Pleitesía al poder: el silencio que protege la deshonra

El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, durante una rueda de prensa tras la reuni??n del Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud, en Madrid (Espa??a), a 24 de marzo de 2021. El Gobierno y las Comunidades Aut??nomas han decidido este mi??rcoles en el seno del Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud mantener el documento de restricciones para Semana Santa y no aplicar ninguna nueva medida sobre los horarios del toque de queda ni de cierre de actividad no esencial.
24 MARZO 2021;CAROLINA DARIAS;SALUD;CORONAVIRUS;RESTRICCIONES
J. Hell??n. POOL / Europa Press
24/3/2021
El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, durante una rueda de prensa tras la reuni??n del Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud, en Madrid (Espa??a), a 24 de marzo de 2021. El Gobierno y las Comunidades Aut??nomas han decidido este mi??rcoles en el seno del Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud mantener el documento de restricciones para Semana Santa y no aplicar ninguna nueva medida sobre los horarios del toque de queda ni de cierre de actividad no esencial. 24 MARZO 2021;CAROLINA DARIAS;SALUD;CORONAVIRUS;RESTRICCIONES J. Hell??n. POOL / Europa Press 24/3/2021

Creía que el fenómeno de mirar hacia otro lado ante personas relevantes que exhiben una conducta ruin y deshonestaera algo español. Pero no. El soberbio Donald Trump, que ya consintió la detención de un niño de cinco años, hace apenas unos días expulsó a un bebé de dos meses con bronquitis aguda. Lo enviaron a México, país conocido mundialmente por sus pediatras especializados en bronquitis… así que es posible que haya muerto.
Pero no será noticia relevante.
“Angelicos al cielo”, diría mi tía Pascualina, que era mucho más honorable que el presidente de Estados Unidos.

Lo más reciente, por aquí, es que uno de los cargos supremos de la Policía Nacional, según varios agentes, casi no tenía tiempo ni de subirse la bragueta —y no, no parece que fuera por problemas de vejiga.

Su jefe, el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, no se enteró de nada.
Nada.
A pesar de que había una denuncia formal presentada desde hacía un mes.
Eso sí: sí tuvo tiempo y energía para impedir el ascenso de un coronel de la Guardia Civil con una hoja de servicios ejemplar, ejerciendo todo el autoritarismo más repugnante que caracteriza a quien ha perdido el sentido del honor.

El Fiscal General del Estado, jefe de quienes deben perseguir el delito, ha sido condenado como delincuente.
¿Consecuencia? Pide dinero.
Sí: ha abierto una cuenta para que le ayudemos a pagar los 80.000 euros de costas del juicio que perdió.
Tal como vamos, pronto veremos una ONG para financiar a delincuentes obedientes del poder.
Así estamos.

Este silencio colectivo frente a los viles y ruines les envalentona.
Y mientras, Pedro I, El Mentiroso, proclama que el malestar de Felipe González se ha solucionado.
¿Por qué?
Porque él, Pedro, se presenta otra vez a las elecciones, y según él, Felipe no tendrá más remedio que votar al PSOE y mostrar pleitesía.
Así de arrogante. Así de seguro. Así de impune.

Nosotros, no sé qué haremos.
Pero este silencio, esta aceptación, esta aparente falta de malestar frente a la indecencia, se parece más a una sumisión cobarde que a una prudente discreción.

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