meses de prolongadísima campaña electoral. Pero hay que decirlo y hay que cumplirlo, a no ser que nos importe un bledo la firmeza y la estabilidad democrática de nuestro querido país. Vamos a mirarlo con fe y con esperanza, pues no nos queda otra salida. Espero y deseo que todos seamos capaces de comportarnos como buenos demócratas, aunque haya algún sector -no concreto porque no sé lo que va a pasar- que se sintiera inclinado a no aceptar el resultado de las urnas en su totalidad, al margen de los lloros o alaridos que los resultados concretos les inspiren. Tampoco recuerdo que en los muchos años anteriores estos ruegos hayan sido tan necesarios como aparentemente lo son ahora. Y nada más, mis queridos compatriotas de todos los colores: sensatez, alegría, resignación, a repartir sin tasa.

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