Muertos selectivos, conciencias selectivas

Desconfío de quienes, durante las guerras y conflictos, se duelen de unos muertos e ignoran a otros.

Hay dolientes de derechas y dolientes de izquierda, pero ambos coinciden en su sectarismo sistemático. Es justo protestar por las bestialidades que Israel ha perpetrado en Gaza y que han merecido la repulsa internacional. Pero las brutalidades cometidas por los señores de la guerra en Sudán apenas ocupan una línea esporádica en los periódicos. No hay manifestaciones, no hay pancartas, no hay concentraciones multitudinarias. ¿Acaso importan menos las vidas de los niños sudaneses?

Lo mismo sucede con los asesinatos cometidos por el régimen de los ayatolás en Irán, con especial saña contra las mujeres. Apenas se escuchan voces. Y si se escuchan, lo hacen en susurros. Mientras tanto, mujeres como Narges Mohammadi, Premio Nobel de la Paz, enferma y encarcelada tras sufrir torturas, apenas merecen una concentración simbólica.

Se protesta —y con razón— por el trato de Israel a la flotilla que intentaba llegar a Gaza. No es tolerable vulnerar el derecho internacional. Pero esos mismos dolientes podrían organizar “otras flotillas” hacia lugares donde miles de personas mueren en conflictos olvidados: Somalia, Mali, Yemen, Sudán

No puede haber muertos de primera y muertos de segunda. No se puede denunciar la violación de derechos humanos en un territorio y guardar silencio ante la misma violación en otro.

Echo en falta el mismo fervor frente a la represión de los talibanes en Afganistán, frente a la persecución sistemática de mujeres en Irán, frente a la dictadura feroz de Nicolás Maduro o frente al castrismo. Tampoco abundan las condenas explícitas a Hezbolá o Hamás cuando siembran terror.

Todas las víctimas son iguales. Nos deberíamos doler por todas, estén donde estén y sean quienes sean.

Hay que decir NO a la guerra, pero a todas las guerras. Hay que condenar la violación de los derechos humanos, los viole quien los viole. Porque cuando se selecciona el dolor en función de la ideología, lo que se practica no es solidaridad, es hipocresía.

No es cuestión de cantidad. No es un macabro contador de cadáveres. Es una cuestión de principios. Ningún asesinato admite justificación política. Ninguna víctima debería ser ignorada.

La defensa de los derechos humanos no puede ser parcial ni interesada. O es universal, o deja de ser defensa.

Elemental. ¿O no?